EE.UU. busca quitarle la ciudadanía a cubana de Miami vinculada a fraude millonario en casino

El Gobierno de Estados Unidos avanza en un proceso judicial para retirar la ciudadanía estadounidense a una mujer de origen cubano residente en Miami, acusada de presuntamente ocultar su participación en una trama de lavado de dinero cuando solicitó la naturalización.

La demanda civil se presentó contra Milagros Marileisis Acosta Torres, de 40 años, quien años después de convertirse en ciudadana estadounidense se declaró culpable de conspiración para lavar parte de los fondos obtenidos mediante un fraude de aproximadamente 5.3 millones de dólares contra el Miccosukee Resort & Gaming, en Miami-Dade.


El Departamento de Justicia sostiene que Acosta Torres no habría cumplido legalmente con los requisitos para naturalizarse, debido a que presuntamente participaba en actividades delictivas mientras tramitaba la ciudadanía y negó esos hechos tanto en su solicitud como durante una entrevista bajo juramento.

El caso coloca nuevamente bajo atención los procedimientos de desnaturalización en Estados Unidos, una herramienta excepcional mediante la cual el Gobierno puede solicitar a un tribunal que anule una ciudadanía si logra demostrar que fue obtenida ilegalmente, mediante fraude o a través del ocultamiento de información relevante.

La ciudadanía todavía no ha sido revocada

Aunque el proceso ha avanzado, Acosta Torres continúa siendo ciudadana estadounidense mientras no exista una sentencia definitiva en su contra. La demanda presentada por el Gobierno no equivale automáticamente a la pérdida de la ciudadanía. Corresponderá a un juez federal del Distrito Sur de Florida evaluar los argumentos, documentos y antecedentes incluidos en el expediente.

Las autoridades deberán demostrar que la acusada proporcionó información falsa de manera consciente y que esos datos eran suficientemente importantes como para haber influido en la aprobación de su naturalización.

Acosta Torres podrá responder a la demanda, presentar evidencias, cuestionar las afirmaciones del Gobierno y ejercer su derecho a la defensa antes de que el tribunal adopte una decisión.


La administración federal ha pedido que, si la acción prospera, la mujer sea obligada a entregar su certificado de naturalización, pasaporte estadounidense y otros documentos que acrediten su ciudadanía en un plazo de diez días.

El origen del expediente: un fraude de 5.3 millones de dólares

La investigación está relacionada con un complejo esquema ejecutado durante varios años contra el Miccosukee Resort & Gaming, un casino situado al oeste de Miami-Dade y operado por la tribu Miccosukee de Florida. Según los documentos del caso, la operación comenzó alrededor de enero de 2011 y se prolongó hasta octubre de 2018.

Durante ese período, varios empleados y colaboradores externos habrían manipulado máquinas tragamonedas para generar comprobantes fraudulentos de crédito.

Los cupones simulaban ganancias legítimas y posteriormente eran presentados para ser canjeados por dinero en efectivo. La repetición del procedimiento habría permitido extraer gradualmente millones de dólares sin provocar una detección inmediata.

Las pérdidas atribuidas al fraude fueron calculadas en aproximadamente 5.3 millones de dólares, una cifra que convirtió el caso en una de las investigaciones financieras más relevantes vinculadas a las operaciones internas del casino.

El papel del esposo de la acusada

Johander Jorrin Melhen, esposo de Acosta Torres, trabajaba en el establecimiento y fue señalado como uno de los participantes en la trama. De acuerdo con la investigación, Jorrin Melhen y otros implicados aprovechaban su acceso y conocimiento de los sistemas del casino para intervenir las máquinas y producir comprobantes que reflejaban créditos inexistentes.

El dinero era retirado posteriormente como si procediera de premios legítimos. Este mecanismo permitió convertir créditos generados fraudulentamente en efectivo real, que luego debía ser trasladado, depositado y utilizado sin despertar sospechas de las autoridades financieras. Es en esa segunda etapa del esquema donde los fiscales ubicaron la participación de Acosta Torres.

Cuentas bancarias utilizadas para mover el dinero

Las autoridades sostienen que la cubana colaboró con el lavado de los fondos mediante la apertura y utilización de cuentas en JPMorgan Chase y Bank of America. El dinero obtenido del casino se depositaba de forma fraccionada, generalmente en cantidades inferiores a los 10,000 dólares.

Este patrón tuvo como objetivo evitar los mecanismos de control que se activan cuando una institución financiera recibe grandes depósitos en efectivo.

Dividir una suma considerable en múltiples transacciones pequeñas puede ser considerado un indicio de estructuración financiera, especialmente cuando existe la intención de eludir los reportes obligatorios o dificultar el rastreo del origen del dinero.

Según la documentación citada en el caso, Acosta Torres depositó aproximadamente 39,863 dólares en una cuenta y otros 16,830 dólares en una segunda. Sin embargo, su declaración de culpabilidad reconoció una participación más amplia: admitió haber ayudado a lavar al menos 147,970 dólares procedentes de la operación criminal.

El dinero se utilizó para adquirir propiedades y bienes

Los fondos no permanecieron únicamente en las cuentas bancarias. Parte del dinero al parecer se utilizó para adquirir una vivienda en Miami, comprar tres vehículos y financiar planes universitarios prepagados para los hijos de la pareja. Estos movimientos son relevantes para el caso porque reflejan cómo el dinero presuntamente ilícito habría sido integrado a gastos familiares y compras aparentemente legítimas.

En una investigación por lavado, las autoridades no analizan solamente la recepción del efectivo, sino también las operaciones destinadas a transformar, ocultar o utilizar fondos derivados de una actividad criminal. El Gobierno sostiene que Acosta Torres sabía que el dinero provenía del fraude cuando ayudó a depositarlo y emplearlo.

Solicitó la ciudadanía cuando la conspiración seguía activa

Uno de los elementos centrales de la demanda es la coincidencia temporal entre el fraude y el proceso de naturalización. Acosta Torres presentó su solicitud de ciudadanía en agosto de 2015. Apenas tres meses después completó el proceso y se convirtió en ciudadana estadounidense.

Para ese momento, la trama del casino llevaba varios años funcionando y todavía continuaría activa hasta 2018. En el Formulario N-400, utilizado para solicitar la naturalización, los aspirantes deben responder preguntas relacionadas con su conducta, antecedentes y posible participación en delitos, incluso cuando nunca hayan sido arrestados o acusados formalmente.

Acosta Torres respondió que no había cometido, intentado cometer ni ayudado a cometer un delito por el cual no hubiera sido detenida. De acuerdo con el Departamento de Justicia, reiteró esa respuesta durante la entrevista migratoria realizada bajo juramento. El Gobierno considera que esa declaración fue falsa porque, para entonces, la mujer ya presuntamente ayudaba a mover el dinero obtenido del casino.

La importancia del requisito de buena conducta moral

Para recibir la ciudadanía estadounidense, un solicitante debe demostrar, entre otros requisitos, buena conducta moral durante el período establecido por la ley antes de presentar la solicitud y hasta completar la naturalización.

Las autoridades pueden analizar no solo las condenas existentes, sino también comportamientos que, aunque todavía no hayan producido un arresto, puedan revelar participación en actividades ilegales.

En este caso, el Gobierno argumenta que Acosta Torres no reunía ese requisito porque se encontraba vinculada al lavado de dinero mientras tramitaba la ciudadanía. Además, los fiscales sostienen que sus respuestas impidieron que los funcionarios migratorios investigaran adecuadamente la situación.

La demanda afirma que, si la participación en el delito hubiera sido revelada, los agentes podrían haber rechazado la solicitud, retrasado el proceso o realizado una evaluación más exhaustiva.

Los cargos llegaron cuatro años después de la naturalización

Acosta Torres no la acusaron formalmente durante su proceso migratorio. Los cargos federales se presentaron el 16 de julio de 2019, aproximadamente cuatro años después de que recibiera la ciudadanía.

El hecho de que todavía no hubiera sido arrestada en 2015 no elimina necesariamente la relevancia de las preguntas del formulario de naturalización. La solicitud no se limita a preguntar por condenas o detenciones, sino que también exige revelar determinadas conductas delictivas, aunque las autoridades todavía no las hayan descubierto. Por esa razón, el Gobierno basa su caso en la supuesta participación previa de la mujer y no simplemente en la condena posterior.

La declaración de culpabilidad que reactivó el caso migratorio

El 30 de enero de 2020, Acosta Torres se declaró culpable de conspiración para cometer lavado de dinero. Durante el proceso penal reconoció que ayudó a lavar al menos 147,970 dólares y que sabía que los fondos procedían de una actividad ilícita.

Un tribunal federal la condenó a seis meses de prisión y 36 meses de libertad supervisada. También le obligaron a pagar 147,970 dólares en restitución.

Esa admisión se convirtió en una pieza central de la demanda de desnaturalización, debido a que sitúa su participación en la conspiración antes y durante el período en el que solicitó la ciudadanía. Las autoridades consideran que existe una contradicción directa entre lo que declaró ante el tribunal penal y las respuestas que ofreció previamente a los funcionarios de inmigración.

¿Por qué una condena no elimina automáticamente la ciudadanía?

Una persona naturalizada no pierde automáticamente la ciudadanía por ser condenada por un delito cometido después de obtenerla. La situación cambia cuando el Gobierno afirma que el delito ya se estaba cometiendo antes de la naturalización y que fue ocultado deliberadamente.

Para que prospere una demanda de este tipo, las autoridades deben convencer al juez de que la ciudadanía se la concedieron de manera ilegal o que existió una tergiversación material.

No basta con demostrar que el acusado cometió un delito en algún momento de su vida. El Gobierno debe vincular la conducta con el proceso de naturalización y explicar por qué la información omitida habría afectado la decisión de aprobar la solicitud.

En el caso de Acosta Torres, el argumento federal se apoya en que la conspiración comenzó en 2011, la ciudadanía fue solicitada en 2015 y el esquema permaneció activo hasta 2018.

Qué significa la desnaturalización

La desnaturalización es la anulación judicial de una ciudadanía obtenida previamente por una persona nacida fuera de Estados Unidos. Este proceso se diferencia de una renuncia voluntaria, porque es impulsado por el Gobierno y requiere una resolución de un tribunal.

Cuando una ciudadanía es revocada, la persona puede perder el derecho a votar, utilizar un pasaporte estadounidense, ocupar determinados cargos y recibir otras protecciones reservadas a los ciudadanos.

También deja de estar protegida contra una deportación basada en las leyes migratorias. Sin embargo, la desnaturalización y la deportación son procedimientos distintos. La pérdida de ciudadanía no significa necesariamente que la persona será expulsada de Estados Unidos de manera inmediata.

El posible regreso a su estatus migratorio anterior

Si el tribunal falla a favor del Gobierno, Acosta Torres podría regresar al estatus migratorio que tenía antes de naturalizarse. Esto dependerá de la situación legal previa, de la vigencia de su residencia permanente y de las consecuencias migratorias relacionadas con su condena.

Una condena por lavado de dinero puede generar problemas adicionales dentro de un proceso migratorio, especialmente si las autoridades consideran que se trata de una conducta que permite iniciar procedimientos de remoción.

En ese escenario, el Gobierno tendría que abrir un expediente separado ante las autoridades de inmigración. Allí se determinaría si existe una base legal para deportarla y si la mujer puede solicitar alguna defensa, alivio o protección para permanecer en el país.

Una eventual expulsión no sería automática

Aunque la demanda menciona la posibilidad de consecuencias migratorias, el tribunal que examina la ciudadanía no necesariamente decidirá una deportación. Primero tendría que resolverse el proceso de desnaturalización.

Posteriormente, el Departamento de Seguridad Nacional podría evaluar si corresponde emitir una notificación para comparecer ante un juez de inmigración. Ese segundo proceso tendría sus propios plazos, argumentos y garantías legales.

La mujer podría impugnar la deportación, cuestionar la clasificación de su condena o solicitar cualquier mecanismo de protección para el que pudiera ser elegible. Por ello, resulta impreciso afirmar que Acosta Torres será deportada automáticamente si pierde la ciudadanía.

El Gobierno busca recuperar los documentos estadounidenses

La demanda solicita que Acosta Torres entregue todos los documentos que recibió como consecuencia de su naturalización. Entre ellos se encuentran el certificado de ciudadanía y el pasaporte estadounidense.

El Gobierno también puede pedir que se actualicen los registros federales para reflejar que la persona dejó de ser ciudadana. Este paso tiene importancia práctica, porque impide que alguien continúe utilizando documentación estadounidense después de una sentencia de desnaturalización. La orden de entrega solicitada establece un período de diez días desde la eventual decisión judicial.

El caso forma parte de una ofensiva federal más amplia

El procedimiento contra Acosta Torres no aparece como un hecho aislado. Las autoridades federales han reforzado la revisión de expedientes de naturalización en casos relacionados con fraude financiero, delitos graves, crímenes de guerra, terrorismo, falsificación de identidad y ocultamiento de antecedentes.

El objetivo declarado es identificar a personas que supuestamente obtuvieron la ciudadanía sin cumplir los requisitos legales. La noticia de referencia menciona otros casos de personas de origen cubano sometidas a procedimientos similares.

Entre ellos aparece Mirelys Cabrera Díaz, cuya ciudadanía se la revocaron en marzo de 2026 en un expediente relacionado con fraude al programa Medicare. También se menciona a Yosmaikel Rodríguez Pérez, contra quien fue iniciado un proceso de desnaturalización vinculado a un presunto fraude de casi 887,000 dólares.

La diferencia entre un proceso penal y uno civil

Acosta Torres ya enfrentó las consecuencias penales por su participación en el lavado de dinero. Cumplió una condena de prisión, recibió libertad supervisada y fue obligada a pagar restitución. La demanda actual tiene una finalidad diferente. No busca volver a condenarla por el mismo delito, sino determinar si sus acciones y declaraciones invalidaron el proceso mediante el cual obtuvo la ciudadanía.

Por tratarse de una acción civil, el resultado principal sería la revocación de la naturalización, no una nueva sentencia de prisión. No obstante, la pérdida de la ciudadanía podría tener consecuencias profundas sobre su permanencia en Estados Unidos y su vida familiar.

Una batalla judicial centrada en lo que declaró en 2015

El núcleo del caso no es únicamente el fraude cometido contra el casino. La pregunta fundamental es si Acosta Torres mintió de forma deliberada cuando solicitó convertirse en ciudadana estadounidense. El Gobierno deberá demostrar que ya participaba en la conspiración, que conocía el origen ilegal de los fondos y que ocultó esa información conscientemente.

La defensa podría intentar cuestionar el momento exacto en que comenzó su participación, el alcance de su conocimiento o la importancia que esas respuestas tuvieron dentro del proceso migratorio. También podría argumentar que la declaración de culpabilidad posterior no prueba por sí sola cada una de las acusaciones incluidas en la demanda civil.

El tribunal federal tendrá la decisión final

La resolución del caso dependerá de la evidencia que sea presentada ante el juez. Por ahora, Acosta Torres conserva todos los derechos asociados a la ciudadanía estadounidense. No existe una orden definitiva para que entregue su pasaporte ni una decisión que autorice su deportación.

El proceso podría concluir con una sentencia a favor del Gobierno, un fallo favorable para la acusada, un acuerdo entre las partes o nuevas apelaciones. La decisión tendrá un impacto directo sobre su estatus jurídico y podría convertirse en otro ejemplo de cómo una condena penal puede reabrir, años después, un expediente migratorio que parecía completamente cerrado.


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