
Una empresaria cubana propietaria de un spa en Greenacres, Florida, contó que ella y su familia tenían previsto pasar el domingo trabajando en el establecimiento, muy cerca del punto donde terminó estrellándose un avión privado con nueve personas a bordo.
Según relató en un programa de Los Pichy Boys, el mal tiempo los obligó a cambiar de planes y permanecer en casa. Después supo que el Learjet 60 había caído sobre Military Trail, a una distancia que ella calcula en unos diez metros de su negocio.
«Literalmente, el avión cayó diez metros más al costado y caía encima del spa. Yo, de hecho, debía estar en el lugar desde temprano porque estamos haciendo unas remodelaciones en el local. Gracias a Dios, el clima no nos dejó salir de la casa, porque yo iba para allá con mi mamá, mi papá y mi niño», expresó.
Su testimonio muestra cómo la tragedia alcanzó también a quienes viven o trabajan alrededor del lugar del impacto: familias evacuadas, comerciantes sin acceso a sus locales y vecinos que todavía esperan saber cuándo podrán recuperar su rutina.
Una jornada de remodelaciones que quedó suspendida
La empresaria explicó que el establecimiento estaba en obras, por lo que su visita de aquel domingo tenía un propósito concreto: avanzar en las remodelaciones con ayuda de su familia.
En sus declaraciones vinculó la decisión de quedarse en casa con las condiciones meteorológicas. No afirmó haber presenciado la caída del avión desde el negocio; su relato se centra en los planes que tenía para ese día y en la cercanía del impacto con el local.
La distancia de diez metros es una estimación aportada por ella. Aun así, sus palabras reflejan la impresión de descubrir que el lugar al que pensaba acudir con sus padres y su hijo había quedado junto al escenario de un accidente mortal.
El Learjet 60 se precipitó el domingo 1 de noviembre, alrededor de las 12:50 del mediodía, durante un vuelo entre Austin, Texas, y North Eleuthera, en las Bahamas. Las autoridades confirmaron la muerte de sus nueve ocupantes.
Intentó llegar al spa, pero encontró el acceso bloqueado
Después del accidente, la cubana trató de acercarse al establecimiento para conocer la situación, pero las restricciones impuestas en el área le impidieron llegar. «No dejan pasar. Nosotros fuimos anoche y ni siquiera pudimos llegar hasta el spa. Las personas están diciendo que hasta dentro de 72 horas no van a dejar pasar», relató.
La referencia a las 72 horas correspondía a comentarios que había escuchado entre las personas de la zona, no a un plazo oficial confirmado en su testimonio.
El cierre dejó a la empresaria sin poder comprobar personalmente el estado del negocio. Para otros comerciantes y residentes, las restricciones también significaron perder temporalmente el acceso a locales, pertenencias y vehículos.
Las autoridades informaron del cierre de Military Trail entre 10th Avenue North y Purdy Lane/Alameda Drive, con acceso limitado a vehículos de emergencia. El regreso a la normalidad depende de las labores en el lugar y del avance de la investigación federal.
Una comunidad hispana obligada a salir de sus hogares
La mujer describió un importante movimiento de autobuses para trasladar a los residentes de la comunidad de casas móviles situada junto al lugar del impacto. Según su relato, algunos vecinos tuvieron que abandonar el área sin poder llevarse sus automóviles. También contó que los evacuados hablaban de fragmentos metálicos y daños en parabrisas. Esas descripciones procedían de conversaciones con otras personas y deben distinguirse de lo que ella pudo observar directamente.
Las autoridades del condado de Palm Beach estimaron que alrededor de 600 personas podrían necesitar ser reubicadas. Algunos residentes explicaron a medios locales que no podían entrar a sus viviendas ni siquiera para recoger ropa.
El comisionado del Distrito 3 de Palm Beach, Joel Flores, describió la comunidad como mayoritariamente hispana en las declaraciones recogidas por Telemundo 51 y citadas en el relato original. Explicó que se trabajaba para conseguir alojamiento temporal, alimentos y alternativas de transporte.
Una de las preocupaciones era la situación de quienes dependen de sus vehículos para trabajar. «Muchos de ellos trabajan en construcción y necesitan sus camionetas y eso es lo que le estamos intentando ayudar en estos momentos», señaló Flores.
La evacuación plantea así una dificultad adicional para las familias: además de encontrar dónde dormir, necesitan mantener sus empleos y atender sus gastos mientras permanecen fuera de sus hogares.
Otro cubano vio la explosión desde Military Trail
En el mismo programa, otro cubano contó que circulaba por Military Trail y estaba a menos de una milla del lugar del accidente cuando observó la explosión.
Según explicó, se encontraba en un semáforo y miró por el retrovisor. «Cuando miro por el retrovisor, veo una explosión como de un edificio de cuatro pisos», relató.
Su descripción transmite la magnitud que tuvo el impacto para quienes estaban cerca de la carretera. Sin embargo, el testimonio sobre la explosión no permite establecer por sí solo qué ocurrió con la aeronave antes de llegar al suelo, una cuestión que corresponde determinar a los investigadores.
Hielo, turbulencias y una llamada de emergencia
La NTSB informó que la tripulación había reportado hielo y turbulencias cuando volaba a unos 35.000 pies. Posteriormente solicitó ascender a 37.000 pies, una maniobra autorizada por el control aéreo.
Menos de treinta segundos después, llegó una comunicación sobre el descenso, seguida de una llamada de emergencia. Las condiciones meteorológicas forman parte central de las pesquisas, aunque todavía no se ha establecido la causa del accidente.
Los investigadores también examinan indicios de una posible fragmentación antes del impacto. Esa hipótesis sigue bajo análisis y no constituye una conclusión definitiva.
La dispersión de restos ayuda a explicar por qué las labores abarcan espacios próximos a viviendas y negocios. Además, la lluvia acumulada en el cráter de la carretera ha dificultado la recuperación de los principales restos del avión. Las autoridades han pedido que cualquier fragmento encontrado permanezca en su sitio y sea reportado.
Nueve víctimas y familias de luto
Mientras continúa la investigación, los familiares han comenzado a identificar y recordar a quienes viajaban en el avión. Entre las víctimas estaban Adam Robinson y Helen Sharp, junto con sus hijos Emma, de cuatro años, y Charlie, de dos. También murieron Rachael Reed, Charmi Fehr y Anita Maria Cetina, quien cuidaba a los pequeños y era considerada parte de la familia, según el comunicado de sus allegados.
La tripulación estaba integrada por el capitán Jeff Gregory y la copiloto Nathalia Gadelha Filgueiras, de veinte años y residente en Boca Ratón. Las familias agradecieron el trabajo de los equipos de emergencia y solicitaron privacidad durante el duelo.
Para la empresaria cubana, la espera para volver al spa está marcada por una circunstancia que no deja de recordar: aquel domingo pensaba estar allí con su familia. Las remodelaciones quedaron pendientes cuando el mal tiempo los mantuvo en casa; horas después, el entorno de su negocio se había convertido en el escenario de una tragedia.





