
Florida está a punto de transformar la manera en que millones de personas pagan a diario. Con la aprobación del proyecto SB 1074, el estado establece un sistema de redondeo obligatorio en pagos en efectivo que, en la práctica, elimina el uso del centavo en las transacciones comerciales.
La iniciativa, denominada “One-cent Piece”, no suprime formalmente la moneda, pero sí la desplaza de la economía cotidiana al ajustar los montos al múltiplo de cinco centavos más cercano. Se trata de una reforma con implicaciones operativas, económicas y culturales que podría marcar un precedente a nivel nacional.
Un respaldo político contundente y una decisión inminente
El proyecto avanzó con una inusual unanimidad en el Senado estatal el 27 de febrero y una mayoría abrumadora en la Cámara de Representantes (111-1), lo que evidencia consenso entre legisladores de distintas corrientes sobre la necesidad de modernizar el sistema de pagos.
El último paso recae ahora en el gobernador de Florida, Ron DeSantis, quien deberá decidir si convierte la medida en ley. De firmarla, Florida pasaría a liderar una transición que, aunque gradual, podría replicarse en otros estados.
Este nivel de respaldo político responde no solo a razones técnicas, sino también a la presión por optimizar recursos en un contexto de costos crecientes y cambios en los hábitos de consumo.
El problema de fondo: una moneda que genera pérdidas
El centavo ha dejado de ser funcional desde el punto de vista económico. Fabricarlo cuesta más de tres veces su valor nominal, lo que implica pérdidas sostenidas para el gobierno federal.
En 2024, la fabricación de la moneda de un centavo en Estados Unidos resultó considerablemente más costosa que su valor nominal. Datos de la Casa de la Moneda revelan que producir cada unidad implicó un gasto de 3.69 centavos, muy por encima de los 1.42 centavos registrados en periodos anteriores. Este desbalance generó un impacto económico negativo que superó los 85 millones de dólares, tras la emisión de cerca de 3,200 millones de piezas, según informó Florida Politics.
La emisión de la moneda fue interrumpida a mediados de 2025, con el proceso de distribución del remanente completado en agosto de ese año. Más adelante, hacia el cierre de 2025, la Reserva Federal dejó de realizar nuevos encargos. La iniciativa recibió además el apoyo público de Elon Musk, quien, desde su rol en el Departamento de Eficiencia Gubernamental, se pronunció a favor de suprimir definitivamente el centavo.
Este desequilibrio ha sido un argumento central para impulsar reformas. La discusión cobró fuerza tras la decisión del presidente Donald Trump de detener su producción en 2025, una medida que abrió el debate sobre la viabilidad de mantener monedas de bajo valor en circulación. «Estados Unidos ha acuñado centavos que literalmente cuestan más de dos centavos fabricarlos», escribió el mandatario en su red Truth Social.
A ello se suma el impacto logístico: distribución, almacenamiento y manejo de monedas que, en la práctica, tienen escasa utilidad en una economía cada vez más digitalizada.
Mecánica del redondeo: reglas claras para evitar ambigüedades
El sistema aprobado establece criterios específicos para evitar discrecionalidad en los comercios. Cuando un cliente pague en efectivo, el total se ajustará al múltiplo de cinco centavos más cercano. Si el monto termina en 1 o 2 centavos, se redondea hacia abajo; si termina en 3 o 4, hacia arriba. Lo mismo ocurre con cifras terminadas en 6 y 7 (se reducen) y en 8 y 9 (se incrementan).
Este esquema busca garantizar neutralidad en el tiempo, evitando que el redondeo favorezca sistemáticamente a una de las partes. Además, la ley deja claro que los impuestos deben calcularse sobre el precio exacto antes del ajuste, lo que preserva la integridad fiscal del sistema.
Otro elemento clave es que el redondeo no se aplicará a pagos electrónicos, donde el monto seguirá siendo exacto, reforzando la coexistencia de ambos modelos de transacción.
Efectos en consumidores: impacto diferenciado según el uso del efectivo
El impacto práctico de la medida variará según el perfil del consumidor. Aquellos que dependen del efectivo —incluyendo sectores de bajos ingresos o comunidades con menor acceso a servicios bancarios— podrían percibir con mayor frecuencia pequeñas diferencias en los montos finales.
Sin embargo, especialistas sostienen que el sistema está diseñado para ser estadísticamente neutral. Es decir, a lo largo del tiempo, las subidas y bajadas se compensan, reduciendo el riesgo de un efecto inflacionario acumulativo.
También se prevé un impacto psicológico: la desaparición del centavo puede alterar la percepción de precios, especialmente en productos con terminaciones tradicionales como .99, ampliamente utilizadas en estrategias de marketing.
Ventajas para el comercio: seguridad jurídica y eficiencia operativa
Para el sector minorista, la ley introduce beneficios claros. Hasta ahora, algunos negocios aplicaban redondeos de forma informal, lo que podía generar conflictos legales o reclamos de consumidores.
Con esta normativa, se establecen reglas uniformes que reducen la incertidumbre jurídica y simplifican las operaciones en caja. Además, se espera una reducción en los tiempos de pago, menos manejo de monedas y menor necesidad de reposición de efectivo. En términos logísticos, también se reducen costos asociados al transporte y almacenamiento de monedas de bajo valor.
Un reflejo de la transición hacia una economía digital
La medida se inscribe en un cambio más amplio: la disminución progresiva del uso del efectivo en Estados Unidos. El crecimiento de tarjetas, aplicaciones móviles y billeteras digitales ha reducido la relevancia de las monedas físicas, especialmente las de menor denominación.
En este contexto, el centavo se convierte en un vestigio de un sistema monetario menos eficiente. Florida, al adoptar esta política, se alinea con una economía que prioriza la rapidez, la precisión digital y la reducción de costos operativos.
Experiencias internacionales: evidencia de estabilidad económica
La eliminación práctica del centavo ya ha sido probada en otros países. Canadá retiró esta moneda en 2013, mientras que Australia lo hizo en 1992.
En ambos casos, los análisis posteriores concluyeron que no hubo aumentos significativos en la inflación ni distorsiones en los precios. Estos antecedentes han servido como respaldo empírico para los legisladores de Florida, que ven en estas experiencias una validación de la medida.
Más allá del cambio técnico: implicaciones culturales y económicas
Aunque se trata de un ajuste técnico, la desaparición del centavo tiene un componente simbólico importante. Representa el abandono de una unidad monetaria histórica y la adaptación a nuevas realidades económicas. También plantea interrogantes sobre el futuro del dinero físico y la posible eliminación de otras denominaciones en el largo plazo.
Para los consumidores, el cambio podría traducirse en una experiencia de compra más ágil; para el sistema, en una mayor eficiencia. Pero también implica una transición que requerirá adaptación y educación financiera.
La decisión final que podría marcar un precedente nacional
El destino del centavo en Florida depende ahora de la firma del gobernador Ron DeSantis. Si la ley entra en vigor, el estado no solo modificará su dinámica comercial, sino que podría convertirse en un referente para otras regiones del país.
En un escenario donde la eficiencia económica y la digitalización avanzan con rapidez, el centavo parece acercarse a su ocaso. Florida podría ser el punto de partida de ese cambio.





