La industria cubana de la miel es pequeña comparada con la de los líderes mundiales (las abejas en China, el mayor productor, producen más de 500,000 toneladas por año) pero es una exportación agrícola valiosa. Y a pesar de que el estado cosecha la mayoría de las recompensas, los agricultores, que se benefician vendiendo miel a otros cubanos, están ansiosos por expandirse.

Según recogió el diario The Economist, el gobierno ha abierto una nueva planta de embotellado que aumentará la capacidad de producción a 15,000 toneladas por año, y planea vender más miel orgánica y subproductos como la cera de abejas. Pero las colmenas de alta calidad necesitan ser móviles. Los caminos terribles y el escaso combustible de Cuba no ayudan. Incluso la madera y las redes necesarias para construir colmenas son difíciles de conseguir. Todo esto deberá mejorar para mantener el negocio.

Mientras que la producción de miel en la mayoría de los países ha tenido un éxito junto con las colmenas, las abejas sanas de Cuba han estado ocupadas. La población está creciendo en un promedio de 7.000 colmenas por año, cada una produciendo alrededor de 52 kg de miel en 2017, el doble del promedio de las colmenas estadounidenses. Aunque nueve décimas partes de la producción total, unas 10.000 toneladas el año pasado, son manejadas por agricultores privados como el Sr. Quesada, están obligados a venderla al gobierno a un poco más de $ 600 por tonelada. Luego se exporta, principalmente a Europa, donde obtiene $ 4,600 la tonelada para miel común y $ 14,000 para el 16% que cuenta como orgánico. Si no fuera necesario un proceso de certificación costoso, mucho más podría obtener dicha prima.

Quesada carga en un camión los panales para moverlos de habitad. En el medio de la noche conduce durante dos horas hasta los densos manglares del golfo de Batabanó. «Es importante que se despierten en su nuevo hábitat», dice de su carga de abejas. En el verano, sus 30,000 habitantes de colmenas se deleitan con las flores costeras; en el otoño se alimentan de algodoncillo y glorias matutinas más al norte. Alrededor de octubre, se dirige a las montañas, cuando los árboles de Cuba alcanzan su mejor momento, antes de llevar a las abejas a su granja, a una hora en coche de La Habana.


Los apicultores de otros lugares pierden alrededor del 20% de su colonia en el invierno. El cambio climático, los parásitos, la intensificación del uso de pesticidas, la urbanización y la obsesión por la prolijidad están causando el colapso de las colonias. «Limpiamos nuestros jardines y recortamos tanto nuestros setos que ahora hay menos lugares donde anidar las abejas silvestres», dice Norman Carreck de la Asociación Británica de Investigación de Abejas.

Ciertos factores contribuyen a la calidad de la miel que producen. La falta de pesticidas, la falta de equipamiento moderno y el escaso incentivo económico para cultivar significan que gran parte de la vegetación de la isla es salvaje, de modo que las abejas se mantienen bien nutridas y producen miel de alta calidad.