Llegó de Cuba a los nueve años y se hizo millonaria a los 31: “Me convertí en el hombre de mis sueños”

Millonaria cubana en Miami. Imagen creada con IA. Foto: Video en YouTube de Robert Sielmann Chat GPT

La empresaria cubana Enileidy Amarán contó cómo pasó de emigrar a Estados Unidos con sus padres a generar, según su testimonio, millones de dólares en la industria de las redes de mercadeo. En una entrevista para el espacio Entre Millonarios, habló del origen de su dinero, los sacrificios de la maternidad y un viaje familiar a Europa en el que asegura haber gastado unos 300.000 dólares entre vuelos y yates.

Pero una de sus confesiones más personales estuvo relacionada con una frase que utiliza para describir su independencia económica: “Me convertí en el hombre de mis sueños”. Detrás de esa expresión, explicó, hay una infancia en la que aprendió a imaginar su futuro como la esposa de un hombre adinerado y una vida adulta en la que terminó asumiendo ella misma el papel de proveedora.


Amarán, conocida en redes como Wanderlust, está vinculada al negocio de bienestar y estética Harmony. Un informe corporativo de Florida de 2024 la identifica como propietaria y miembro autorizado de Harmony Lux Wellness Center LLC.

Una infancia en Cuba y el esfuerzo de empezar de nuevo

Durante la conversación, la empresaria explicó que llegó a Estados Unidos cuando tenía nueve años, acompañada de sus padres. Aunque reconoce que era pequeña y no recuerda todos los detalles del proceso, conserva la conciencia del esfuerzo que supuso para su familia comenzar otra vez.

Su madre tenía 38 años y su padre, 40. Al recordar aquella etapa, Amarán se puso en el lugar de ambos: llegar a un país desconocido, con otro idioma y dos hijos pequeños, buscando mejores oportunidades. “Gracias a ellos yo aprendí resiliencia”, expresó.

También aludió a las dificultades que vivieron en la isla. “En Cuba pasamos muchísimo trabajo”, afirmó, al explicar por qué valora la decisión que tomaron sus padres.

Asegura que sus primeros millones llegaron antes de Harmony

Uno de los momentos centrales de la entrevista fue cuando le preguntaron a qué edad se había convertido en millonaria. Amarán respondió que a los 31 años y situó el origen de sus primeros grandes ingresos en las redes de mercadeo vinculadas a productos para perder peso. “Hice millones de dólares en un año y medio”, aseguró.


La empresaria reconoció que se trata de una industria cuestionada y que otras personas no han obtenido los mismos resultados. Por eso, presentó lo ocurrido como su experiencia individual.

La entrevista no aporta documentación financiera que permita verificar esas ganancias ni precisar su patrimonio actual. Tampoco identifica la compañía con la que habría generado esos ingresos.

Amarán sí dejó clara una diferencia en su trayectoria: según explicó, ya había ganado sus primeros millones antes de desarrollar el negocio que muestra durante el recorrido.

Un negocio que, según cuenta, comenzó en la cocina

Sobre el nacimiento de Harmony, relató que la idea surgió en su casa, después de probar un medicamento para el control del peso y pensar en cómo acercar ese tipo de atención al público latino.

Aseguró que comenzó a ofrecer servicios de telemedicina desde su vivienda y utilizó las redes sociales para dar a conocer su iniciativa. Cuando el entrevistador le preguntó cuánto había invertido inicialmente, respondió: “Cero”.

Su relato describe después una primera etapa en un local pequeño de Miami Gardens, donde, según recordó, algunos pacientes esperaban dentro de sus vehículos hasta que una asistente les avisaba que podían entrar.

Durante la entrevista, afirmó que el negocio llevaba cuatro años de desarrollo, que trabajaban con ella más de 40 personas y que las instalaciones que recorrían tenían unos 12.000 pies cuadrados, con espacios destinados a procedimientos estéticos y cirugía plástica. Esas cifras corresponden a sus declaraciones durante la conversación.

“Todo el mundo quiere lucir millonario”

Pese a que comparte una vida de viajes y lujo, Amarán cuestionó la imagen del emprendimiento que suele difundirse en las plataformas digitales. “Todo el mundo quiere lucir millonario, pero nadie trabaja para verdaderamente serlo”, sostuvo.

A su juicio, mostrar únicamente los resultados oculta las preocupaciones, las jornadas extensas y las dificultades de mantener una empresa. También rechazó la idea de que repetir el negocio de alguien exitoso garantice obtener los mismos beneficios.

La empresaria describió días de trabajo que pueden comenzar a las siete de la mañana y terminar a las ocho de la noche, además de jornadas los sábados y algunos domingos. Para ella, el interés por la actividad que se realiza es lo que permite continuar cuando aparecen los problemas. El dinero, dijo, resulta gratificante, pero no sustituye esa motivación.

El significado de “me convertí en el hombre de mis sueños”

La frase más personal de la entrevista surgió al hablar de su educación familiar. Amarán contó que, cuando era niña, su abuela la animaba a decir que de mayor quería casarse con un millonario.

Al mismo tiempo, creció viendo a su padre como un hombre proveedor, atento a los deseos de su madre dentro de las posibilidades económicas de la familia. Durante años, explicó, asoció esa figura masculina con la posibilidad de acceder a la vida que deseaba. Esa percepción cambió cuando pudo pagar por sí misma experiencias que antes consideraba lejanas.

Recordó especialmente la primera vez que compró pasajes en primera clase para viajar a Dubái con su familia. No lo presentó únicamente como una compra de lujo, sino como el momento en que comprendió que podía proporcionar aquello que había esperado recibir de una pareja. “Me convertí en mi papá”, resumió.

Un viaje de unos 300.000 dólares para agradecer a sus padres

Al hablar de sus mayores gastos, Amarán mencionó unas vacaciones familiares de dos semanas por Europa. Según calculó, destinó alrededor de 300.000 dólares a vuelos y yates, sin incluir necesariamente otros desembolsos.

Explicó que sus padres no sabían que había organizado parte del viaje para alojarse en embarcaciones con servicio a bordo. Más allá del costo, destacó la reacción de su padre al verla disfrutar de una vida que él no había imaginado para ella.

Para la empresaria, ese viaje fue una forma de devolverles una parte de lo que hicieron por su futuro. También defendió que las experiencias compartidas con su familia le dejan una satisfacción más duradera que los zapatos, las carteras o los vehículos.

El tiempo con su hija, el sacrificio que reconoce

La conversación también abordó las consecuencias personales de su dedicación al trabajo. Cuando le preguntaron cuál había sido su mayor sacrificio, respondió que fue perder tiempo con su hija, que tenía dos años cuando comenzó a emprender.

Amarán reconoció haberse perdido momentos de su crecimiento, aunque afirmó que volvería a tomar esas decisiones por las oportunidades que, considera, pudo ofrecerle después.

Su testimonio reúne así dos partes de una misma trayectoria: la independencia económica que buscó construir y el tiempo familiar que destinó a conseguirla. Al mirar atrás, aseguró que no cambiaría lo vivido, porque entiende que esas experiencias explican cómo llegó al presente.


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