Dos aviones estuvieron a solo 90 metros de una tragedia en Boston: esta es la maniobra que evitó el desastre

Aeropuerto Internacional de Boston. Foto: Video de YouTube de WCVB Channel 5 Boston

Un vuelo comercial de Delta Air Lines que se aproximaba para aterrizar en el Aeropuerto Internacional Logan de Boston tuvo que abortar su descenso en el último momento para evitar una posible colisión con un avión de American Airlines que se preparaba para despegar.

La maniobra evitó una tragedia, pero el incidente ha encendido las alarmas en la industria aeronáutica estadounidense debido a que ambas aeronaves llegaron a estar separadas por apenas 300 pies, equivalentes a unos 90 metros.


La Administración Federal de Aviación (FAA) confirmó la apertura de una investigación para determinar qué provocó el acercamiento entre los dos aviones, un episodio que se suma a una creciente lista de incidentes que han puesto bajo escrutinio la seguridad operacional en los aeropuertos más congestionados de Estados Unidos.

Aunque no hubo heridos ni daños materiales, especialistas consideran que el caso constituye uno de los eventos de mayor preocupación registrados este año en la aviación comercial estadounidense.

Una maniobra de emergencia evitó un accidente

El incidente involucró al vuelo 2351 de Delta Air Lines, procedente de Dallas, Texas, que transportaba a 129 pasajeros y seis miembros de la tripulación.

Mientras la aeronave realizaba su aproximación final a la pista del Aeropuerto Logan, otro avión de American Airlines iniciaba operaciones de despegue desde una pista que intersecta con la utilizada para aterrizajes. La situación obligó a tomar una decisión inmediata para garantizar la seguridad de ambas aeronaves.

Los pilotos de Delta ejecutaron entonces una maniobra conocida como «go-around» o aproximación frustrada, un procedimiento de emergencia contemplado en todos los protocolos internacionales de aviación. La acción consiste en cancelar el aterrizaje, aumentar potencia y ascender nuevamente para alejarse de cualquier peligro potencial antes de intentar una nueva aproximación.


Este tipo de maniobras forma parte del entrenamiento habitual de los pilotos y está diseñada precisamente para situaciones en las que la pista no se encuentra completamente despejada o cuando surge cualquier condición que pueda comprometer la seguridad del aterrizaje.

Tras completar la maniobra, la aeronave permaneció varios minutos en patrón de espera hasta recibir autorización para realizar un nuevo intento de aterrizaje, que se desarrolló sin incidentes.

La distancia entre ambos aviones preocupa a los expertos

Lo que más ha llamado la atención de especialistas y autoridades no es únicamente la necesidad de abortar el aterrizaje, sino la reducida distancia que llegó a existir entre ambas aeronaves.

Todd Curtis, exingeniero de Boeing y actual analista de seguridad aérea, examinó los datos de seguimiento de vuelos obtenidos a través de Flightradar24 y concluyó que los aviones estuvieron separados por aproximadamente 300 pies.

En términos prácticos, esa distancia equivale a la longitud de un campo de fútbol americano. Para una operación aérea comercial, especialmente en una fase crítica como el aterrizaje o el despegue, se trata de una separación extremadamente reducida.

Curtis describió el episodio como un «incidente significativo» y señaló que este tipo de eventos merecen una investigación exhaustiva debido a que representan fallas potenciales en una de las múltiples capas de seguridad que protegen la aviación moderna.

Los expertos recuerdan que la seguridad aérea se basa en sistemas redundantes diseñados para evitar que un solo error humano o técnico desencadene una tragedia. Cuando dos aeronaves llegan a estar tan cerca, las autoridades deben determinar exactamente qué barreras funcionaron y cuáles estuvieron a punto de fallar.

La FAA intenta determinar qué ocurrió

La investigación federal se centrará en reconstruir segundo a segundo la secuencia de acontecimientos. Los investigadores analizarán las comunicaciones entre pilotos y controladores aéreos, los registros de radar, las autorizaciones emitidas desde la torre de control, los datos de vuelo almacenados por ambas aeronaves y cualquier otro elemento que permita comprender cómo se desarrolló el incidente.

Entre las hipótesis que podrían ser evaluadas figuran posibles errores de coordinación entre la torre de control y las tripulaciones, malentendidos en las instrucciones transmitidas por radio o incluso problemas relacionados con la gestión simultánea de operaciones en pistas que se cruzan.

Por el momento, ni Delta Air Lines ni American Airlines han sido señaladas como responsables y la FAA insiste en que la investigación apenas se encuentra en sus primeras etapas.

Los resultados preliminares podrían tardar semanas, mientras que un informe final podría demorar varios meses dependiendo de la complejidad del análisis.

Boston Logan: un aeropuerto con desafíos operativos particulares

El Aeropuerto Internacional Logan figura entre los aeropuertos más transitados de Estados Unidos y presenta características operativas que aumentan la complejidad de la gestión del tráfico aéreo.

Su sistema de pistas cruzadas obliga a una coordinación extremadamente precisa entre controladores y pilotos, especialmente durante períodos de alta actividad. Miles de vuelos despegan y aterrizan cada semana en la terminal, que funciona como uno de los principales centros de conexión del noreste del país.

Precisamente debido a esa configuración, Logan ha sido escenario de varios incidentes de seguridad en años recientes. Algunos de ellos involucraron incursiones en pista, movimientos no autorizados y aproximaciones conflictivas que obligaron a implementar medidas correctivas.

La FAA ha invertido millones de dólares en tecnologías destinadas a reducir estos riesgos, incluyendo sistemas avanzados de vigilancia en superficie, radares especializados y herramientas de alerta temprana diseñadas para advertir posibles conflictos entre aeronaves.

Crece la preocupación por los «casi accidentes» en Estados Unidos

El incidente de Boston ocurre en un momento particularmente sensible para la aviación estadounidense. Durante los últimos años, la FAA y la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) han investigado numerosos episodios catalogados como «near misses» o casi accidentes, una categoría que engloba situaciones en las que dos aeronaves, vehículos aeroportuarios o aeronaves y obstáculos llegan a una proximidad considerada peligrosa.

Aunque la mayoría de estos eventos terminan sin consecuencias gracias a la rápida actuación de pilotos o controladores, los expertos advierten que cada incidente representa una oportunidad para detectar vulnerabilidades antes de que ocurra una tragedia real.

Diversos informes federales han señalado que la escasez de controladores aéreos en algunas regiones, el incremento sostenido del tráfico aéreo tras la recuperación del sector y la creciente complejidad de las operaciones aeroportuarias están ejerciendo presión sobre el sistema.

La creciente preocupación por los incidentes ocurridos en aeropuertos de Estados Unidos, incluidos casos en los que aeronaves estuvieron a escasa distancia de colisionar y situaciones de invasión de pistas, llegará este martes al Congreso. Durante una sesión de supervisión, legisladores del Subcomité de Aviación, Espacio e Innovación del Senado examinarán el estado de la seguridad aérea nacional y debatirán posibles acciones para fortalecer los mecanismos de prevención y control en el espacio aéreo estadounidense.

El «go-around»: una herramienta clave para salvar vidas

Lejos de ser una señal de peligro inminente, los especialistas destacan que la maniobra ejecutada por Delta demuestra precisamente que los sistemas de seguridad funcionaron como estaban diseñados.

Cada año, miles de vuelos alrededor del mundo realizan aproximaciones frustradas por motivos que van desde cambios meteorológicos repentinos hasta presencia de aeronaves en pista, problemas técnicos menores o instrucciones de los controladores.

Las estadísticas de la industria muestran que la inmensa mayoría de estas maniobras concluyen sin incidentes y son consideradas una práctica normal dentro de la aviación comercial moderna.

En este caso, el «go-around» permitió crear inmediatamente una separación segura entre las aeronaves y evitó que una situación potencialmente crítica evolucionara hacia un accidente.

Para los expertos, la decisión de los pilotos constituye un ejemplo de cómo los procedimientos estandarizados y el entrenamiento constante continúan siendo una de las principales barreras de protección para millones de pasajeros que vuelan cada día.

Lo que viene ahora

La atención de la industria aérea está puesta en los resultados de la investigación de la FAA. Las conclusiones podrían derivar en cambios operativos, nuevas recomendaciones de seguridad o incluso modificaciones en los procedimientos utilizados en el Aeropuerto Logan si se identifican riesgos específicos.

Mientras tanto, el incidente sirve como recordatorio de que, aunque la aviación comercial sigue siendo uno de los medios de transporte más seguros del mundo, mantener esos estándares exige una vigilancia constante y una revisión permanente de cada evento que ponga a prueba los sistemas de seguridad.

Lo ocurrido en Boston terminó sin víctimas y sin daños materiales, pero el hecho de que dos aviones comerciales llegaran a estar separados por apenas 300 pies ha convertido este episodio en una nueva señal de alerta para las autoridades aeronáuticas estadounidenses, que ahora buscan evitar que un incidente similar tenga un desenlace más grave en el futuro.


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