El internauta cubano que se identifica en las redes sociales con el nombre de Rubén Pérez Bello, compartió una publicación en el Facebook para difundir la carta que, desde la isla, le escribió un cubano a Díaz Canel.


Carta al Sr Presidente, Miguel Díaz- Canel Bermúdez.

Y a todos los cubanos que quieran unirse a este respetuoso reclamo, devenido en reflexión:

Es cierto que en muchas ocasiones la crítica es malintencionada y tergiversadora de la verdad y de los hechos, pero también es cierto que los discursos trillados, las fórmulas obsoletas y la politiquería barata consumen todavía lo que queda de este país y la gente tiene miedo de llamar las cosas por su nombre.

Nos enseñaron desde que alcanzamos el uso de la razón, que todos tenemos que ser ovejas de un mismo rebaño, porque quien se atreve a discernir y tener diferente opinión es considerado «enemigo», cuando los verdaderos enemigos de todos, las serpientes escurridizas y oportunistas, son los hipócritas que callan, permitiendo que los problemas y las equivocaciones se acrecienten y se vuelvan insufribles.


Estas últimas medidas (la creación de las tiendas en MLC) son el colmo de la injusticia, y desde hace 61 años, vivimos de medidas en medidas que de una forma u otra laceran la dignidad del cubano trabajador.

Es cierto que tal vez dichas medidas sean las únicas, por muy radicales o extremas que parezcan, a las que puede recurrir el Estado cubano para mantener a flote una economía deformada y en ruinas, lo cual no las justifica ni por ello dejan de ser menos impopulares e injustas.

La falta de fe, confianza y de optimismo del pueblo en las mismas, sí está justificada, debido a que ya se suman una década tras otra de intentos desesperados y paliativos, pero la realidad es que el pueblo trabajador siempre es el que sufre, se siente relegado, humillado e infinitamente infeliz.

Es una verdad defendida por muchos estudiosos y especialistas del tema, que la igualdad socialista es una quimera, una utopía; va en contra de la naturaleza y de la esencia humana, puesto que no somos iguales ni en capacidades ni en talentos ni en sentimientos.

Un gobierno justo, lo que sí puede hacer por su pueblo, es garantizarle una vida digna y de derechos sociales, políticos y civiles a sus ciudadanos sin importar raza, edad, credo o posición social, lo demás sería igualitarismo y eso solo es útil para aniquilar el espíritu de los hombres. No obstante, el capitalismo en países subdesarrollados, donde sus gobernantes son ladrones y en nada se preocupan por el pueblo, es también un sistema oprobioso.

La cuestión objetiva, que me impulsa a escribir estas líneas, es el hecho indiscutible de que desde hace demasiado tiempo ya, el trabajador cubano, es un ser maltratado, atropellado por las insatisfacciones de toda índole, sin esperanzas, sin ilusiones, porque nadie puede vivir dignamente con el sudor de su frente.

Se antepusieron ciertos «ideales» que se convirtieron en la obsesión de unos pocos y más aún, en la cruzada personal de un solo hombre en contra del capitalismo, lo que trajo como consecuencia que cada uno de nosotros como individuo, dejó de ser importante y nos sumaron a todos a una conciencia en grupo y a una mentalidad de masas que por lo general, se deja llevar por los apasionamientos y carece de razones bien pensadas; se perdió de vista al pueblo, sus aspiraciones y necesidades.

Crecimos amando las convicciones de alguien más, los conceptos y principios de alguien más, sin darnos tiempo siquiera a racionalizarlos y decidir si queríamos realmente abrazarlos o no, y es bien sabido que cuando uno ama algo o a alguien desde la niñez, es casi imposible dejarlo de hacer de adultos.

Eso es lo que se conoce como adoctrinamiento, y nos adoctrinaron a todos desde la cuna, en pos de valores como la solidaridad y el humanismo, los cuales, dicho sea de paso, siempre han formado parte esencial de nuestra idiosincrasia, pero el problema real, es que estos preciosos valores, se convierten en hipocresía cuando se trata de ser más humanos y solidarios con los de «fuera» que con nosotros, los de «dentro»; ¿tengo acaso que mencionar aquí todo lo se le ha quitado a este país para regalarlo a otros pueblos en apoteósica ofrenda, cuando en el nuestro ya se pedía el agua por señas?¿Cómo es posible que alguien pueda abrazar la idea de quitarle a nuestros hijos lo poco que tienen, para dárselo a los del vecino? Eso no es solidaridad, sino vergüenza e ignominia. ¿Cómo calificar realmente de «altruismo», una colaboración internacionalista que implica que las madres dejen a sus hijos pequeños o adolescentes, que los padres deleguen su rol de «cabeza de familia» en el primero que aparezca, que las familias se separen por años y los matrimonios se rompan? No niego que puedan coexistir la vocación solidaria con la necesidad de prosperidad económica, pero esta última es sin dudas el principal objetivo de aquellos que se alejan de sus seres queridos, independientemente de que, por vergüenza, humanismo, amor y respeto, la inmensa mayoría de nuestros profesionales, realicen una labor encomiable.

Cuba desde hace mucho, es un paraíso para los cubanos que viven en el exterior, pero para los que trabajan y se sacrifican dentro de la isla es un infierno, una lucha constante y sin cuartel, un incesante estrés y una incertidumbre enfermiza respecto al bienestar económico de nuestras familias.

Cierto que hay paz y tranquilidad públicas, pero la «procesión» la llevamos por dentro. Son millones de argumentos los que podría escribir ahora mismo, pero este comentario, se volvería interminable.

Aún hoy, se nos continúa exigiendo resignación y acatamiento, porque la educación y la salud son supuestamente gratis, ya que básicamente serían las únicas dos cosas que quedarían de lo que un día fueron innegables conquistas de la Revolución, pero la realidad es que hoy ni siquiera eso es cierto, pues nos las descuentan desde el mismo instante en que el sueldo promedio de los ciudadanos no alcanza para comer, mucho menos vestir, vacacionar, comprar una casa, ni una bicicleta siquiera y nuestros hijos en todos los años que dura su niñez, no pueden aspirar a un juguete de calidad y medianamente atractivo.

Al ciudadano de a pie, le han aniquilado los sueños, las aspiraciones, la motivación por el trabajo, el estudio, en fin, desde hace años la injusticia es palpable, y ahora con las nuevas y desesperadas medidas económicas nos acaban de dar el tiro de gracia.

Nuestros dirigentes continúan pidiéndonos resistencia, pero resistir ¿para qué? para quién? Resistir no es «vivir» ; uno resiste por lo que vale la pena, por aquel país donde uno es feliz, se siente pleno, realizado y en el cual se depositan las ilusiones de un futuro mejor y más próspero, pero desde hace demasiado (para cualquiera que no tenga una o dos vidas de repuesto) todos nuestros sueños se hacen añicos y todo se reduce a » buenas intenciones» , y todos sabemos que «de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno»; entonces ¿qué continuamos defendiendo? ¿hasta cuándo vamos a estar viviendo de las glorias pasadas, como si nos hubiésemos detenido en el tiempo y el espacio? ¿acaso vale la pena sacrificar la vida de millones más en pos de consignas obsoletas? («…del pueblo, con el pueblo y para el pueblo.»)

Las distancias entre el socialismo y el capitalismo no creo que sean tan insalvables, muchos países lo ejemplifican, pues se trata únicamente de que aquellos que se encuentren en el poder, tengan la voluntad y el sagrado propósito de responder a los intereses del pueblo, sea el sistema que sea, ¿quién si no el propio José Martí afirmó sobre el socialismo: » … de ser siervo de sí mismo, pasaría (el trabajador) a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, pasaría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él y todo el poder que iría adquiriendo la casta de funcionarios ligados por la necesidad de mantenerse en una ocupación privilegiada y pingüe, lo iría perdiendo el pueblo, que no tiene las mismas razones de complicidad y provechos…»,

Luego continúa nuestro Apóstol explicándonos, que el pueblo, carecerá de los medios, y de toda posibilidad de enfrentamiento y de triunfo, frente a esos funcionarios o dirigentes, enlazados por intereses y prebendas comunes que no estarían dispuestos a perder o a ceder por la vía pacífica.

En definitiva, que capitalismo y socialismo son solo dos conceptos que pueden hermanarse o enemistarse, acercarse o alejarse, porque la realidad es que son los hombres que lideran las naciones los que marcan la diferencia, con la voluntad y el firme propósito de servir al pueblo que les ha elegido.

¿Cuántos cubanos más se sacrificarán entonces, en pos de un sistema que, a pesar de ser, como teoría, noble y generoso porque se erige como defensor del pueblo, de los trabajadores y de los humildes, nunca será factible ni eficiente porque su gran contradicción radica en su propia esencia y es que «lo que es de todo el mundo, a nadie le importa» pero suponiendo que de alguna manera que yo no logro visualizar, lograra ser eficiente y competitivo, con una economía simbiótica, hija de ambos sistemas, son muchos ya los paises capitalistas que han demostrado que se puede alcanzar un nivel de equidad, democracia y justicia social encomiables. ¿Será posible encontrar un término medio que sea factible para la Isla o tal vez una tercera opción?

La solución apremia, la solución es cuestión de vida o muerte. No abogo porque perdamos la dignidad, pero sí lo hago porque dejemos ya la soberbia, el orgullo y la obstinación a un lado porque el verdadero meollo del asunto aquí es que los que viven bien en este país, viajan, visten, comen, disfrutan de privilegios en Cuba y en esta sociedad tan ponderada como la más humana de todas, no son precisamente los trabajadores, no son los humildes, no es el pueblo.

Es inadmisible que a tantos años de Revolución continuemos comparándonos con los países que están mucho peor, para poder aferrarnos a la idea de que vamos bien y por el camino correcto. Es inaudito que enarbolemos como éxitos de la Revolución todo lo que se hace en cuestión de solidaridad por otros países, cuando el cubano humilde tiene un nivel de vida indecoroso. ¡¡¡¿El pueblo de Cuba qué?!!! ¡¡¡¿Hasta cuándo los trabajadores de este país vamos a permanecer invisibles?!!!! Para esto no se hizo la Revolución o al menos no fue eso lo que entendimos. No fue lo que soñamos y muchísimo menos lo que estamos dispuestos a defender.

Los dirigentes de cualquier nación civilizada y justa tienen como primer y sagrado deber, resolver los problemas, satisfacer las necesidades y aspiraciones, y responder a los intereses del pueblo al que han sido llamados a servir, de lo contrario y como dijera José Martí, innegablemente vigente: «Cuando un pueblo emigra, los gobernantes sobran».

El bloqueo es real, es decir, ambos bloqueos lo son, el externo y el interno, pero obviamente sin el bloqueo impuesto por los Estados Unidos, este país no se encontraría en situación tan precaria, pero preguntémonos también hasta qué punto la política y la diplomacia han sido inflexibles, negándose a hacer concesiones perfectamente plausibles que habrían contribuido a suavizar e incluso hasta hacer desaparecer la hostilidad del imperio, como la de realizar elecciones verdaderamente democráticas, en las que cada cubano individual directa y secretamente elija a sus gobernantes, o la de aceptar la existencia de otro partido, lo cual dicho sea de paso, nos habría amparado de la desvergüenza de decir ante el mundo, que un presidente ha sido electo por más de cincuenta años, sin contarse un solo voto en contra, y resulta penoso no porque fuese mentira, si no porque fuera verdad, dando lugar a uno de los más trascendentales ejemplos de despotismo personal y despotismo político, lo cual denota la oprobiosa sumisión y falta de valentía en que hemos vivido. Ambas cuestiones constituyen una franca violación de los derechos políticos en cualquier nación que se precie de ser y se autoproclame «democrática».

En definitiva, una importante cantidad de ciudadanos de este pueblo, ya no soportamos más tanta manipulación, justificaciones que tributan equivocadamente al pasado y que nos han robado el presente, y es que no olvidarnos de la Historia ni de nuestros héroes es una cosa muy distinta a vivir en un pasado que no resuelve más nuestros problemas y nos hace esclavos de un agradecimiento eterno y viciado por lo que un día «fue» que ya no «es» por lo que hace años atrás «quizás» fue » bueno», pero que hoy es «inaguantable» y que, por si fuera poco, en nombre de ese agradecimiento, se posesionan y se arraigan de forma vitalicia los dignatarios y se cuestionan, se reprimen o se anulan nuestros derechos y libertades civiles.

Es humano y natural continuar avanzando, buscar otras alternativas, desear un cambio que conduzca a la prosperidad y al desarrollo. Sí se lograron cosas, si se alcanzaron bondades y garantías, pero hoy ya no son suficientes, ni siquiera justas, y si existe oscuridad donde un día hubo luz, entonces nada nos puede obligar a quedarnos a oscuras.

Es muy fácil exigir resistencia cuando no se reciben los golpes sobre el «ring», cuando no se carece hasta de lo más elemental, cuando se tiene todo, mientras que los demás no tenemos ni dignidad siquiera: nos caemos a mordidas en las colas, no respetamos niños, ni ancianos ni embarazadas, al no ser que las fuerzas del orden estén de por medio.

Es aberrante y vergonzosa la situación de este pueblo pero no desde ahora, desde hace muchísimo tiempo, nuestro pueblo no solo destila veneno como la ortiga, sino que además nos hemos vuelto insensibles e hipócritas, la indiferencia, la falta de empatía por aquellos que sufren y la cobardía, nos consumen. Sencillamente este pueblo ya no es más el pueblo de Martí, de Maceo ni de Céspedes.

Resistir ¿ para qué ? ¿ para quién? Resistir no es "vivir"…. (Algo muy claro y profundo que me envió un amigo desde…

Posted by Ruben Perez Bello on Thursday, August 20, 2020

Aclaro, para todo aquel que lea mis palabras, que no me mueven ni el odio ni el resentimiento, ni estoy al servicio de nada ni de nadie, al no ser de mi conciencia, pues no soy mercenaria ni jamás lo seré. Si alguien piensa totalmente diferente, permítame decirle que defiendo apasionadamente el legítimo derecho de todos los seres humanos a tener la posibilidad de expresarnos y defender nuestras opiniones y estoy además muy en contra de la intolerancia, la falta de mesura y de respeto, pues a fin de cuentas, cada quien entiende las cosas según su nivel de percepción, de conciencia y sensibilidad, así como por sus intereses personales y por las circunstancias en las que se desenvuelve; es imposible que en tan vasto océano de seres humanos, todos pensemos exactamente igual, la unanimidad es completamente imposible, es una falacia, una mentira más, no continuemos pretendiendo que sí, como hasta aquí hemos fingido en Cuba por tantos años, porque un pueblo es diferencias, contradicciones, conflictos, un pueblo está compuesto por los que van a favor de la corriente y por los que van en contra, por los que alzan sus voces y por los que callan, por los que tienen mentalidad de progreso y por los retrógrados, anacrónicos, por los más malcriados e inconformes y por aquellos a quienes todo les satisface y parece bien, en fin…, de lo contrario sustentaríamos una mentira más, y no estaríamos hablando de un pueblo, sino de un puñado de autómatas. Todos SOMOS CUBANOS, los dogmáticos y los que no abrazamos estereotipos, los más agradecidos o desagradecidos según los diferentes puntos de vista, aquellos con opiniones controvertidas y revolucionarias o sencillamente lógicas, a todos se nos tiene que tener en cuenta porque todos valemos lo mismo para la patria, y la patria no es un Gobierno ni un Gobernante, la patria es Cuba. Cambiemos todo lo que tenga que ser cambiado, si se quiere salvar lo que de grande y humano tuvo nuestra Revolución, es hora ya de otra revolución dentro de la nuestra. No continuemos cegados por un falso resplandor y abracemos a nuestro Apóstol como faro indiscutible del bien:

«…de los derechos y opiniones de sus hijos todos, está hecho un pueblo, y no de los derechos y opiniones de una sola clase de sus hijos.»

Saludos. Qué Dios los bendiga a todos.