Con el autorizo de compra y venta de viviendas llegaron nuevas ilusiones para los cubanos que por motivos diversos viven cada día en pésimas condiciones.

El principio de esa etapa era que el precio se acordaba entre los implicados en el negocio, siempre y cuando se pagara un impuesto al gobierno del 4%. Pero como todo lo que ocurre dentro del gobierno de los Castro, luego el gobierno decidió alegando sub-declaraciones en las ventas que ellos pondrían el precio final.

En las actas de propiedades el precio de una vivienda de tres habitaciones, cocina, baño y terraza, construido antes de 1959, suele fluctuar entre 5 y 8.000 pesos, cantidades que equivalen a 220 y 350 dólares.

“Esos precios se determinaron en la etapa que Cuba recibía subsidios millonarios de la antigua URSS y el banco, artificialmente, equiparaba uno por uno al peso contra el dólar. Después llegó la crisis económica convoyada con una altísima inflación y devaluación de la moneda. Entonces en la compra y venta de casas comenzó a decidir el valor del dólar primero y luego el del peso cubano convertible. Fue cuando los precios se dispararon. Como referente se tomaban los precios inmobiliarios en América Latina y Europa, pero al no existir un marco regulatorio adecuado, ni el otorgamiento de créditos bancarios que posibilitaran la adquisición de inmuebles, los vendedores situaban cifras descabelladas para el contexto cubano”, indica un funcionario del Instituto de Vivienda.


Claro está que en las zonas residenciales como el Vedado, Casino Deportivo y Miramar por mencionar algunas pueden tener un costo entre el medio millón y tres millones de dólares.

El problema de la vivienda en Cuba va mucho más allá de los precios absurdos, la existencial brecha entre los salarios promedios. Incluso, una habitación en una cuartería no baja de 3.000 dólares. Y el salario de la mayoría no supera los 30 dólares.

Definitivamente el país no cuenta con una estrategia para la solución que podría cubrir toda la isla. Las propias familias deben resolver con lo que «resuelvan».