Joven cubana rescata un cocodrilo herido y lo mantiene en la piscina de su casa en Matanzas

Cubana y su cocodrilo. Imagen creada con IA. Foto: Chat GPT

Con apenas 22 años, Lorena Montes Peña ha convertido su vivienda en Palmar de Junco, Matanzas, en un refugio improvisado para aproximadamente 20 animales. Entre perros, gatos, patos, tortugas e iguanas sobresale un huésped poco común que vive temporalmente en la piscina familiar: un cocodrilo híbrido de unos tres años.

La joven, estudiante de Veterinaria, mostró parte de su rutina en un video difundido por el canal de YouTube JSant TV. Las imágenes de Lorena sosteniendo al reptil y moviéndose con naturalidad a su alrededor han despertado sorpresa en las redes sociales, pero detrás de la escena existe una historia de rescate, sacrificios económicos y riesgos que ella no pretende minimizar.


Aunque su convivencia pueda parecer extraordinaria, Lorena insiste en que nadie debe interpretarla como una invitación para tener un cocodrilo en casa.

El cocodrilo llegó herido y envuelto en un pañuelo

Según relató la joven, el animal no fue adquirido para exhibirlo ni para convertirlo en una mascota exótica. El cocodrilo llegó hasta su familia después de haber sido encontrado con lesiones en la cabeza y una pata.

Lorena asegura que el reptil supuestamente iba a ser vendido para utilizarlo en rituales religiosos. Un conocido de la familia intervino y terminó llevándolo hasta su vivienda envuelto en un pañuelo.

Ante el estado del animal, la estudiante decidió hacerse cargo de su recuperación. Lo que comenzó como una respuesta de emergencia terminó transformándose en una responsabilidad diaria que ya se prolonga durante varios años.

El cocodrilo vive actualmente en la piscina de la casa, donde dispone de agua y de una superficie seca para descansar y recibir sol. Lorena debe limpiar constantemente el espacio, vigilar su comportamiento y procurar que las condiciones se aproximen a las necesidades naturales del reptil.


Un presunto híbrido de dos especies presentes en Cuba

Lorena identifica al animal como un híbrido entre el cocodrilo cubano (Crocodylus rhombifer) y el cocodrilo americano (Crocodylus acutus). Esa descripción corresponde a su testimonio y no se ha informado de una prueba genética independiente que confirme el cruce.

La hibridación entre ambas especies, sin embargo, está documentada científicamente. Una investigación publicada en la revista Heredity encontró evidencias genéticas de cruces entre cocodrilos cubanos y americanos, tanto en poblaciones silvestres como cautivas. El fenómeno representa un desafío para la conservación del cocodrilo cubano, una especie endémica con un territorio natural muy reducido.

El cocodrilo cubano está considerado en peligro crítico. Entre las amenazas señaladas por organizaciones conservacionistas aparecen la caza ilegal, la transformación de su hábitat, el cambio climático y la hibridación con el cocodrilo americano.

Alimentarlo en medio de la crisis cubana

Cuidar al reptil obliga a Lorena a mantener una rutina estricta. El animal necesita agua limpia, una zona seca, exposición al sol y una alimentación adecuada. Durante el verano puede consumir alrededor de un kilogramo de carne por semana, mientras que en los meses fríos reduce considerablemente su ingesta debido a su metabolismo.

Conseguir esa comida se convierte en un desafío dentro de la crisis económica y alimentaria que atraviesa Cuba. La joven busca vísceras de cerdo y res en mataderos o recurre a contactos establecidos mediante las redes sociales.

Las dificultades no terminan cuando obtiene la carne. Lorena contó que, ante la falta de gas, también ha tenido que cocinar utilizando carbón o leña. Cada jornada de cuidado queda condicionada por la escasez de alimentos, los problemas energéticos y la falta de recursos básicos.

Cuando le preguntaron qué era lo más complicado de rescatar animales en Cuba, condensó la respuesta en la realidad que enfrenta diariamente: el país, la economía y la dificultad de “querer hacer tanto con poco”.

Coletazos y una fuga durante la madrugada

La familiaridad de Lorena con el cocodrilo no elimina el peligro. La joven afirma que el animal nunca la ha mordido, pero reconoce que sí ha recibido coletazos.

Uno de esos golpes le dejó una marca en la espalda que comparó, con humor, con un latigazo. También relató que el cocodrilo llegó a escaparse durante la madrugada, una situación que demuestra por qué mantener a un reptil salvaje dentro de una vivienda exige vigilancia y puede representar un riesgo para otras personas y animales.

A medida que crezca, su fuerza, tamaño y capacidad para causar lesiones también aumentarán. Por esa razón, incluso Lorena admite que la piscina doméstica no constituye una solución permanente.

La piscina solo podrá albergarlo durante dos años más

La joven calcula que podrá mantener al cocodrilo en las condiciones actuales durante aproximadamente dos años. Después, el tamaño del animal hará que el espacio resulte insuficiente y la convivencia será mucho más peligrosa.

El caso deja abierta una pregunta práctica sobre su futuro: encontrar una institución, centro especializado o instalación adecuada que pueda recibirlo y ofrecerle un entorno seguro cuando ya no sea posible conservarlo en la vivienda.

Hasta que llegue ese momento, Lorena continúa atendiendo al reptil y al resto de los animales rescatados. Para sostenerlos, combina sus estudios con trabajos relacionados con la atención veterinaria y depende parcialmente de las donaciones.

Su casa alberga perros, gatos, jicoteas, tortugas morrocoy, iguanas y patos. Cada ejemplar requiere alimentos, higiene y cuidados específicos en un país donde incluso las necesidades básicas de las familias se han vuelto difíciles de cubrir.

“Nadie lo debería tener”

Pese a la relación desarrollada con el cocodrilo, Lorena ofrece una recomendación tajante: nadie debería intentar repetir su experiencia.

“No lo recomiendo”, afirmó al hablar sobre la enorme responsabilidad que implica. Su advertencia incluye las posibles fugas, los horarios de atención, la alimentación, la limpieza y los peligros asociados con el manejo de un animal salvaje.

Para quienes encuentren un cocodrilo aparentemente herido, su consejo es no tocarlo ni llevárselo a casa. La actuación correcta, subrayó, consiste en contactar a especialistas y mantener la distancia.

“Lo que está quieto se deja quieto. Si necesita ayuda, busquen los especialistas. Pero nunca cogerlo, nunca quedarse con él”, expresó.

La historia, difundida inicialmente por Sant TV, muestra el compromiso de una joven con los animales, pero también expone las limitaciones de los rescates informales y los riesgos de mantener fauna salvaje en espacios domésticos.


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