Secretario del Tesoro de EE.UU. coloca a La Habana entre los símbolos del fracaso socialista

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, volvió a situar a Cuba en el centro del debate político y económico estadounidense al describir a La Habana, Moscú y Caracas como escenarios de privación surgidos de sistemas que, durante décadas, prometieron prosperidad, igualdad y protección para los trabajadores.

Durante un discurso pronunciado en el estado de Georgia, el funcionario utilizó la realidad de esas capitales para defender el modelo de libre mercado y advertir sobre las consecuencias que, a su juicio, provoca la concentración de la economía en manos del Estado.


Las declaraciones tuvieron una doble dimensión. Por una parte, sirvieron para promover las denominadas “Trump Accounts”, un programa de inversión destinado a menores de edad en Estados Unidos. Por otra, reforzaron la narrativa de la administración de Donald Trump contra los gobiernos de Cuba, Venezuela y Rusia, presentados como ejemplos de sistemas autoritarios acompañados por escasez, deterioro productivo y limitaciones económicas.

El mensaje de Bessent se produce además en un momento de creciente presión financiera de Washington sobre el gobierno cubano, con nuevas sanciones, restricciones contra entidades estatales y advertencias de que podrían adoptarse medidas adicionales dependiendo de las acciones de La Habana.

Bessent presenta a La Habana como símbolo de privación

En su intervención, el secretario del Tesoro cuestionó la imagen histórica de los países socialistas como supuestos “paraísos de los trabajadores”. Según su planteamiento, varias de las naciones que prometieron garantizar igualdad económica y bienestar colectivo terminaron padeciendo falta de productos básicos, pérdida de libertades, deterioro de los servicios públicos y una creciente dependencia de la población respecto al Estado.

Bessent incluyó expresamente a La Habana junto a Moscú y Caracas al hablar de lo que describió como paisajes marcados por la privación. La comparación buscó mostrar que, pese a las diferencias históricas y geopolíticas entre Cuba, Rusia y Venezuela, los tres gobiernos comparten rasgos como el control estatal de sectores estratégicos, una limitada competencia política y una fuerte intervención de las autoridades en la economía.

«Muéstrenme algún lugar donde esto haya funcionado. Moscú, Caracas, La Habana. Estos paraísos de los trabajadores han terminado todos como paisajes infernales de privación», dijo el funcionario estadounidense.


En el caso de Cuba, la capital se convirtió en el principal símbolo empleado por el funcionario para representar las consecuencias del modelo socialista en el hemisferio occidental.

La Habana concentra muchos de los contrastes que definen actualmente a la isla. Es sede del gobierno, centro de la actividad turística y principal vitrina internacional del país, pero también enfrenta apagones, problemas de transporte, deterioro de inmuebles, escasez de alimentos y una creciente desigualdad entre quienes reciben divisas y quienes dependen exclusivamente de salarios o pensiones estatales.

La crisis cubana refuerza el discurso de Washington

Las palabras del secretario del Tesoro encuentran respaldo político en el deterioro que atraviesa Cuba. La economía cubana ha sufrido durante los últimos años una fuerte contracción, acompañada por escasez de combustible, menor producción nacional, inflación, debilitamiento del peso cubano y dificultades para importar alimentos, medicamentos, materias primas y piezas de repuesto.

Uno de los problemas más visibles es la crisis del sistema eléctrico. Las averías en las centrales termoeléctricas, la falta de combustible y el envejecimiento de la infraestructura han provocado apagones prolongados en numerosas provincias.

La situación ha afectado hogares, hospitales, centros educativos, industrias y pequeños negocios privados. También ha dificultado la conservación de alimentos y medicamentos, agravando las condiciones de vida de una población que enfrenta ingresos insuficientes frente al aumento de los precios.

A estas dificultades se suma el éxodo migratorio. Cientos de miles de cubanos han abandonado el país en los últimos años, lo que ha reducido la disponibilidad de trabajadores, profesionales y personal especializado en sectores fundamentales.

El gobierno cubano atribuye gran parte de estas dificultades al embargo y a las sanciones de Estados Unidos. Washington, por el contrario, considera que la raíz principal de la crisis se encuentra en el sistema centralizado, las restricciones a la iniciativa privada, la falta de inversión y la ausencia de reformas económicas profundas. Ese choque de interpretaciones vuelve a estar presente en el discurso de Bessent.

Un acto en Georgia para promover las “Trump Accounts”

Las declaraciones fueron realizadas en la Wheeler High School, en Marietta, Georgia, durante un evento organizado para impulsar las llamadas “Trump Accounts”. El programa pretende crear cuentas de inversión para niños estadounidenses desde sus primeros años de vida, con el objetivo de que lleguen a la adultez con algún tipo de patrimonio financiero.

La iniciativa contempla una aportación inicial de 1,000 dólares por parte del Tesoro para determinados menores nacidos entre el 1 de enero de 2025 y el 31 de diciembre de 2028. El dinero no permanecería como un depósito convencional. Sería invertido en instrumentos vinculados a índices bursátiles, lo que permitiría que el capital creciera de acuerdo con el comportamiento de los mercados financieros.

Las cuentas tendrían restricciones de retiro hasta que el beneficiario alcance los 18 años, aunque familiares, empresas y organizaciones podrían realizar contribuciones adicionales durante ese periodo. La administración Trump sostiene que el programa permitiría reducir la brecha entre los niños nacidos en hogares con inversiones y aquellos cuyas familias nunca han tenido acceso a acciones, fondos o productos financieros de largo plazo.

El ahorro desde la infancia como herramienta económica

Uno de los argumentos centrales de Bessent es que la creación de patrimonio no debe comenzar cuando una persona obtiene su primer empleo, sino desde sus primeros años de vida. Bajo esa lógica, una cuenta abierta al nacer podría acumular rendimientos durante casi dos décadas. Aunque la aportación inicial sea limitada, el crecimiento compuesto y las contribuciones adicionales podrían elevar considerablemente su valor.

El dinero podría servir posteriormente para financiar estudios, iniciar un negocio, adquirir una vivienda o cubrir otras necesidades vinculadas con la entrada en la vida adulta. El secretario del Tesoro presentó esta propuesta como una herramienta de movilidad económica y educación financiera.

La idea es que los beneficiarios no solo reciban dinero, sino que crezcan familiarizados con conceptos como ahorro, inversión, rendimiento, riesgo y propiedad de activos. Para la administración Trump, ese contacto temprano con los mercados ayudaría a fortalecer una cultura económica basada en la responsabilidad individual y la creación de riqueza.

Más de seis millones de inscripciones, según el gobierno

Bessent aseguró que el programa había superado los 6 millones de inscripciones antes de su lanzamiento formal. De acuerdo con los datos citados por el funcionario, alrededor de 1.4 millones de menores cumplirían las condiciones para recibir la aportación federal inicial de 1,000 dólares.

La elevada cifra de registros fue presentada como una señal del interés de las familias estadounidenses en encontrar mecanismos de ahorro a largo plazo para sus hijos. Sin embargo, el éxito real del programa dependerá de varios factores, entre ellos la rentabilidad futura de las inversiones, el nivel de aportes adicionales y la capacidad de las familias para mantener las cuentas activas durante años.

También será importante determinar hasta qué punto la iniciativa beneficia a hogares de bajos ingresos, que podrían tener mayores dificultades para realizar aportaciones voluntarias. Pese a esas interrogantes, el gobierno considera que el depósito inicial permitiría que incluso los niños de familias sin capacidad de ahorro comiencen su vida con una participación en los mercados de capitales.

Millones de hogares permanecen fuera de los mercados financieros

Bessent señaló que cerca del 38% de los hogares estadounidenses no participa directamente en los mercados de capitales. Esa cifra refleja una división importante dentro de la economía del país. Mientras una parte de la población obtiene beneficios del crecimiento de las bolsas, los fondos de inversión y la expansión de las empresas, millones de familias dependen exclusivamente de salarios, ayudas públicas o cuentas bancarias de bajo rendimiento.

La administración Trump sostiene que esa exclusión contribuye a ampliar la desigualdad patrimonial. Dos hogares pueden recibir ingresos similares, pero aquel que posee acciones, propiedades o inversiones tiene mayores posibilidades de acumular riqueza a largo plazo.

Las “Trump Accounts” intentan reducir esa distancia desde la infancia, garantizando que los beneficiarios sean propietarios de un activo financiero incluso antes de incorporarse al mercado laboral. Bessent presentó esta diferencia como una de las principales fortalezas del capitalismo: la posibilidad de que los ciudadanos participen directamente en el crecimiento económico mediante la propiedad.

Capitalismo y socialismo, el contraste central del discurso

El eje político de la intervención fue la comparación entre dos modelos económicos. Bessent defendió el capitalismo como un sistema que permite ahorrar, invertir, emprender, adquirir propiedades y beneficiarse del crecimiento de empresas y mercados.

En contraste, describió el socialismo como un modelo que concentra las decisiones económicas en manos del gobierno, reduce los incentivos para producir y limita la capacidad de los ciudadanos para construir patrimonio independiente.

La presentación de las “Trump Accounts” permitió al funcionario ilustrar esa diferencia con un ejemplo concreto. Mientras el capitalismo, según su argumento, busca convertir a cada niño en propietario de activos, el socialismo aumenta la dependencia de los ciudadanos respecto a las instituciones estatales.

La comparación simplifica realidades económicas complejas, pero encaja con el discurso político republicano, que suele vincular las propuestas de mayor intervención pública con experiencias como las de Cuba y Venezuela.

Críticas al modo en que se enseña el socialismo

El secretario del Tesoro también cuestionó la forma en que algunas escuelas y universidades estadounidenses explican las diferencias entre capitalismo y socialismo. Bessent afirmó que determinados espacios educativos destacan los problemas del capitalismo, como la desigualdad o las crisis financieras, mientras prestan menor atención a las experiencias negativas de los gobiernos socialistas.

Según el funcionario, algunos jóvenes reciben una imagen idealizada de sistemas que prometen servicios gratuitos, igualdad económica y protección colectiva, sin estudiar suficientemente sus efectos sobre la productividad, la propiedad privada y las libertades individuales.

Su discurso buscó advertir que las buenas intenciones no garantizan buenos resultados. Bessent insistió en que los estudiantes deben evaluar las consecuencias reales de las políticas y no solo las promesas con las que son presentadas. La referencia a La Habana, Caracas y Moscú funcionó como una lección política dirigida especialmente a los jóvenes presentes en la escuela de Georgia.

La izquierda estadounidense, bajo cuestionamiento

El funcionario extendió sus críticas hacia figuras y sectores políticos de izquierda dentro de Estados Unidos. Bessent acusó al alcalde de Nueva York de promover ideas antiguas como si fueran soluciones innovadoras y moralmente superiores.

Aunque el debate estadounidense no reproduce exactamente los sistemas políticos de Cuba o Venezuela, los republicanos suelen utilizar esos países para cuestionar propuestas como mayores impuestos, ampliación de programas públicos, controles sobre determinados mercados o una regulación más intensa de las empresas.

Bessent sostuvo que algunas de esas políticas utilizan un lenguaje de justicia social para justificar una mayor concentración de poder en el gobierno. Ese argumento forma parte de una estrategia política más amplia de la administración Trump, que busca presentar sus medidas económicas como una defensa de la propiedad, la inversión y la autonomía de las familias.

«A nuestros hijos se les enseña a romantizar una ideología que resulta en ruina dondequiera que se pone a prueba, a criticar el capitalismo por cada uno de sus defectos y a perdonar al socialismo por cada uno de sus constantes fracasos», añadió Bessent.

El discurso también pretende conectar con comunidades de origen cubano y venezolano que abandonaron sus países debido a la represión política, la crisis económica o la falta de oportunidades.

Cuba, una referencia constante en el debate interno de EE.UU.

La situación cubana suele ocupar un espacio importante en la política estadounidense, especialmente en Florida. Para amplios sectores del exilio, la crisis de la isla no es únicamente un problema económico, sino también el resultado de un sistema que impide la alternancia política restringe las libertades civiles y penaliza la disidencia.

Por esa razón, las referencias al socialismo cubano tienen un fuerte impacto entre votantes que vivieron directamente las consecuencias de las nacionalizaciones, la represión o la escasez. La administración Trump ha reforzado esa conexión al presentar a Cuba como una advertencia para Estados Unidos.

El mensaje busca convencer a los electores de que las políticas consideradas demasiado intervencionistas pueden conducir gradualmente a una expansión del Estado y a una reducción de la libertad económica. Aunque los contextos son diferentes, la comparación continúa siendo una herramienta frecuente en el discurso político republicano.

Washington endurece la presión contra el gobierno cubano

Las declaraciones de Bessent se producen en medio de una política más agresiva de Estados Unidos hacia La Habana. Durante 2026, Washington ha ampliado las sanciones contra entidades, empresas y funcionarios relacionados con el gobierno cubano.

El artículo de referencia señala que se han impuesto más de 240 medidas vinculadas con Cuba desde comienzos del año. El objetivo declarado es reducir el acceso del aparato estatal a divisas, restringir sus operaciones financieras internacionales y presionar a las autoridades para que adopten cambios políticos y económicos.

Las sanciones también buscan limitar los recursos de estructuras controladas por las Fuerzas Armadas, especialmente aquellas que participan en sectores como el turismo, el comercio, las finanzas, los puertos y la logística. Estas acciones forman parte de una estrategia de máxima presión que combina restricciones económicas, medidas diplomáticas y advertencias públicas.

GAESA, uno de los principales objetivos de las sanciones

Una parte central de la política estadounidense se dirige contra el Grupo de Administración Empresarial S.A., conocido como GAESA. El conglomerado está vinculado a las Fuerzas Armadas Revolucionarias y controla una extensa red de empresas dentro de la economía cubana.

Sus operaciones abarcan hoteles, tiendas, servicios financieros, zonas comerciales, transporte, puertos y actividades relacionadas con el turismo internacional. Washington considera que GAESA permite a la cúpula militar controlar buena parte de las divisas que ingresan al país, mientras sectores esenciales para la población permanecen sin recursos suficientes.

El gobierno cubano rechaza esa interpretación y sostiene que las empresas estatales son necesarias para financiar servicios públicos y sostener la economía nacional. Sin embargo, la falta de transparencia sobre los ingresos y gastos del conglomerado ha aumentado las críticas dentro y fuera de la isla.

La presión contra GAESA pretende limitar su capacidad de operar en el sistema financiero internacional y dificultar sus relaciones con compañías extranjeras.

La Orden Ejecutiva 14404 y el nuevo marco de presión

La estrategia estadounidense también ha sido respaldada por la Orden Ejecutiva 14404, mencionada en el texto de referencia. Esta disposición forma parte del marco utilizado por la administración Trump para intensificar las acciones contra entidades relacionadas con el gobierno cubano.

Las órdenes ejecutivas permiten al presidente ampliar restricciones financieras, bloquear bienes bajo jurisdicción estadounidense y limitar transacciones con personas o empresas sancionadas. El Departamento del Tesoro, a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros, desempeña un papel fundamental en la aplicación de estas medidas.

La presencia de Bessent al frente de esa institución le otorga una posición estratégica dentro de la política hacia Cuba. Sus declaraciones no representan únicamente una opinión ideológica. También reflejan la visión del funcionario encargado de administrar buena parte de las herramientas financieras utilizadas por Washington contra La Habana.

Las sanciones como instrumento de negociación

Bessent ha indicado que las sanciones podrían aumentar o disminuir dependiendo del comportamiento del gobierno cubano. Ese planteamiento presenta las restricciones como un instrumento de presión y negociación.

Washington podría endurecerlas si considera que La Habana mantiene la represión, coopera con gobiernos adversarios o no realiza reformas. Del mismo modo, podría flexibilizarlas si observa avances políticos, liberación de presos o cambios económicos relevantes.

La política combina así castigo e incentivos. Sin embargo, la experiencia histórica muestra que las sanciones rara vez producen resultados inmediatos. También pueden generar efectos indirectos sobre la población, especialmente cuando dificultan operaciones bancarias, comercio exterior o acceso a determinados productos.

Los defensores de las medidas sostienen que la responsabilidad principal corresponde al gobierno cubano. Sus críticos argumentan que el aislamiento económico agrava la situación de los ciudadanos sin provocar necesariamente una transformación política.

La posibilidad de un “cambio a cámara lenta”

Meses antes de su discurso en Georgia, Bessent había hablado de un posible “cambio de régimen a cámara lenta” en Cuba. La frase reflejó la percepción de que el sistema cubano podría estar debilitándose progresivamente debido a la crisis económica, la emigración, el envejecimiento de sus dirigentes y la pérdida de apoyo externo.

A diferencia de una ruptura repentina, un cambio gradual podría manifestarse mediante reformas económicas, reemplazos dentro de la dirigencia, apertura parcial a la empresa privada o una transformación de las relaciones internacionales.

No obstante, el gobierno cubano conserva el control de las instituciones, las fuerzas de seguridad, los medios oficiales y las principales estructuras económicas. La oposición interna continúa enfrentando vigilancia, detenciones y restricciones, mientras muchos de los ciudadanos descontentos optan por emigrar.

Por ello, cualquier pronóstico sobre una transición sigue siendo incierto. Las palabras de Bessent muestran, sin embargo, que Washington considera la crisis cubana como una oportunidad para aumentar la presión.

La respuesta histórica de La Habana

El gobierno cubano ha rechazado durante décadas las acusaciones de fracaso económico y sostiene que el sistema socialista ha permitido garantizar acceso universal a la educación, la salud y otros servicios públicos. Las autoridades también afirman que las sanciones estadounidenses constituyen el principal obstáculo para el desarrollo del país.

Desde La Habana se argumenta que las restricciones dificultan el acceso a créditos, tecnología, combustible, mercados internacionales y operaciones bancarias. El gobierno suele describir la política de Washington como un intento de provocar sufrimiento económico para generar descontento y promover un cambio político.

Estados Unidos responde que Cuba puede comerciar con numerosos países y que sus problemas se deben principalmente a la ineficiencia del sistema estatal y a la falta de libertades económicas. La confrontación entre ambas narrativas ha marcado las relaciones bilaterales durante más de seis décadas.

Una población atrapada entre la crisis y la confrontación

Más allá del enfrentamiento entre los gobiernos, la población cubana continúa enfrentando las consecuencias más graves. Los salarios estatales resultan insuficientes frente a los precios de alimentos, transporte y productos básicos.

Las familias que reciben remesas o tienen acceso a divisas cuentan con mayores posibilidades de adquirir bienes, mientras amplios sectores dependen de ingresos en pesos cubanos. La expansión limitada de los negocios privados ha creado nuevas oportunidades, pero también ha contribuido a aumentar las diferencias sociales.

Muchos emprendimientos enfrentan dificultades para importar productos, mantener inventarios o pagar costos operativos. En paralelo, los servicios públicos han perdido capacidad y calidad debido a la falta de recursos, el deterioro de la infraestructura y la salida de profesionales.

Ese escenario convierte a La Habana en una imagen poderosa para el discurso de Bessent, pero detrás de la confrontación ideológica existen millones de personas que padecen sus efectos cotidianos.

Un mensaje especialmente dirigido a las nuevas generaciones

El hecho de que el discurso fuera pronunciado en una escuela secundaria tuvo un significado político evidente. Bessent buscó influir en la manera en que los jóvenes interpretan conceptos como capitalismo, socialismo, inversión y propiedad.

La administración Trump intenta presentar las “Trump Accounts” no solo como una política financiera, sino como una herramienta educativa. El objetivo es que los niños entiendan desde temprana edad que pueden ser propietarios de activos y participar en el crecimiento económico.

Esa idea contrasta con la visión atribuida por Bessent al socialismo, donde el Estado controla la mayor parte de los recursos y los ciudadanos tienen menos margen para acumular patrimonio independiente. Al utilizar a Cuba como referencia, el funcionario buscó convertir una discusión abstracta en una advertencia concreta.

Las “Trump Accounts” también enfrentan interrogantes

Pese al entusiasmo oficial, el programa podría generar debates sobre su alcance y efectividad. Una de las principales preguntas es si una aportación inicial de 1,000 dólares será suficiente para producir un cambio significativo en la vida de los beneficiarios.

El resultado dependerá de la rentabilidad de las inversiones, las comisiones administrativas y las aportaciones adicionales que reciba cada cuenta. Las familias con mayores ingresos podrían realizar contribuciones frecuentes, mientras los hogares de bajos recursos tendrían menos posibilidades de aumentar el capital inicial.

Ese escenario podría reproducir parte de las desigualdades que el programa pretende reducir. También será necesario garantizar que los fondos estén protegidos y que los padres reciban información clara sobre riesgos, beneficios y restricciones.

El gobierno sostiene que, incluso con esas limitaciones, la iniciativa representa un avance porque millones de niños comenzarían su vida con un activo financiero que de otra manera no tendrían.

Un choque entre dos visiones de movilidad social

El discurso de Bessent refleja dos enfoques diferentes sobre cómo mejorar las condiciones económicas de la población. La visión republicana pone el énfasis en la propiedad, el ahorro, la inversión y la participación en los mercados.

Desde esa perspectiva, las familias deben contar con herramientas para construir patrimonio y depender menos de los programas públicos. La izquierda estadounidense suele destacar la necesidad de fortalecer servicios, subsidios y políticas redistributivas para reducir la desigualdad.

Ambas posiciones buscan responder a problemas reales, como el costo de la vivienda, la deuda estudiantil, el acceso a la salud y la dificultad de muchas familias para ahorrar. Bessent intentó resolver ese debate utilizando a Cuba y Venezuela como ejemplos extremos de los riesgos de una intervención estatal excesiva.

La Habana seguirá presente en el discurso de la Casa Blanca

Las declaraciones del secretario del Tesoro confirman que Cuba seguirá ocupando un lugar relevante en la política de la administración Trump. La isla representa para Washington un asunto de seguridad regional, derechos humanos, migración y competencia geopolítica.

También desempeña un papel importante en la política interna, especialmente entre los votantes del sur de Florida. La administración buscará continuar vinculando la crisis cubana con su defensa del libre mercado y su oposición al socialismo.

Al mismo tiempo, las sanciones seguirán siendo una de sus principales herramientas para presionar al gobierno de Miguel Díaz-Canel. La evolución de esa estrategia dependerá de la situación dentro de Cuba, las relaciones de La Habana con otros aliados internacionales y las posibles respuestas del gobierno cubano.

La economía como terreno de confrontación política

El discurso de Georgia demostró que la política hacia Cuba no se limita a asuntos diplomáticos o de seguridad. La economía se ha convertido en un terreno central de confrontación. Bessent vinculó directamente la creación de riqueza en Estados Unidos con la crítica al modelo cubano.

Las “Trump Accounts” se presentan como una evidencia de lo que el capitalismo puede ofrecer: propiedad, inversión y crecimiento patrimonial. La Habana, Caracas y Moscú fueron utilizadas como el contraste opuesto: sistemas donde el Estado controla recursos, restringe las posibilidades individuales y genera dependencia.

La comparación busca reforzar una narrativa clara y fácilmente comprensible para los votantes, aunque deje fuera parte de la complejidad histórica y económica de cada país.

Cuba, entre el desgaste interno y la presión internacional

El futuro de Cuba dependerá tanto de sus decisiones internas como del entorno internacional. El país necesita inversiones, recuperación energética, mayor producción, estabilidad monetaria y reformas que permitan generar empleos e ingresos.

También necesita enfrentar el envejecimiento de la población y la salida de trabajadores jóvenes. Sin cambios estructurales, la crisis podría prolongarse y aumentar el deterioro social. La presión de Estados Unidos puede reducir los recursos disponibles para el gobierno, pero también podría dificultar la recuperación económica general.

La Habana deberá decidir si profundiza su modelo centralizado o amplía el espacio para la iniciativa privada y la inversión extranjera. Washington, por su parte, tendrá que evaluar hasta qué punto las sanciones logran sus objetivos políticos sin empeorar las condiciones de la población.

Un nuevo episodio en la confrontación entre Washington y La Habana

Las palabras del secretario del Tesoro marcan un nuevo episodio en la prolongada confrontación entre ambos gobiernos. Bessent no se limitó a criticar al sistema cubano. Lo incorporó a una defensa más amplia del capitalismo estadounidense y de las políticas económicas de la administración Trump.

La referencia a La Habana como ejemplo de privación refuerza la presión política sobre el gobierno cubano y anticipa que el Departamento del Tesoro continuará desempeñando un papel central en la estrategia de Washington. Mientras tanto, las “Trump Accounts” intentan convertir ese discurso ideológico en una política concreta dirigida a millones de niños estadounidenses.

El resultado combina economía, política exterior y confrontación ideológica en un mismo mensaje: Estados Unidos quiere presentar la propiedad y la inversión como caminos hacia la prosperidad, mientras señala a Cuba como una advertencia sobre las consecuencias de un sistema estatal centralizado.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *