
Un sismo de magnitud 3,1 fue sentido durante la noche del jueves en Santiago de Cuba, una de las provincias con mayor actividad tectónica del país. Aunque el movimiento no provocó víctimas ni daños materiales, generó inquietud entre numerosos residentes y volvió a colocar en primer plano el comportamiento sísmico del oriente cubano durante 2026.
El temblor ocurrió a las 10:13 p. m. del 23 de julio y fue clasificado por el Servicio Sismológico Nacional Cubano como el noveno evento perceptible registrado en la isla en lo que va de año.
La sacudida se produjo en un momento de especial sensibilidad para los habitantes de la región oriental, donde durante los últimos meses se han registrado terremotos de mayor magnitud, secuencias de réplicas y concentraciones inusuales de movimientos en diferentes puntos de Santiago de Cuba, Guantánamo y Granma.
El epicentro estuvo ubicado al suroeste de Santiago de Cuba
Los especialistas situaron el epicentro del sismo aproximadamente 26 kilómetros al suroeste de la ciudad de Santiago de Cuba, en aguas del mar Caribe. El movimiento se originó a una profundidad de 8,5 kilómetros y fue localizado en las coordenadas 19,90 grados de latitud norte y 76,06 grados de longitud oeste.
La relativa cercanía del epicentro con la costa y la poca profundidad del evento favorecieron que la vibración pudiera ser percibida por habitantes de distintos sectores de la capital provincial.
Poco después del temblor comenzaron a circular testimonios de personas que aseguraron haber sentido un movimiento breve, especialmente dentro de viviendas y edificios. Algunos residentes reportaron vibraciones en puertas, ventanas y objetos ligeros, aunque no se comunicaron afectaciones estructurales. Hasta el cierre del parte preliminar, las autoridades no habían informado de personas lesionadas, derrumbes ni daños materiales relacionados con el evento.
Un movimiento moderado que generó preocupación entre los residentes
Por su magnitud, el sismo se consideró de baja intensidad y no tuvo capacidad para causar afectaciones importantes en condiciones normales. Sin embargo, incluso los movimientos moderados suelen generar alarma en Santiago de Cuba debido a la historia sísmica de la provincia y al deterioro acumulado de numerosas edificaciones.
Los temblores nocturnos también tienden a ser más perceptibles porque existe menos ruido ambiental, las personas se encuentran en reposo y cualquier vibración resulta más evidente.
En viviendas ubicadas en pisos elevados, los movimientos pueden sentirse con mayor claridad debido a la oscilación de las estructuras. Asimismo, los residentes de inmuebles antiguos suelen reaccionar con mayor preocupación ante cualquier sacudida, especialmente cuando existen grietas, filtraciones o daños previos.
La percepción de un terremoto no depende exclusivamente de su magnitud. También influyen la profundidad, la distancia con respecto al epicentro, las características del suelo y el estado de las construcciones.
El noveno sismo perceptible de Cuba en 2026
El especialista Enrique Diego Arango Arias confirmó que el temblor se contabiliza como el noveno sismo perceptible ocurrido en Cuba durante 2026. La clasificación como perceptible significa que el evento fue sentido por habitantes de una o varias localidades, aunque no necesariamente haya causado daños.
La red de estaciones cubanas detecta una cantidad mucho mayor de movimientos a lo largo del año, pero la mayoría son de baja magnitud y pasan inadvertidos para la población. La cifra de nueve eventos sentidos evidencia que la actividad tectónica ha mantenido una presencia constante durante los primeros siete meses del año, principalmente en el oriente de la isla.
Para los especialistas, cada movimiento aporta información sobre la liberación de energía en las fallas activas y permite seguir la evolución de las diferentes zonas sísmicas.
El terremoto de magnitud 6,0 que marcó el año
El episodio más fuerte registrado en Cuba durante 2026 ocurrió el 17 de marzo, cuando un terremoto de magnitud 6,0 estremeció varias provincias del oriente. El movimiento fue percibido con fuerza en Santiago de Cuba, Guantánamo y Granma, y estuvo seguido por más de 160 réplicas.
La secuencia mantuvo en alerta a los habitantes de la región durante varios días, debido a que algunas réplicas alcanzaron intensidad suficiente para ser sentidas. Los terremotos de esta magnitud pueden causar daños, especialmente en construcciones vulnerables, antiguas o levantadas sin cumplir normas adecuadas de resistencia sísmica.
Aunque no todos los movimientos generan consecuencias graves, la repetición de eventos incrementa el desgaste emocional de las comunidades y obliga a mantener vigilancia sobre inmuebles afectados previamente. El terremoto de marzo confirmó que el oriente cubano continúa atravesando un periodo de actividad que requiere seguimiento científico constante.
Otros sismos relevantes registrados durante el año
La actividad sísmica de 2026 ha incluido varios movimientos importantes antes y después del terremoto de marzo. El 8 de febrero se registró un sismo de magnitud 5,6 al sureste del municipio de Imías, en la provincia de Guantánamo.
Posteriormente, el 6 de marzo, otro movimiento de magnitud 5,3 ocurrió al sur de esa misma zona. Ambos eventos fueron sentidos en comunidades orientales y aumentaron la atención sobre el comportamiento tectónico en las proximidades de la costa sur. El 1 de julio se produjo además un sismo de magnitud 3,9 al sureste de Imías, perceptible también en Santiago de Cuba.
La sucesión de estos movimientos no significa necesariamente que exista una progresión hacia un terremoto mayor. Los científicos insisten en que no es posible establecer una relación automática entre varios temblores moderados y la ocurrencia futura de un evento destructivo.
Sin embargo, la concentración de actividad en una misma región justifica mantener activos los sistemas de vigilancia y fortalecer la preparación ciudadana.
Manzanillo también registró una secuencia inusual de movimientos
A finales de junio, la atención de los especialistas se desplazó hacia los alrededores de Manzanillo, en la provincia de Granma. Entre los días 27 y 28 de junio, la red de estaciones del Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas detectó 23 movimientos en esa zona.
«Muy interesante la actividad sísmica que se está registrando desde ayer en Manzanillo, por lo cual debemos estar atentos», había escrito Arango semanas antes.
La concentración de tantos eventos en un periodo breve fue considerada inusual y despertó interés entre los investigadores. Las secuencias sísmicas pueden estar formadas por numerosos movimientos pequeños que ocurren en una zona limitada. En algunos casos se trata de réplicas de un evento previo, mientras que en otros no existe un terremoto principal claramente identificado.
La actividad observada cerca de Manzanillo amplió el mapa de zonas con movimientos durante 2026 y demostró que la inestabilidad tectónica no se concentra exclusivamente en Santiago de Cuba o Guantánamo. Los especialistas recomendaron entonces mantenerse atentos a los informes oficiales y evitar la difusión de rumores o predicciones sin fundamento científico.
¿Por qué el oriente de Cuba registra tantos terremotos?
Cuba se encuentra cerca del límite entre la placa tectónica de Norteamérica y la placa del Caribe. La principal fuente de actividad sísmica del país es la falla Oriente, una extensa estructura que atraviesa el mar Caribe al sur de las provincias orientales.
En esa zona, ambas placas se desplazan lateralmente y acumulan tensiones durante largos periodos. Cuando la energía acumulada supera la resistencia de las rocas, se produce una ruptura que genera ondas sísmicas.
Esas ondas se propagan desde el interior de la Tierra y pueden sentirse en la superficie dependiendo de la magnitud del evento, la profundidad y la distancia. Aproximadamente el 70 % de la actividad sísmica cubana se concentra en el oriente del país debido a la cercanía con esta zona de contacto tectónico.
Santiago de Cuba, Guantánamo y Granma son las provincias con mayor exposición, aunque algunos movimientos pueden sentirse a cientos de kilómetros de distancia. La falla Oriente forma parte de un sistema tectónico regional que también influye en la actividad sísmica del Caribe, incluyendo zonas de Haití, República Dominicana, Jamaica y las Islas Caimán.
Santiago de Cuba, la provincia más sísmica del país
Santiago de Cuba es considerada la provincia cubana con mayor frecuencia de sismos perceptibles. En años normales pueden registrarse entre 10 y 15 movimientos sentidos por la población, aunque la cantidad varía según el comportamiento de las fallas. La ubicación geográfica de la provincia, próxima a la costa suroriental, la coloca frente a una de las zonas tectónicas más activas de Cuba.
La ciudad de Santiago de Cuba también presenta condiciones que incrementan la preocupación ante un terremoto fuerte. Una parte importante de su fondo habitacional está compuesta por construcciones antiguas, algunas de ellas con mantenimiento insuficiente o afectaciones acumuladas.
En determinados barrios existen viviendas con grietas, techos deteriorados, ampliaciones improvisadas o materiales debilitados, factores que pueden aumentar el riesgo de daños incluso ante movimientos de intensidad moderada. Además, la presencia de zonas montañosas y terrenos inclinados puede favorecer deslizamientos de tierra si ocurre un terremoto fuerte acompañado por lluvias.
El estado de las viviendas aumenta la vulnerabilidad
Uno de los mayores desafíos ante la actividad sísmica en Cuba no está únicamente relacionado con la magnitud de los terremotos, sino con la resistencia de las edificaciones. Las estructuras diseñadas con criterios antisísmicos pueden soportar mejor las vibraciones. Sin embargo, muchas viviendas del oriente cubano fueron construidas hace décadas y no han recibido las reparaciones necesarias.
Los daños acumulados por huracanes, lluvias intensas, humedad, falta de materiales y ausencia de mantenimiento pueden debilitar paredes, columnas y cubiertas. En estas condiciones, un terremoto que no sería especialmente destructivo para una edificación moderna podría provocar desprendimientos o derrumbes parciales en una vivienda deteriorada.
Los elementos no estructurales también representan un peligro. Tanques de agua, balcones, cornisas, cristales, estanterías y objetos pesados pueden caer durante una sacudida. Por esa razón, la preparación no debe limitarse a grandes terremotos. Incluso un movimiento moderado puede causar accidentes si los muebles no están asegurados o si las personas intentan salir corriendo durante la vibración.
Los fuertes terremotos de noviembre de 2024 siguen presentes en la memoria
La inquietud actual está profundamente relacionada con los dos terremotos ocurridos el 10 de noviembre de 2024 en la zona de Pilón-Uvero. Los movimientos alcanzaron magnitudes de 6,7 y 5,8 y provocaron daños en viviendas, escuelas, instalaciones estatales y otras estructuras de Granma y Santiago de Cuba.
La secuencia posterior incluyó miles de réplicas, algunas perceptibles, que prolongaron durante semanas la preocupación de la población. Numerosas familias permanecieron fuera de sus casas por temor a nuevos derrumbes, mientras brigadas técnicas evaluaban el estado de edificios afectados. Los eventos de 2024 dejaron grietas, desprendimientos y daños parciales en inmuebles que ya presentaban problemas constructivos.
Esa experiencia continúa influyendo en la reacción de los residentes. Cada vez que se siente un nuevo temblor, muchas personas recuerdan las fuertes sacudidas y la prolongada sucesión de réplicas de aquel año. La memoria de esos terremotos explica por qué un evento de magnitud 3,1, aunque moderado, puede provocar temor y generar una rápida movilización en redes sociales.
¿Puede un sismo pequeño anunciar otro más fuerte?
Los especialistas recuerdan que no es posible determinar con anticipación si un temblor pequeño será seguido por un terremoto de mayor magnitud. En la mayoría de los casos, los sismos moderados ocurren de manera aislada o forman parte de secuencias que disminuyen progresivamente.
Solo después de que se produce un movimiento mayor puede establecerse si un temblor anterior fue un evento precursor. Por esa razón, resulta incorrecto afirmar inmediatamente que un sismo pequeño anuncia una catástrofe próxima. La ciencia todavía no dispone de una herramienta capaz de predecir con exactitud el lugar, la fecha, la hora y la magnitud de un terremoto.
Lo que sí pueden hacer los investigadores es identificar las regiones más expuestas, analizar el comportamiento histórico de las fallas y calcular probabilidades de ocurrencia a largo plazo. La vigilancia instrumental permite además detectar rápidamente cada evento, localizar su epicentro y evaluar la posibilidad de daños o réplicas.
Recomendaciones básicas ante un terremoto
Durante una sacudida, las autoridades recomiendan conservar la calma y evitar correr hacia las escaleras o las salidas mientras el suelo continúa moviéndose. En el interior de una vivienda, lo más seguro suele ser protegerse debajo de una mesa resistente o junto a un mueble firme, cubriendo la cabeza y el cuello.
También se aconseja mantenerse lejos de ventanas, espejos, estanterías, lámparas y objetos que puedan caer. Las personas que se encuentren en la calle deben alejarse de fachadas, postes eléctricos, muros y balcones.
Quienes conduzcan un vehículo deben reducir la velocidad y detenerse en una zona segura, evitando puentes, túneles, cables eléctricos y estructuras elevadas. Después del movimiento es importante revisar si existen escapes de gas, cables dañados, grietas nuevas o peligro de derrumbe. También se debe tener precaución con las réplicas, que pueden ocurrir minutos, horas o incluso días después de un terremoto principal.
La importancia de preparar un plan familiar
En una región sísmica, las familias deben acordar previamente cómo actuar y dónde reunirse si un terremoto interrumpe las comunicaciones. Es recomendable identificar las zonas más seguras de la vivienda y mantener libres las rutas de salida.
Un equipo básico de emergencia puede incluir agua, alimentos no perecederos, linterna, baterías, medicamentos, documentos protegidos, silbato y un pequeño botiquín. Los objetos pesados deben colocarse en las partes bajas de los muebles, mientras que estanterías, televisores y otros equipos deben quedar fijados siempre que sea posible.
También resulta conveniente conocer cómo cerrar las instalaciones eléctricas, de agua y de gas en caso de una avería. Estas medidas no eliminan el riesgo, pero pueden reducir lesiones y facilitar la respuesta durante las primeras horas de una emergencia.
Vigilancia permanente sobre una región tectónicamente activa
El sismo de magnitud 3,1 ocurrido al suroeste de Santiago de Cuba no dejó daños ni víctimas, pero confirmó la continuidad de la actividad tectónica en el oriente del país. Al convertirse en el noveno movimiento perceptible de 2026, el evento se suma a un año marcado por terremotos moderados, numerosas réplicas y secuencias inusuales en diferentes puntos de la región.
Los especialistas mantienen la observación mediante la red de estaciones sismológicas y continúan analizando cualquier cambio significativo. Para la población, la principal recomendación es consultar fuentes oficiales, evitar rumores y mantener actualizadas las medidas de preparación.
Santiago de Cuba seguirá expuesta a movimientos sísmicos por su ubicación geográfica. La pregunta no es si volverán a ocurrir temblores, sino qué tan preparada estará la ciudad para enfrentar un evento de mayor intensidad.




