Las recientes medidas tomadas por el gobierno de Estados Unidos, según expertos citados por el diario The New York Times, cierran por primera vez los conductos de inmigración a los cubanos. El diario neoyorquino se refiere a la retirada del 60% de los diplomáticos en la sección consular de Estados Unidos en La Habana, diciendo que fue una “drástica reducción” de personal que ha dejado en el limbo a más de 100.000 cubanos que estaban gestionando su reunificación familiar.


Los cubanos que antes gozaban de privilegios para migrar legalmente al norte, ya que desde que Castro se hizo del poder en la Mayor de las Antillas huían de la isla comunista hacia Estados Unidos, ya sea mediante una visa facilitada por persecución política o religiosa, o a través de los grandes éxodos masivos, en el que cuentan el de Boca de Camarioca, El Mariel, o la llamada crisis de los balseros en 1994, siguieron llegando a territorio estadounidense años después con las facilidades que les daba la Ley pies secos, pies mojados, eliminada abruptamente el pasado enero por la administración Obama.

Desde entonces las cosas se complicaron para los isleños, pero aún estaba la posibilidad abierta para los que tenían familiares en Estados Unidos.

Y ahora que prácticamente se ha cerrado la embajada norteamericana en La Habana, o que permanece más bien en territorio cubano de manera simbólica. Los cubanos ven truncada la posibilidad de migrar, y en menos de un año se les hace difícil asimilar un cambio tan radical.

En Cuba muchas personas se planificaban, vendían sus casas y todas sus pertenencias para iniciar una travesía que a veces comenzaba por Ecuador, otras veces en Rusia para luego cruzar la frontera de Estados Unidos con México.

En medio de todas las penurias que pasaba el cubano, había al final un aliento de esperanza, una luz al final del túnel.


Como dicen algunos, la olla puede explotar, y ahora mismo se puede decir, todas las condiciones están dadas para un estallido social o para un éxodo masivo, a causa de la suspensión indefinida de procesamiento de visas en La Habana para viajar al Norte.

Expertos entrevistados por el Times creen que la repentina suspensión para los cubanos de las vías legales de establecerse en EE.UU precipiten una nueva ola migratoria, especialmente si la economía cubana sufre un mayor declive, como el que se prevé con la baja del turismo.

El autor, Ernesto Londoño, dice que “los cubanos consideran desde hace mucho tiempo el emigrar a los estados Unidos como una especie de derecho innato derivado de las privaciones que han sufrido como resultado de las sanciones que Washington ha impuesto a Cuba durante décadas”.

Recuerda además que los acuerdos “se alcanzaron en un esfuerzo por detener el éxodo de los cubanos que se echaron al mar en balsas por miles en 1994 tratando de llegar a la Florida”. Refiriéndose a una de tres grandes olas migratorias cubanas hacia Estados Unidos ocurridas todas bajo administraciones demócratas: 265.000 por Camarioca en los años 60 (Johnson); 125.000 por Mariel, en 1980 (Carter) y más de 32.000 en la llamada Crisis de los Balseros de 1994 (Clinton).

“Durante décadas Cuba tuvo una emigración constante hacia EEUU, además de salidas masivas, como Camarioca, Mariel o los balseros del 94. Este flujo funcionaba como las válvulas de una olla de presión, con la salida del país de los más desconformes”, dice Londoño.

“Si el anterior mandatario taponeó la vía ilegal de entrada de cubanos, Trump acaba de sellar también las legales, dejando de entregar visas a los cubanos, al retirar a sus funcionarios consulares”, continúa diciendo el ex corresponsal de la BBC.

En La Habana el periodista cubano-uruguayo Fernando Ravsberg, considera que el aumento de la presión interna tiene que ver también con la manera en que la clase gobernante maneja los asuntos del país:

… “Ahora toda la presión permanecerá dentro de la olla, quedan dos opciones, bajar el fuego o sentarse a esperar la explosión. Las medidas impopulares que se han estado tomando durante los últimos meses no parecen comprender la nueva situación que se dibuja”.

“La congelación de algunas actividades de trabajo privado, el ‘sí pero no’ a las pequeñas empresas o la guerra contra la “acumulación de riquezas”, sin explicar cuántos negocios, empleados o dinero se pueden tener, generan una gran incertidumbre en la población”.

“Y mientras se limita que la gente trabaje por su cuenta se mantienen los salarios estatales por debajo del costo de la canasta básica y se cobran nuevos impuestos a los campesinos, apenas una semana después de que un huracán arrasara sus cosechas”.

El independiente director del Centro de Estudios Convivencia de Pinar del Río, Dagoberto Valdés, por otra parte habla en una columna del “gran impacto en la sicología y en la vida de muchos cubanos” de las medidas de Estados Unidos sobre el procesamiento de visas en La Habana:

“El clima de asfixia cotidiana, la necesidad de ‘resolver por la izquierda’ para sobrevivir, la angustia del mañana y el futuro de los hijos, colocó a la estampida del país como ‘la solución’ menos traumática. Huir del conflicto o enfrentarse a él arriesgando todo”.

(Con información de Martí Noticias)