Canadá le pidió a sus diplomáticos no divulgar nada sobre el ‘síndrome de La Habana’/Imagen de archivo

Documentos nuevos obtenidos por Global News, sacan a la luz que decenas de empleados de la Embajada canadiense en Cuba, que sufrieron las causas del llamado «Síndrome de La Habana» hace más de tres años, fueron obligados a guardar silencio, informa Diario de Cuba.


No hay respuestas oficiales al cabo de cuatro años del inicio del fenómeno, que provocó problemas de salud serios, del tipo de una conmoción cerebral.

Por otra parte Ottawa lucha contra 15 de los afectados en tribunales, y afirma que los litigantes han exagerado en sus afirmaciones sobre los supuestos ataques.

No obstante, la investigación sigue en curso, y fue en uno de estos informes tomados de alrededor de 700 páginas de correos electrónicos publicados por el Gobierno Federal, que se supo que un grupo de funcionarios luchaba por mantener la situación en secreto ante los primeros síntomas.

Según una demanda de 28 millones de dólares, por parte de quince diplomáticos canadienses y sus familiares afectados por los supuestos ataques en la Isla, el Gobierno canadiense «manejó mal» el problema, y les pidió no divulgaran la situación.


De acuerdo a uno de los funcionarios afectados que habló con Global News, y prefirió no revelar su identidad, fue el 11 de abril de 2017 cuando él le habló al embajador canadiense en el país caribeño por primera vez, sobre los misteriosos síntomas de los que se quejaban los diplomáticos estadounidenses.

La respuesta del embajador Allen fue «no se lo digas a ningún otro canadiense. No podemos decirle a ningún otro canadiense, no queremos iniciar la histeria masiva».

Los canadienses tuvieron prohibido hablar del asunto incluso meses después, cuando ya Washington exigía una respuesta a La Habana.

En mayo de 2017, funcionarios de Asuntos Exteriores de Canadá, afirmaron que los síntomas experimentados por los funcionarios canadienses se debía a «estrés extremo». Al tiempo que otro acápite indicaba que no se sabía cuáles eran las causas de los mareos, dolores de cabeza, y zumbidos en los oídos que presentaban los empleados del Consulado.

Los hijos del propio embajador Allen sufrieron síntomas durante y luego del incidente del 1 de junio de 2017, al escuchar un «chirrido metálico» en su vivienda en La Habana.