
Un apagón registrado en el municipio Playa, en La Habana, ha generado atención tanto por su origen como por el contexto energético del país. La Empresa Eléctrica de la capital informó en su cuenta de Facebook que dos lagartos provocaron la interrupción del servicio al interferir con una línea eléctrica, lo que ocasionó el disparo de un fusible y la desconexión automática del circuito.
“Vientos huracanados, tormentas y descargas eléctricas, ciclones, entre otros eventos naturales pueden resultar adversos para las líneas eléctricas y es increíble como un par de indefensos lagartos también pueden hacerlo”, escribió la empresa estatal.
Este tipo de evento ocurre cuando un agente externo —en este caso animales— entra en contacto con componentes energizados, generando un cortocircuito o una variación en la carga que activa los sistemas de protección. Como resultado, el suministro se interrumpe para evitar daños mayores en la red. Aunque la afectación fue localizada, dejó sin electricidad a un sector residencial, evidenciando la sensibilidad del sistema ante incidencias puntuales.
Intervención técnica y restablecimiento del servicio
Tras detectarse la avería, brigadas especializadas de la Unidad Empresarial de Base de Playa se movilizaron hacia el lugar para identificar el origen exacto del fallo y proceder con la reparación. Según el reporte oficial, la solución consistió en la sustitución del fusible dañado, un componente clave que actúa como elemento de seguridad dentro de la red eléctrica.
Este tipo de intervención, aunque técnicamente sencilla, requiere inspecciones previas para descartar daños adicionales en transformadores, líneas o subestaciones cercanas. La Empresa Eléctrica aseguró que el servicio fue restablecido en un tiempo relativamente corto, lo que sugiere que la afectación no comprometió infraestructura de mayor escala.
El comunicado institucional destacó además que, aunque los eventos más comunes que afectan el sistema suelen ser fallas técnicas o condiciones climáticas adversas, factores imprevistos como la fauna también pueden generar interrupciones.
Viralización del caso y reacciones ciudadanas
El incidente rápidamente se volvió viral en redes sociales, donde generó una amplia variedad de reacciones. Para muchos usuarios, la explicación oficial resultó difícil de creer, mientras que otros la interpretaron como un reflejo de las condiciones actuales del sistema eléctrico.
Ante la creciente ola de críticas, sarcasmos y reacciones burlonas por parte de los usuarios, la Empresa Eléctrica de La Habana tomó la decisión de eliminar de su página oficial en Facebook la publicación que había generado la controversia.
Pese a haber eliminado el contenido en Facebook, la institución no replicó esa acción en su cuenta de Instagram, donde la publicación permaneció activa y continuó generando interacción. Esta omisión contribuyó a intensificar la difusión del episodio y reavivó la oleada de memes, críticas y comentarios en el entorno digital. “Díganme que esta publicación no es real”. “¿Esto es un meme?”, comentaron algunos usuarios.
Más allá del humor y la ironía, el episodio sirvió como catalizador para expresar inconformidades acumuladas. Numerosos comentarios aprovecharon la publicación para reportar apagones en otras localidades, lo que revela una percepción extendida de inestabilidad en el servicio.
La viralización también evidencia cómo eventos aislados pueden adquirir una dimensión mayor en entornos digitales, especialmente cuando se insertan en un contexto de crisis prolongada.
Antecedentes: cuando animales afectan la red eléctrica
Aunque poco frecuentes, los incidentes provocados por animales no son inéditos en Cuba ni en otros países. En febrero de 2026, una rana fue responsable de una avería en una subestación eléctrica de 110kv en Sancti Spíritus, lo que ocasionó otro apagón.
En sistemas eléctricos con limitaciones de mantenimiento o protección insuficiente en infraestructuras abiertas, la interacción con fauna puede convertirse en un factor de riesgo. Lagartos, aves y roedores suelen ser los animales más asociados a este tipo de fallas, especialmente en zonas donde las instalaciones no cuentan con aislamiento adecuado o barreras físicas efectivas.
Crisis energética: un problema estructural persistente
El apagón ocurre en medio de una crisis energética que afecta a Cuba desde hace varios años y que se ha intensificado recientemente. El sistema eléctrico nacional enfrenta un déficit sostenido entre la capacidad de generación y la demanda real del país.
Este jueves la Unión Eléctrica reportó que en el horario de mayor consumo la capacidad de generación apenas llegó a 1.973 MW, muy por debajo de una demanda estimada en 3.100 MW, lo que se traduce en un déficit que rebasa los 1.100 MW.
Entre los principales factores estructurales se encuentran el envejecimiento de las plantas termoeléctricas, muchas de ellas con décadas de explotación; la falta de piezas de repuesto para su mantenimiento; y la limitada disponibilidad de combustible, particularmente fuel oil y diésel.
Para mantener en funcionamiento su sistema eléctrico, Cuba depende de la llegada de al menos ocho embarcaciones de combustible cada mes; no obstante, entre diciembre de 2025 y abril de 2026 solo se reportó el arribo de una.
Esta marcada escasez fue reconocida por el propio presidente Miguel Díaz-Canel, quien admitió públicamente que el país ha enfrentado un período de cuatro meses sin suministro sostenido de combustible.
A esto se suma la baja diversificación de la matriz energética, lo que reduce la capacidad de respuesta ante contingencias. Como consecuencia, el sistema opera con márgenes reducidos, lo que incrementa la probabilidad de interrupciones ante cualquier fallo, por mínimo que sea.
Impacto en la vida cotidiana y el tejido social
Los apagones tienen efectos directos en la vida diaria de la población. La interrupción del suministro eléctrico afecta la conservación de alimentos, el acceso al agua —dependiente en muchos casos de bombeo eléctrico—, el funcionamiento de centros de trabajo y la actividad comercial.
En el ámbito económico, pequeños negocios y emprendimientos se ven especialmente perjudicados, al depender de la electricidad para refrigeración, producción o servicios. En el plano social, la persistencia de los cortes ha generado un aumento del malestar ciudadano, con protestas registradas en distintas regiones del país en los últimos meses.
Además, los apagones prolongados pueden incidir en servicios esenciales como hospitales o telecomunicaciones, incrementando la percepción de vulnerabilidad.
Más allá de lo anecdótico: una señal de vulnerabilidad
Aunque el origen del apagón en Playa puede parecer anecdótico, el incidente pone de relieve una problemática estructural más profunda. La capacidad de un evento menor para provocar una interrupción del servicio evidencia la fragilidad de la red eléctrica.
El municipio Playa, epicentro del incidente con los lagartos, también se situó al frente de los registros de apagones en La Habana durante la segunda semana de abril de 2026, tras contabilizar un total de 192 incidencias reportadas.
En sistemas más robustos, este tipo de incidencias suele ser absorbido sin afectar significativamente a los usuarios. Sin embargo, en el caso cubano, la combinación de infraestructura envejecida y limitaciones operativas amplifica el impacto de cualquier contingencia.
Una historia viral que refleja una realidad compleja
La repercusión del caso demuestra cómo un hecho puntual puede convertirse en símbolo de una situación más amplia. Entre el escepticismo y el humor, la ciudadanía ha reinterpretado el incidente como una muestra más de las dificultades que enfrenta el país en materia energética.
Más allá de la anécdota, el apagón provocado por los lagartos subraya la necesidad de inversiones sostenidas, modernización tecnológica y soluciones estructurales que permitan garantizar la estabilidad del servicio eléctrico en Cuba, en un contexto donde la demanda continúa superando las capacidades actuales del sistema.





