
Un viaje de vacaciones concebido para que un adolescente se reencontrara con sus familiares en Cuba terminó desencadenando una grave disputa entre su madre, el padre biológico del menor y el esposo actual de la mujer.
La protagonista de la historia es Dreisys Lianet Reyes, una cubana que reside en Estados Unidos desde 2016 y que recurrió a las redes sociales para narrar el conflicto que enfrenta después de enviar a su hijo de 13 años a la isla.
En un video de casi diez minutos publicado en TikTok, la mujer apareció visiblemente afectada y aseguró que varias decisiones relacionadas con el menor fueron tomadas sin su consentimiento. Lo que inicialmente debía ser una visita familiar se transformó, según su testimonio, en una discusión sobre autoridad parental, incumplimiento de acuerdos y límites dentro de una familia marcada por años de separación migratoria.
El episodio ha generado reacciones entre integrantes de la comunidad cubana en el exterior, especialmente entre madres y padres que viven separados de sus hijos o que deben coordinar viajes internacionales con exparejas residentes en Cuba.
La madre organizó y pagó el viaje de su hijo a Cuba
Dreisys explicó que asumió los gastos necesarios para que su hijo pudiera viajar con seguridad. Según relató, pagó más de 300 dólares por un servicio de acompañamiento para menores y compró además un boleto para que su actual esposo viajara con el adolescente. La intención era evitar que el joven tuviera que realizar solo el trayecto y garantizar que llegara al domicilio familiar que había sido acordado antes de la salida.
La cubana sostuvo que no escatimó recursos para organizar las vacaciones y que su prioridad era que el muchacho pudiera compartir con sus parientes, visitar a personas cercanas y mantener una conexión con el país del que procede su familia. Sin embargo, la logística comenzó a complicarse cuando entró en contacto con el padre biológico del adolescente para coordinar su recogida y los desplazamientos que realizaría una vez en Cuba.
Una relación deteriorada desde los primeros meses de vida del menor
La madre afirmó que se separó del padre del muchacho cuando el niño tenía apenas ocho meses. De acuerdo con su versión, el hombre no habría participado de forma constante en la crianza ni enviado regularmente ayuda económica para la manutención. También lo acusó de mantener durante años una relación conflictiva con ella. «Nunca le mandó manutención, nunca se lo llevó… básicamente lo que quería era guerra psicológica conmigo», aseguró.
Estas afirmaciones forman parte exclusivamente del relato de Dreisys. La publicación original no incluye una declaración del padre del adolescente ni una respuesta del esposo actual de la mujer, por lo que no es posible conocer sus versiones sobre lo sucedido.
Pese a los desacuerdos acumulados, la madre aseguró que nunca intentó romper la relación entre padre e hijo. También sostuvo que evitó hablar negativamente del hombre frente al menor, incluso cuando consideraba que no había cumplido con sus responsabilidades.
Ese elemento ocupa un lugar central en su testimonio: Dreisys insiste en que no se oponía a que el adolescente viera a su padre durante el viaje, sino a que se alteraran las condiciones que ella había establecido.
El traslado hasta Las Tunas desencadenó el enfrentamiento
El problema comenzó cuando la mujer pidió a su expareja que, después de recoger al menor, colaborara con su traslado hasta Las Tunas. Según explicó, el adolescente quería visitar a un primo hermano y la madre deseaba que pudiera completar ese recorrido durante sus vacaciones.
El padre se habría negado a realizar el viaje con el argumento de que el combustible en Cuba estaba demasiado caro. También le habría dicho que, después de tantos años fuera de la isla, ella desconocía las dificultades económicas y de transporte que enfrentaban quienes seguían viviendo en el país.
Dreisys respondió que estaba dispuesta a pagar la gasolina necesaria. «Mi hijo quiere ir a Cuba, yo le estoy pagando todo, te estoy pidiendo un kilo, estoy diciendo a ti que pagues nada, yo lo estoy pagando todo», habría respondido la madre. Como alternativa, propuso que el hombre no recogiera al menor de inmediato y lo hiciera al día siguiente, una vez completada la visita familiar. El intercambio se volvió cada vez más tenso y reactivó conflictos que aparentemente venían acumulándose desde hacía años.
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♬ original sound – Dreisys Lianet Reyes
La crisis del combustible complica los desplazamientos familiares en Cuba
El argumento relacionado con el costo y la disponibilidad de gasolina añadió al conflicto una dificultad cotidiana que afecta a numerosos viajeros dentro de Cuba. Los desplazamientos entre provincias pueden implicar largas distancias, elevados gastos y problemas para conseguir combustible. Estas limitaciones suelen aumentar la dependencia de familiares con vehículos, transportistas particulares o servicios informales.
Aunque Dreisys se ofreció a pagar el combustible, su relato muestra cómo la situación económica cubana puede convertir una coordinación familiar aparentemente sencilla en una fuente adicional de tensiones.
En este caso, sin embargo, el desacuerdo no se limitó al costo del viaje. La discusión terminó girando en torno a quién tenía autoridad para decidir dónde permanecería el adolescente y bajo qué condiciones podría convivir con su padre.
La decisión del esposo actual agravó el conflicto
La madre afirmó que el episodio que más la lastimó no fue la negativa de su expareja a viajar hasta Las Tunas, sino la actuación de su actual esposo. Según su versión, ambos habían acordado antes del viaje que el padre biológico podría relacionarse con el adolescente, pero no llevárselo a su vivienda sin una autorización expresa.
Dreisys aseguró que, pese a esas instrucciones, su esposo permitió que el hombre se llevara al menor. La decisión habría sido tomada sin consultarla y después de que ella manifestara claramente su oposición. Para la mujer, ese acto representó una ruptura de la confianza matrimonial y una desautorización de su papel como madre.
El conflicto dejó así de ser únicamente una disputa con su expareja. También se convirtió en una crisis dentro de su relación actual, debido a que la persona encargada de acompañar y proteger al menor habría modificado los acuerdos establecidos antes del viaje.
Un poder notarial indicaba dónde debía permanecer el adolescente
Dreisys sostuvo que había preparado un poder notarial relacionado con el viaje y que en ese documento aparecía la vivienda donde debía permanecer su hijo durante la estancia en Cuba.
La mujer presentó ese elemento como una prueba de que las condiciones no fueron improvisadas. Según explicó, había definido previamente quién asumiría la responsabilidad inmediata del adolescente y dónde estaría alojado. «Yo hice el poder de mi hijo donde mi hijo iba a estar en una casa en Cuba, pero él no se lo podía venir a llevar… por la falta de respeto anterior», añadió.
No obstante, la existencia de un poder notarial no permite determinar por sí sola el alcance de los derechos de cada progenitor ni resolver un eventual conflicto de custodia. Eso dependería del contenido exacto del documento, de las órdenes judiciales vigentes, de la nacionalidad del menor y de las leyes aplicables en los territorios involucrados.
El caso demuestra la diferencia entre una autorización para acompañar a un menor durante un viaje y una orden judicial de custodia con restricciones específicas. Una carta o poder puede ser útil para trámites, atención médica o desplazamientos, pero no siempre sustituye una resolución judicial que establezca de manera clara quién puede tomar decisiones y si existen límites para los viajes internacionales.
“Desde 2016 lo he mantenido sola”
Durante su relato, Dreisys aseguró que desde su llegada a Estados Unidos ha cargado con el sostenimiento económico del adolescente. La madre afirmó que el padre no había pagado manutención y que tampoco se habría ocupado regularmente del menor. A pesar de ello, sostuvo que nunca utilizó esas diferencias para perjudicar el vínculo entre ambos.
Su pregunta a los seguidores reflejó la incertidumbre y la indignación que atravesaba en ese momento. La mujer pidió que le dijeran si estaba reaccionando de manera irracional o si, por el contrario, tenía motivos suficientes para sentirse traicionada.
Las reacciones en redes sociales mostraron posiciones divididas. Algunos usuarios consideraron que el esposo debía respetar estrictamente las instrucciones de la madre. Otros opinaron que el padre también tenía derecho a convivir con su hijo, siempre que no existiera una orden judicial que lo impidiera.
La discusión pública refleja lo complejo que puede resultar evaluar un conflicto de familia a partir del testimonio de una sola de las partes, sobre todo cuando no se conocen los acuerdos de custodia ni los documentos legales completos.
La madre asegura que el asunto ya está “en litigio”
Al concluir el video, Dreisys indicó que el caso se encontraba en litigio y advirtió que podía viajar personalmente a Cuba para resolver la situación. No precisó si ya existía una demanda formal, una orden de custodia, un proceso ante tribunales estadounidenses o alguna actuación legal en Cuba.
Tampoco aclaró si el adolescente tenía una fecha definida para regresar a Estados Unidos ni si en algún momento se le había impedido salir de la isla. Por esa razón, la historia debe entenderse, hasta ahora, como una denuncia pública sobre decisiones tomadas sin autorización, no como un caso confirmado de retención o sustracción internacional de un menor.
La diferencia es importante: una disputa familiar sobre el lugar donde permanece un niño durante sus vacaciones no equivale automáticamente a una sustracción parental. Esa clasificación dependería de la existencia de derechos de custodia, órdenes judiciales y una negativa real a devolver al menor en el plazo acordado.
Viajar al extranjero con hijos de padres separados exige acuerdos claros
Los viajes internacionales de menores pueden convertirse en situaciones especialmente delicadas cuando los progenitores están separados, viven en países diferentes o mantienen una relación conflictiva. Antes del traslado, resulta importante definir el itinerario, el domicilio de alojamiento, las fechas de entrada y salida, las personas autorizadas para recoger al niño y las decisiones que podrá tomar el adulto acompañante.
También conviene precisar por escrito si el menor podrá dormir en otra vivienda, desplazarse a una provincia distinta o permanecer a solas con uno de sus progenitores.
Cuando existe una orden de custodia, el viaje debe ajustarse a sus disposiciones. Si el documento es ambiguo o no regula salidas internacionales, una familia puede necesitar asesoría legal para evitar que un desacuerdo personal termine convertido en una disputa judicial.
El Departamento de Estado de Estados Unidos recomienda a quienes temen una salida o retención internacional sin consentimiento que consulten a un abogado y soliciten, cuando corresponda, una orden judicial con restricciones de viaje explícitas. También advierte que Estados Unidos no cuenta con controles rutinarios de salida que impidan automáticamente que un menor abandone el país sin el consentimiento de ambos padres, salvo que exista una orden válida que establezca esa limitación.
Una autorización de viaje no sustituye necesariamente una orden de custodia
Los documentos notariales son herramientas habituales cuando un menor viaja con un solo progenitor, con un familiar o con una tercera persona. Estos pueden autorizar el traslado, la atención médica de emergencia o determinados trámites durante la estancia. Sin embargo, su alcance depende del texto, de la jurisdicción y de los derechos legales de los padres.
Una autorización preparada por uno de los progenitores no siempre puede eliminar los derechos del otro, especialmente si ambos conservan la patria potestad o responsabilidad parental. Del mismo modo, permitir que un menor viaje con un adulto no significa necesariamente concederle autoridad ilimitada para cambiar los planes establecidos.
Por ese motivo, los especialistas suelen recomendar que los acuerdos no se limiten a expresiones generales. Deben indicar fechas, direcciones, teléfonos, acompañantes, autorizaciones médicas, itinerarios y condiciones de regreso.
El pasaporte del menor es otro elemento clave
Los requisitos de documentación dependen de la nacionalidad del niño y del país desde el que viaje. En el caso de menores estadounidenses de menos de 16 años, el Departamento de Estado exige normalmente que ambos padres o tutores autoricen la emisión del pasaporte, salvo que uno de ellos pueda demostrar que posee autoridad exclusiva o que concurra alguna de las excepciones previstas.
Sin embargo, contar con un pasaporte vigente no resuelve por sí solo las disputas sobre custodia ni impide una posible retención en el extranjero. El Departamento de Estado también ofrece el Programa de Alerta para la Emisión de Pasaportes de Menores, conocido como CPIAP, que puede avisar a un padre o tutor cuando alguien solicita un pasaporte estadounidense para su hijo. La herramienta está diseñada como mecanismo preventivo, pero no funciona como una prohibición automática de viaje.
La doble nacionalidad puede aumentar la complejidad
Los hijos de cubanos nacidos o residentes en Estados Unidos pueden tener vínculos jurídicos con más de un país. Cuando un menor posee doble nacionalidad, podría estar sujeto a requisitos documentales diferentes en cada territorio. También puede existir la posibilidad de que viaje utilizando un pasaporte distinto al estadounidense.
El Departamento de Estado aconseja contactar a la embajada o consulado del otro país cuando exista preocupación por la expedición de documentos extranjeros, ya que un menor con doble nacionalidad podría reunir condiciones para obtener otro pasaporte.
En los viajes a Cuba, esta situación puede adquirir particular relevancia debido a las diferencias entre los sistemas legales y a la limitada capacidad de una orden estadounidense para producir efectos inmediatos dentro de la isla.
El adulto acompañante debe conocer los límites de su autorización
El caso narrado por Dreisys también pone el foco sobre la responsabilidad del adulto que acompaña al menor. Una persona designada para viajar con un niño debe conocer con precisión qué puede y qué no puede decidir. Su función puede limitarse a custodiarlo durante el vuelo, entregarlo a una persona determinada o garantizar que llegue a un domicilio específico.
Modificar esos planes, permitir que el menor sea trasladado por otra persona o autorizar una estancia no prevista puede provocar un conflicto, aunque el tercero involucrado sea el padre biológico.
Por eso, cuando existen tensiones familiares, las instrucciones verbales pueden resultar insuficientes. Los adultos deberían llevar copias de los documentos, datos de contacto y un plan de actuación para situaciones imprevistas. También deben evitar asumir que un acuerdo informal con uno de los padres elimina la necesidad de consultar al otro.
Migración, distancia y viejas heridas familiares
El testimonio de Dreisys representa un problema que trasciende su experiencia personal. Miles de familias cubanas viven divididas entre la isla, Estados Unidos y otros países. Los hijos crecen con padres, abuelos y hermanos separados por fronteras, procesos migratorios y dificultades económicas.
Las vacaciones en Cuba suelen ser una oportunidad para reconstruir vínculos. Pero también pueden reabrir heridas relacionadas con ausencias prolongadas, manutención, autoridad, nuevas parejas y decisiones tomadas durante años de separación.
En ocasiones, el progenitor residente en el extranjero asume la mayor parte de los gastos, mientras el que permanece en Cuba reclama espacio dentro de la vida del menor. Esas diferencias pueden provocar resentimiento y convertir asuntos cotidianos —como un recorrido en automóvil o una noche en determinada vivienda— en conflictos de mayor alcance.
La crisis cubana también repercute en la dinámica familiar
La situación económica de Cuba añade presión a estas relaciones. Las dificultades de transporte, el costo de los alimentos, los apagones y la dependencia de las remesas afectan la manera en que las familias organizan sus visitas.
El familiar residente en el exterior puede considerar que, al pagar el viaje, tiene derecho a fijar todas las condiciones. Quienes viven en la isla, por su parte, pueden sentir que esas exigencias no toman en cuenta las limitaciones del país.
Estas percepciones enfrentadas no justifican incumplir acuerdos, pero ayudan a explicar por qué una coordinación aparentemente sencilla puede escalar rápidamente. En el caso de Dreisys, la discusión sobre la gasolina terminó siendo solo el inicio de una disputa más profunda sobre respeto, autoridad y confianza.
Unas vacaciones convertidas en una batalla familiar
Lo que comenzó como una visita para que un adolescente compartiera con su familia terminó exponiendo años de desacuerdos entre sus padres y una inesperada ruptura de confianza dentro del matrimonio de la madre.
Dreisys insiste en que no pretendía impedir el vínculo entre padre e hijo. Su reclamo, según explicó, se centra en el incumplimiento de las condiciones que estableció y en que personas de su confianza tomaron decisiones sin informarle.
Mientras el caso continúa generando opiniones en redes sociales, la mujer asegura que está dispuesta a viajar a Cuba y acudir a las vías legales que considere necesarias. Por el momento, solo se conoce públicamente su versión. No han trascendido declaraciones del padre biológico ni del esposo actual, y tampoco existe información verificable sobre el estado del supuesto litigio.
La historia deja una lección que muchas familias migrantes conocen de cerca: cuando los hijos viajan entre países y los adultos arrastran conflictos sin resolver, unas vacaciones pueden convertirse rápidamente en una disputa emocional y legal difícil de controlar.





