«Vamos a colapsar este régimen»: secretario del Tesoro de EE.UU eleva el tono contra la dictadura cubana en medio de la crisis económica

Relaciones Cuba-EE.UU. imagen creada con IA. Foto: Chat GPT

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, afirmó este jueves que la estrategia de presión económica aplicada por Washington contra la dictadura cubana ya está dando resultados, al presentar el caso de la Isla como referencia para la nueva ofensiva que la administración de Donald Trump prepara contra Irán.

“Funcionó en Venezuela una vez que pusimos el bloqueo. Está funcionando en Cuba ahora mismo, y va a funcionar en Irán”, declaró Bessent durante una entrevista con CNBC. Al hablar de Teherán, agregó que Estados Unidos pretende “colapsar este régimen”.


La afirmación representa uno de los pronunciamientos más directos del funcionario sobre los efectos que, según Washington, están teniendo las sanciones y restricciones dirigidas contra las estructuras económicas controladas por el aparato militar cubano.

Washington presenta a Cuba como ejemplo de su estrategia

Aunque la entrevista estuvo centrada principalmente en Irán y en la crisis del Estrecho de Ormuz, Bessent utilizó nuevamente a Cuba para defender la efectividad de la política de máxima presión.

El secretario describió el plan contra Teherán como una estrategia de dos frentes que combinará el bloqueo naval con una nueva ofensiva de sanciones. “Tenemos el bloqueo y vamos a tener las sanciones más duras de la historia”, anunció. Bessent ofrecerá el lunes una conferencia de prensa para explicar los detalles de las medidas, según informó Reuters.

La referencia a Cuba sugiere que la administración Trump considera que el deterioro de las fuentes de financiamiento del régimen, el aislamiento de sus empresas militares y la reducción del apoyo procedente de antiguos aliados están debilitando su capacidad para mantenerse.

Sin embargo, la declaración constituye una valoración política de Washington. Bessent no presentó durante la entrevista indicadores concretos que demostraran cuáles serían los resultados específicos alcanzados en Cuba.


Una advertencia dirigida también a China

Una parte importante de la ofensiva anunciada contra Irán estaría enfocada en sus compradores de petróleo, especialmente China. Datos citados por Reuters indican que Beijing adquiere más del 80% del crudo iraní exportado por vía marítima.

Bessent sostuvo que China también tiene interés en lograr la reapertura del Estrecho de Ormuz y contener el aumento de los precios energéticos. No obstante, evitó confirmar si Washington impondrá sanciones contra entidades chinas que continúen negociando con Teherán. “Es hora de que nuestros aliados y el resto del mundo tomen una decisión”, afirmó el secretario.

Las declaraciones reforzaron la advertencia formulada previamente por Trump, quien amenazó con consecuencias económicas para cualquier país que proporcione un “salvavidas” al régimen iraní.

Bessent también argumentó que los mercados podrían estar interpretando de manera equivocada la nueva estrategia. Según su análisis, una campaña económica más agresiva podría reducir, en lugar de aumentar, la posibilidad de otra ofensiva militar a gran escala.

Bessent endurece su discurso sobre La Habana

No es la primera vez que el jefe del Tesoro utiliza a Cuba para explicar la política exterior de la Casa Blanca. Días antes había reconocido que el régimen cubano había resistido durante décadas las presiones económicas, mientras que en marzo predijo un “cambio de régimen a cámara lenta” en la Isla.

En mayo, Bessent aseguró que las sanciones podían “subir o bajar” dependiendo de las actuaciones de La Habana, dentro de una estrategia que calificó como de “palo y zanahoria”. En julio volvió a elevar el tono al describir a la capital cubana como parte de un “paisaje infernal de privaciones”.

Su nueva afirmación va más lejos porque presenta la crisis del régimen cubano como una demostración de que la ofensiva estadounidense estaría funcionando y podría replicarse contra otros gobiernos adversarios.

La ofensiva apunta al aparato económico de la dictadura

La administración Trump intensificó durante 2026 las medidas dirigidas contra las fuentes de ingresos de la cúpula cubana y las empresas vinculadas a las Fuerzas Armadas.

Uno de los pasos centrales fue la Orden Ejecutiva 14404, firmada el 1 de mayo, que reforzó las restricciones contra el conglomerado militar GAESA y sus filiales. El mecanismo también abrió la puerta a sanciones secundarias contra compañías extranjeras que mantengan operaciones significativas con entidades cubanas sancionadas.

El Gobierno estadounidense sostiene que estas medidas buscan impedir que la cúpula gobernante continúe utilizando los ingresos procedentes del turismo, las remesas, la energía y otros sectores para financiar sus estructuras represivas.

La profunda opacidad del sistema económico cubano, en el cual los militares controlan sectores estratégicos sin rendir cuentas públicas, dificulta determinar qué proporción de los recursos llega realmente a la población.

Una crisis que sigue castigando a los cubanos

La presión internacional coincide con una crisis económica, energética y social cada vez más grave. Millones de cubanos enfrentan apagones prolongados, escasez de combustible, alimentos y medicamentos, además del deterioro de hospitales, redes hidráulicas, transporte y otros servicios esenciales.

El régimen atribuye buena parte de la situación a las sanciones estadounidenses, pero evita asumir responsabilidad por décadas de centralización, improductividad, corrupción, inversiones fallidas y control militar de la economía.

Mientras la población soporta las consecuencias de la crisis, las autoridades continúan negándose a emprender reformas políticas profundas, liberar a todos los presos políticos o permitir elecciones democráticas.

La Habana también ha rechazado las previsiones estadounidenses sobre un eventual colapso. En marzo, el viceministro de Relaciones Exteriores Carlos Fernández de Cossío aseguró que un cambio de régimen estaba “fuera de la mesa”.

Las nuevas palabras de Bessent evidencian que Washington sostiene una lectura completamente diferente. Para la administración Trump, Cuba ya no es solamente uno de los objetivos de su política de máxima presión: ahora también es presentada públicamente como prueba de que el aislamiento económico puede debilitar a una dictadura y limitar su capacidad de supervivencia.


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