Yunior Smith Rodríguez, periodista del sistema informativo del régimen en Cuba llegó a la frontera sur de Estados Unidos para pedir asilo.


«Mi viaje comenzó como el de otros miles de cubanos que en los últimos meses se cansaron de arar en la arena y decidieron marchar, escapar de tanta mierda putrefacta, de la mentira, de la desesperanza. Empezó llorando mares mientras abrazaba a mi familia. Un llanto amargo, desgarrador, por la posibilidades de no verlos nunca más, de morir en el camino; un llanto de esos que provocan dolor en el pecho, que dejan vacío y rompen el alma porque nadie quisiera renunciar a ver a los suyos, a su proyecto de vida, sus amigos, el lugar donde nació. Mi viaje empezó allí, con los míos, con lágrimas, dolor y mucho resentimiento hacia el gobierno endemoniado que provoca divisiones de familias, sueños truncados, vidas jodidas para siempre por una política mezquina, cargada de orgullo, de rencor, y la jodida mentira que lo hace todo turbio, oscuro, incierto.» dijo Yunior en una extensa publicación hecha en Facebook.

«Pero mi viaje también empezó antes. Mucho antes. Me fui alejando poco a poco mientras estudiaba las realidades de otros países y no encontré soluciones para el mío. Empezó cuando comencé a notar que «el bloqueo» no es culpable de todas las políticas fallidas que una y otra vez se inician como soluciones redentoras de una economía muerta, que no llegan a ninguna parte, ni es culpable del abuso, el engaño, la burocracia, la corrupcion y las muchas malas decisiones a lo interno. Comenzó con el profundo desprecio hacia los ministros con cuellos ausentes y barrigas desbordadas que esbozan explica que ni ellos mismos entienden (ni creen), con los inescrupulosos llamados a la resistencia del pueblo, a los votos de confianza de la gente cansada de confianza, porque las consignas y la espera no llena barrigas, ni viste o calza a los niños.» continuó diciendo el periodista.

«Comenzó con el asco por aquella bofetada infame del ministro de cultura, por la crisis sanitaria en Matanza, con el abuso policial asqueroso del 11 de julio, con el llamado de Canel a enfrentar cubanos contra cubanos, con palos, como perros. Me decepcioné profundamente por las tiendas en MLC, con las mentiras con que adornaron la decisión y las mentiras con la que justificaron toda la mierda que armaron; la profundización de las brechas sociales, el hambre, las colas inmensas, maquilladas otra vez por el «gobierno», haciendo lo que mejor sabe: buscar culpables, culpar al pueblo, a la gente, los coleros, e imponer multas a diestra y siniestra, porque son expertos en imponer el miedo, su mejor arma para mantenerse en pie tantos años.» dijo sobre su decisión de abandonar Cuba.

El periodista que trabajaba para uno de los sistemas de propaganda más fuerte que tiene la dictadura, reconoció que era un enamorado del sistema en Cuba.

«No miento, no podría mentir. Ya no. Reconozco que era un convencido y un romántico enamorado del sistema. Así me lo inculcaron por años, y aunque encontraba errores, y criticaba desde siempre, lo hacía con la vista nublada por los conceptos adquiridos desde niño: «todo fuera mejor sin el bloqueo», «este gobierno busca el bien de todos», «un mundo mejor es posible»… Iluso. Tanta mierda atragantada en el pecho por años puede llegar a convencer.» dijo sobre su manera de pensar antes.


En su publicación también denunció la corrupción dentro de la televisión cubana.

«Sí, mi viaje comenzó antes. Comenzó con el asco y la decepción amarga por la experiencias vividas en el Estelar, por los jefes que pagan con favores y privilegios a cambio de sexo; por el acoso sexual desde el poder, secreto a voces que nadie denuncia por miedo; por las putas de pantalla, por el amiguismo y favoritismo inherente a ese sistema que no beneficia al más capaz, sino al más guatacón, al que demuestra ser más revolucionario, más comunista, al más chivatón, al más dispuesto a venderle el alma al diablo. Empezó por la decepción provocada por mi jefe cuando dijo en mi cara que él en mi posición (casado con una estadounidense) se hubiese ido del país (y ojalá te partan las patas por hipócrita, doble moral y desvergonzado hasta la médula). O cuando me dijo que era muy inteligente, por una publicación que hice el 14 de julio donde mostré, como pude, mi postura sobre las protestas del 11. Empezó por la pena que sentí con mis compañeros que me aconsejaron no seguir publicando cosas así, porque no vale la pena buscarse problemas, porque «ese sistema no lo tumba nadie». Mis ideas, o «mi primavera», como le llamaban algunos a mis menguantes deseos de callar, de agachar la cabeza y obedecer, hicieron que fueran apagando poco a poco mi carrera, disfrazados de mil escusas. Una guerra psicológica y de desgaste en la que yo tenía todas las de perder. Ellos son expertos defenestrado gente, así lo dije una vez frente a mi jefe (¿Se acuerdan?), y nunca tuvo valor para encararme por lo que dije, prefirió pedirle a otros que lo hicieran. Nunca me han faltado los coj… para defenderme y los que trabajaron conmigo bien lo saben.»

«Ya nada importa. Soy un migrante. Un desertor. Ahora sí soy un defenestrado. No estoy completo, una parte de mi quedó en Cuba. No soy feliz. No creo que ninguno que emigra lo sea totalmente. Pero soy libre y voy en pos de una vida digna. Eso me basta. Dios bendiga mis pasos en mi camino hacia la libertad.» concluyó.

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