Un estudio del Buró Federal de Investigaciones (FBI) arrojó que tan solo uno de cada cuatro personas que participaron de manera activa en un tiroteo habían sido diagnosticadas previamente con una enfermedad mental, lo que supone el 25%.

La investigación también está vinculada a cómo fueron adquiridas las armas de fuego empleadas, según el informe el 8% del armamento empleado en estos actos fue adquirido por vía ilegal, a través de robo (un 6%) frente al 40% que fue conseguido de manera legal.

De ese 40%, según Infobae, el 35% tenía el arma desde hacía tiempo, y nada indicaba que su objetivo fuera protagonizar uno de estos ataques; un 11% la adquirió a través de una persona que no conocía.

Un 14% había estudiado sus objetivos, y el 10% había analizado el lugar donde perpetraron los hechos.

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En un 64% de los hechos, el agresor había seleccionado específicamente a una de las víctimas.

La investigación se basa en un total de 63 casos, que tuvieron lugar entre el año 2000 y 2013; el pasado año el FBI registró el número más alto de tiroteos en EEUU.

(Con información de Infobae)