Multimillonario de Texas entra en la batalla por controlar minera con operaciones de níquel en Cuba

El empresario estadounidense Albert Huddleston, fundador de una de las mayores productoras privadas de gas natural de Estados Unidos, fue identificado como el inversor principal de una oferta que busca tomar el control de Sherritt International, la minera canadiense vinculada durante décadas a la explotación de níquel y cobalto en Cuba.

La identidad de Huddleston había permanecido oculta desde que el consorcio integrado por Glencore, Kyma Capital y el inversionista Trifon Natsis presentó una propuesta rival para recapitalizar a Sherritt.


El grupo ofrece inyectar capital a cambio de obtener al menos el 55% de la compañía, según reveló Bloomberg y confirmó un comunicado divulgado por el propio consorcio.

La entrada del multimillonario texano agrega un nuevo elemento a la batalla por una empresa golpeada por las sanciones estadounidenses, la crisis energética cubana, la paralización de sus operaciones y una delicada situación financiera.

¿Quién es Albert Huddleston?

Huddleston es un empresario del sector energético radicado en Dallas y fundador de Aethon Energy Management, una compañía especializada en la producción de gas natural.

El magnate desarrolló durante más de tres décadas importantes activos en la formación Haynesville, una zona rica en gas de esquisto que se extiende entre Texas y Luisiana.

En enero, Mitsubishi Corporation anunció un acuerdo para adquirir los activos de gas natural y oleoductos de Aethon, con una inversión de capital aproximada de 5.200 millones de dólares. La transacción completa, incluida la deuda asumida, fue valorada en unos 7.500 millones.


Huddleston también controla Chota Capital LLC, la oficina de inversiones familiares desde la cual participa en otras operaciones empresariales. Ese sería el vehículo asociado a su entrada en la disputa por Sherritt.

Dos grupos estadounidenses quieren controlar Sherritt

La batalla enfrenta actualmente dos propuestas distintas.

La primera está encabezada por Gillon Capital LLC, firma vinculada al empresario inmobiliario de Dallas Ray Washburne, quien dirigió la Corporación de Inversión Privada en el Exterior durante el primer mandato de Donald Trump.

Gillon busca realizar una inversión privada que le permitiría adquirir hasta el 55% de las acciones de Sherritt. La minera firmó con esa firma un acuerdo de exclusividad por 120 días para negociar una posible transacción.

La propuesta rival fue presentada originalmente el 26 de junio por el consorcio integrado por Glencore, Kyma Capital, Natsis y el inversor estadounidense que ahora ha sido identificado como Huddleston.

El grupo propone aportar capital fresco a un precio de 0,12 dólares canadienses por acción y asegura que la operación cuenta con compromisos de financiación, sin depender de préstamos de terceros.

Sin embargo, Sherritt respondió que se trata de una propuesta no vinculante, condicionada y que actualmente no puede ejecutarse, al tiempo que defendió las negociaciones exclusivas que mantiene con Gillon.

Sanciones de Estados Unidos golpearon las operaciones en Cuba

El futuro de Sherritt cambió drásticamente después del endurecimiento de las sanciones estadounidenses contra las entidades militares y estatales de Cuba.

El 7 de mayo, el Departamento de Estado incluyó a Moa Nickel S.A., empresa conjunta de Sherritt y la estatal cubana General Nickel Company, entre las entidades sancionadas por operar en el sector metalúrgico y minero de la isla.

Washington acusó a esas operaciones de explotar los recursos naturales cubanos para beneficiar al régimen.

Sherritt suspendió entonces su participación directa en las operaciones cubanas y comenzó a retirar personal. Posteriormente decidió no disolver inmediatamente sus intereses en la isla mientras evaluaba una posible operación para preservar el valor de la compañía.

Los problemas operativos ya habían comenzado antes de las sanciones. La mina de Moa sufrió interrupciones por la escasez de combustible en Cuba y la refinería de Fort Saskatchewan, en Canadá, quedó sin materia prima procedente de la isla.

En julio, la empresa reconoció que mantenía suspendida su participación en las operaciones cubanas y que la refinería continuaba paralizada.

Una batalla empresarial que llegó a los tribunales

Kyma Capital, accionista y uno de los principales acreedores de Sherritt, ha intentado convocar una reunión extraordinaria para que los inversionistas puedan pronunciarse sobre el futuro de la compañía.

La junta directiva rechazó la convocatoria y cuestionó públicamente las maniobras del grupo rival. La disputa terminó ante el Tribunal Superior de Ontario, donde se analiza si los accionistas deben reunirse antes de que expire el acuerdo de exclusividad con Gillon.

El resultado podría definir qué grupo tendrá la oportunidad de rescatar y controlar a la minera.

La acción de Sherritt ha registrado fuertes movimientos durante las últimas semanas, impulsada por la competencia entre los dos consorcios. No obstante, su valor bursátil permanece muy por debajo de los niveles alcanzados antes del desplome financiero y operativo de la empresa.

Las propiedades confiscadas representan otro obstáculo

Cualquier operación relacionada con las minas cubanas tendría que superar también el problema de las propiedades confiscadas por el régimen tras 1959.

Las instalaciones de Moa están vinculadas a activos de la antigua Moa Bay Mining Company, intervenida en 1960. Existen reclamaciones certificadas en Estados Unidos por pérdidas derivadas de esas expropiaciones.

Los descendientes y titulares de algunas de esas reclamaciones podrían intentar presentar demandas contra las empresas o inversionistas que se beneficien de las propiedades confiscadas.

Además, el Gobierno cubano mantiene cientos de millones de dólares en obligaciones pendientes con Sherritt, un elemento que aumenta el riesgo de cualquier inversión.

Una operación que necesitará luz verde de Washington

Aunque los dos grupos interesados están respaldados por capital estadounidense, una eventual toma de control no implicaría automáticamente que podrían reactivar las operaciones en Cuba.

Cualquier transacción necesitaría autorizaciones regulatorias y garantías de que no viola las sanciones estadounidenses. La continuidad de las minas también dependería de acuerdos con Washington, acreedores, accionistas y potenciales titulares de reclamaciones por propiedades confiscadas.

La revelación de que Huddleston está detrás de la oferta rival confirma, sin embargo, que poderosos inversionistas estadounidenses consideran que Sherritt conserva activos estratégicos a pesar de su crisis.

El níquel y el cobalto son materias primas fundamentales para baterías, vehículos eléctricos y otras tecnologías. Pero en el caso de Cuba, su explotación permanece atrapada entre las sanciones, las reclamaciones históricas y la insolvencia del régimen.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *