La Habana se ha convertido en la ciudad de los contrastes, colindando con los derrumbes, las viejas casas derruidas por el abandono gubernamental, y la carencia económica de sus habitantes, se erigen los hoteles de lujo cinco estrellas, administrados por la cúpula militar castrista, si bien en su momento nos asombró el Gran Hotel Manzana Kempinski, emplazado en el centro histórico, ahora deslumbra el Grand Packard, inaugurado hace unos días, que muestra una realidad desconocida para las muchas familias habaneras que viven hacinadas, en medio de la precariedad, con techos que filtran, apuntalados, e inmersos en un deterioro sin precedentes.

El periodista independiente Mario Echeverría Driggs ha dicho a propósito de la nueva construcción para el turismo, “estaba escuchando el comentario de una muchacha ahorita, que dice que de noche se ve fastuoso (el hotel) ante tanta oscuridad que lo rodea. Lujo en medio de las favelas”.

Y describió la escena depauperada alrededor del hotel, los “solares en mal estado, con problemas con el agua (…) donde sobrevive el cubano de a pie”.

El reportero admitió que es penoso construir estos hoteles cinco estrellas, en medio de “la cantidad de derrumbes que se están produciendo tanto en la Habana Vieja como en Centro Habana”.


También dijo estar en desacuerdo con que estas edificaciones de lujo construidas en los últimos años “han sido construidos por albañiles de Pakistán y de la India, que cobraron unos sueldazos altos, y que de hecho todavía están aquí, exactamente trabajando en el hotel Prado y Malecón, que también va a ser fastuoso, con un contrato que Cuba tiene con estos trabajadores”.

“Yo he preguntado por qué a un trabajador cubano no le pagan igual si están haciendo la misma función, y las razones que me han dado es que los obreros cubanos no tienen la calidad de esos obreros. Y bueno, qué calidad hay, si aquí Cuba siempre ha tenido buenos albañiles, buenos carpinteros, buenos electricistas. Lo que hay es que pagarles bien, para que trabajen”, insistió Echeverría Driggs en conversación con Radio Martí.

El periodista cubano vive en el edificio, en cuya planta baja se encuentra la histórica tienda La sortija, en Centro Habana. “Un edificio que tiene una buena estructura, pero que ya está dañado”, sentenció.

Según explicó los apartamentos del edificio, no son los que tienen las mayores afectaciones, sino “los balcones que ya tienen problemas, los sistemas de drenajes, las tuberías de agua (…) y una vecina, conocedora de la arquitectura, hizo un presupuesto y lo presentó”, sin embargo su propuesta no fue aceptada.

Echeverría Driggs comentó que les dijeron que no había arreglo para el edificio, “arreglen sus casas como ustedes puedan”, acotaron.

Añadió que las autoridades “han dicho que la política ya no es construir ni arreglar viviendas en estos lugares”.

“Al que se le caiga la vivienda en la Habana Vieja o en Centro Habana, (va a) un albergue, pero ya tú sabes, bien lejito. Nada de reconstrucción tu casa, nada de arreglar tu casa. Es triste lo que está pasando”, opinó.

Precisamente a juicio del periodista independiente, al Gobierno le convienen los derrumbes, porque “te sacan de tu vivienda, te ubican, ya tú sabes dónde, en un albergue sin condiciones elementales, con hacinamiento, con personas que llevan años albergadas, y a fabricar hoteles de esta categoría. Pero es triste lo que el cubano de a pie tiene que estar pasando”, reconoció.

Como ejemplo puso la experiencia de los vecinos de la céntrica esquina de Prado y Malecón, donde hoy se construye otro hotel 5 estrellas plus de los militares de Gaesa.

“Los sacaron a todos de ahí. Eso fue un show porque muchos vecinos no se querían ir de esa zona, que ellos consideran privilegiada (…), con el malecón enfrente”, contó.

Asimismo Echeverría Driggs denunció la represión policial que existe alrededor de estos hoteles para el sector turístico, y para la élite gobernante en Cuba, aunado a “un importante nivel de droga, nivel de violencia (…)”, y la prohibición de que los niños cubanos jueguen en el Paseo del Prado, “antes los muchachos podían jugar aquí, montar su patineta, jugar a la pelota, pero desde que se inauguró el hotel Packard ya ahí no se puede”.

(Con información de Martí Noticias)