Cuando la imagen contradice el discurso: Díaz-Canel luce zapatillas de más de mil dólares durante acto por el primero de Mayo

Díaz-Canel en el Primero de Mayo. Foto: Video de Facebook de Presidencia Cuba

La imagen del presidente cubano Miguel Díaz-Canel durante el desfile del Primero de Mayo ha desatado una controversia que va más allá de lo superficial. En medio de una profunda crisis económica que golpea a la isla, el mandatario fue visto usando zapatillas de la marca Adidas valoradas en más de mil dólares.

El detalle, aparentemente menor, se transformó en un símbolo de debate sobre desigualdad, coherencia política y percepción del poder en Cuba.


Un detalle que no pasó desapercibido

El Primero de Mayo en Cuba es una de las principales vitrinas del gobierno, donde se busca proyectar respaldo popular, disciplina social y fortaleza política. En ese contexto, la imagen de los líderes no es casual, sino cuidadosamente observada tanto por la ciudadanía como por la comunidad internacional.

Las zapatillas identificadas como Retropy F2 “Legacy Indigo Red” destacan dentro de la línea retro de Adidas, inspirada en modelos clásicos de running de los años 80, con materiales premium y diseño exclusivo. Su precio, que puede superar los 1,000 dólares en determinados mercados, las ubica dentro de un segmento de consumo inaccesible para la mayoría de los cubanos.

La aparición de este tipo de producto en un acto político masivo introduce un contraste inmediato entre la estética del poder y la realidad económica del país.

Reacciones en redes sociales: entre la indignación y el sarcasmo

Las redes sociales amplificaron el episodio en cuestión de horas. Usuarios cubanos dentro y fuera de la isla reaccionaron con críticas que reflejan no solo molestia, sino también frustración acumulada.

Muchos comentarios apuntaron a la contradicción entre el discurso oficial —que insiste en la resistencia, el sacrificio colectivo y la austeridad— y la imagen de un dirigente asociado a bienes de alto valor. Otros recurrieron al humor y la ironía, comparando el precio del calzado con el salario promedio de un trabajador estatal.


El periodista cubano Mario Pentón dirigió unas palabras en la que comparó la desigualdad entre los dirigentes cubanos y el pueblo trabajador. «Solo con el coste de las zapatillas de Díaz-Canel y (el canciller) Bruno Rodríguez, una familia cubana puede vivir seis meses», escribió el reportero en su perfil de Facebook.

También surgieron cuestionamientos más profundos sobre el acceso diferenciado a bienes de consumo, en un sistema que históricamente ha promovido la igualdad social como principio central.

«Mira, descarado, mientras dejas que esa población muera de hambre, miseria y necesidad, llevas estos zapatos tan caros. No engañas a nadie», escribió la usuaria @NavaMayelin en su cuenta de X.

Contexto económico: la crisis que amplifica la polémica

La controversia adquiere mayor dimensión al insertarse en el actual escenario económico cubano, considerado uno de los más complejos desde el “Período Especial” de los años 90.

Entre los factores que definen la situación actual destacan: la escasez estructural de alimentos básicos, que obliga a largas colas y dependencia de mercados informales, el déficit de medicamentos, que impacta directamente en el sistema de salud, los apagones frecuentes, derivados de la crisis energética y el deterioro de la infraestructura eléctrica, la inflación sostenida, que reduce el poder adquisitivo incluso en sectores con ingresos relativamente estables, así como la dolarización parcial de la economía, que ha creado brechas entre quienes tienen acceso a divisas y quienes dependen exclusivamente del salario estatal.

En este contexto, el salario promedio —estimado en torno a 15 o 20 dólares mensuales al tipo de cambio informal— resulta insuficiente para cubrir necesidades básicas, mucho menos para adquirir productos de lujo.

Antecedentes: una polémica que no es nueva

El episodio actual no es aislado. En años anteriores, la imagen pública de Díaz-Canel ya había generado controversia, particularmente cuando lo fotografiaron utilizando un pulóver marca Lacoste durante una visita a zonas afectadas por un huracán en el año 2018. En ese momento el analista Carlos Cabrera Pérez comentó: «Una Cuba dictatorial y empobrecida ve estas poses como una bofetada de quienes han hecho del discurso sobre la pobreza su liturgia favorita.»

En octubre de 2024, Miguel Díaz-Canel y el primer ministro Manuel Marrero participaron en una manifestación de respaldo a Palestina frente a la sede diplomática de Estados Unidos, vistiendo calzado de marcas reconocidas como Nike y Skechers, con precios que superaban los 100 dólares.

Ya en noviembre de 2025, el gobernante fue retratado durante una jornada de trabajo voluntario en Artemisa con indumentaria deportiva y tenis Adidas de alta gama, una imagen que generó numerosas reacciones sarcásticas en redes sociales.

Previamente, en mayo de ese mismo año, durante su visita a Moscú por las celebraciones del Día de la Victoria, se le observó portando un reloj Rolex GMT-Master II apodado “Batman”, cuyo valor oscila entre 14.000 y 18.000 euros, acompañado de una corbata de seda de la firma Hermès valorada en unos 285 dólares, mientras exhortaba a los cubanos a mantener la llamada “resistencia creativa”.

Estos incidentes han contribuido a una percepción recurrente entre sectores críticos, que consideran que existe una brecha entre el discurso político oficial y las prácticas individuales de quienes ocupan posiciones de poder. Además, en el contexto cubano, donde la narrativa política ha estado históricamente vinculada a la modestia y el igualitarismo, este tipo de situaciones adquiere un peso simbólico aún mayor.

El Primero de Mayo como escenario político

El desfile del Primero de Mayo en Cuba tiene una doble función: es una celebración del trabajo y, al mismo tiempo, una herramienta de legitimación política. A través de este evento, el gobierno busca proyectar cohesión social, respaldo popular y continuidad del sistema.

En este marco, la presencia de la dirigencia política no solo cumple un rol institucional, sino también comunicacional. La imagen transmitida —desde la vestimenta hasta el lenguaje corporal— forma parte de un mensaje cuidadosamente construido.

Sin embargo, cuando elementos como el uso de artículos de lujo irrumpen en ese escenario, el foco puede desplazarse rápidamente del mensaje político hacia la percepción pública del liderazgo.

Más allá del calzado: un símbolo de la brecha social

Para muchos analistas y ciudadanos, el debate no gira únicamente en torno al precio de unas zapatillas. El verdadero trasfondo está en lo que representan.

En sociedades marcadas por la escasez, los símbolos adquieren un valor amplificado. Un objeto de lujo puede interpretarse como evidencia de privilegio, acceso diferenciado o desconexión con la realidad de la mayoría.

En el caso cubano, donde el discurso político ha enfatizado históricamente la equidad, estos contrastes generan tensiones que se reflejan en la opinión pública, especialmente en espacios digitales donde las críticas circulan con mayor libertad.


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