
Un cubano residente en Estados Unidos denunció que desconocidos lograron tomar el control de su cuenta de Bank of America, modificar repetidamente sus credenciales e intentar transferir una importante suma de dinero mientras él trataba de recuperar el acceso con ayuda del servicio de atención al cliente.
El afectado, identificado como Alexis Torres, descubrió la situación después de recibir una notificación sobre un movimiento entre sus cuentas bancarias. Lo que en un primer momento parecía una transferencia irregular terminó convirtiéndose en una carrera contra el tiempo para impedir que los atacantes retiraran sus ahorros.
De acuerdo con su testimonio, los intrusos no se limitaron a utilizar los datos de una tarjeta. Aparentemente, habían entrado directamente en su perfil de banca digital, desde donde podían cambiar contraseñas, bloquear al titular e intentar enviar fondos hacia cuentas externas.
La rápida reacción del cliente y el bloqueo de las operaciones sospechosas evitaron que perdiera dinero. Sin embargo, el incidente puso fin a una relación de aproximadamente once años con Bank of America y reavivó las preocupaciones sobre el robo de credenciales, la seguridad de las cuentas financieras y el creciente alcance de los fraudes digitales.
Una notificación inesperada encendió las alarmas
Torres relató que todo comenzó cuando regresó de trabajar y recibió una alerta sobre una transferencia desde su cuenta de ahorros hacia su cuenta corriente. El movimiento le resultó extraño porque no lo había realizado ni autorizado. Ante la posibilidad de que alguien estuviera manipulando sus fondos, intentó entrar de inmediato en la aplicación o en el portal digital de Bank of America.
Fue entonces cuando comprobó que la situación era mucho más grave de lo que había imaginado. En menos de dos minutos, los atacantes cambiaron la contraseña y lo dejaron sin acceso. Cada intento de recuperación era seguido por una nueva modificación de las credenciales, lo que indicaba que otra persona continuaba conectada a la cuenta.
El afectado insistió en que no se trataba de una tarjeta clonada ni de un consumo desconocido en un comercio. «No estamos hablando de que me clonaron la tarjeta en una gasolinera […] accedieron a mi cuenta de banco», advirtió. Los responsables parecían tener acceso al perfil bancario completo, una condición que puede permitir revisar balances, transferir fondos, cambiar datos personales y alterar los mecanismos de recuperación.
El control de una cuenta bancaria va más allá de una tarjeta robada
La diferencia entre una tarjeta comprometida y una cuenta digital intervenida es significativa. Cuando los delincuentes obtienen los números de una tarjeta, normalmente intentan realizar compras, retiros o pagos no autorizados. Aunque ese tipo de fraude puede causar pérdidas importantes, el banco todavía mantiene comunicación con el cliente a través de la cuenta y sus datos de contacto.
En una toma de control de cuenta, el atacante intenta convertirse digitalmente en el titular. Puede cambiar la contraseña, modificar el correo electrónico, añadir un número telefónico, crear nuevos destinatarios y solicitar transferencias.
Ese nivel de acceso también puede dificultar que la víctima demuestre que no autorizó las operaciones, especialmente cuando los delincuentes utilizan dispositivos reconocidos, contraseñas correctas o códigos de seguridad obtenidos mediante engaños. Por esa razón, la intervención de una cuenta suele considerarse una amenaza más amplia que la clonación de una tarjeta física.
Cambiaron la contraseña mientras el cliente hablaba con el banco
Torres llamó al servicio de atención de Bank of America después de las 11:00 de la noche para reportar la actividad sospechosa y tratar de recuperar el acceso. Una representante de la institución le proporcionó una contraseña temporal. Sin embargo, mientras el cubano todavía permanecía en la llamada, los atacantes volvieron a modificar la clave y lo expulsaron nuevamente del sistema.
Según contó, la contraseña fue cambiada tres veces durante el episodio. “Ellos estaban en el sistema y me estaban sacando a mí”, explicó al describir el modo en que los desconocidos respondían casi inmediatamente a cada intento de recuperación.
La secuencia generó dudas sobre el alcance del acceso que habían obtenido los delincuentes. No estaba claro si conocían únicamente las credenciales bancarias o si también controlaban el correo electrónico, el teléfono o alguna cuenta utilizada para restablecer contraseñas.
La posibilidad de que el atacante mantuviera acceso a varios servicios explicaría por qué podía recuperar el control después de cada intervención del cliente y de la representante bancaria.
@alex86is #identidad #bankofamerica #dinero #bancos #robos ♬ sonido original – ALexis Torres
Los atacantes intentaron enviar dinero a cuentas externas
Mientras trataba de proteger sus fondos, Torres logró mover 3,000 dólares desde su cuenta corriente hacia la cuenta de ahorros. Al mismo tiempo, los intrusos intentaban transferir una cantidad considerable hacia cuentas externas. Las operaciones fueron detectadas y bloqueadas por Bank of America antes de completarse.
El dinero no llegó a salir, pero el incidente mostró la velocidad con la que puede desarrollarse un fraude digital. En muchos casos, los delincuentes intentan fragmentar los retiros o transferencias para reducir la posibilidad de que los sistemas automáticos los identifiquen. También pueden mover los fondos entre varias cuentas antes de enviarlos a un destino final, dificultando su recuperación.
No existe información pública que confirme qué cantidad intentaban retirar de la cuenta de Torres, quiénes estaban detrás del ataque o a qué entidades serían enviados los fondos. Lo que sí dejó claro el testimonio es que el margen de reacción fue muy reducido. Entre la primera notificación, el cambio de contraseña y el intento de transferencia transcurrieron solo unos minutos.
La reacción inmediata evitó una posible pérdida económica
La atención prestada a las alertas bancarias fue uno de los factores que permitió contener el incidente. Torres revisó la notificación, entró en la plataforma y llamó al banco sin esperar al día siguiente. Esa respuesta rápida dio a la entidad la posibilidad de bloquear los movimientos antes de que el dinero abandonara las cuentas.
Una alerta que parece rutinaria puede ser la única señal inicial de que alguien está tratando de modificar un perfil financiero. Los bancos suelen enviar notificaciones cuando se inicia sesión desde un dispositivo desconocido, se cambia una contraseña, se añade un destinatario, se realiza una transferencia o se modifica información personal.
Ignorar esos mensajes puede dar tiempo a los atacantes para completar una operación. Sin embargo, los usuarios también deben verificar que la alerta sea auténtica, ya que los delincuentes utilizan mensajes falsos para inducir a las víctimas a entrar en páginas fraudulentas.
La recomendación general es no acceder al banco desde enlaces recibidos por correo electrónico o mensaje de texto. Lo más seguro es abrir directamente la aplicación oficial o escribir la dirección de la institución en el navegador.
Once años como cliente terminaron tras el incidente
Aunque Bank of America bloqueó las transferencias y evitó la pérdida del dinero, Torres decidió retirar sus fondos al día siguiente. El cubano señaló que llevaba aproximadamente once años como cliente de la institución, desde alrededor de 2015, y que no había atravesado una experiencia similar.
Sin embargo, la facilidad con la que los atacantes parecían recuperar el acceso deterioró su confianza. Su decisión de cerrar o abandonar la cuenta no estuvo relacionada con una pérdida económica consumada, sino con la percepción de que sus ahorros podían volver a quedar expuestos.
El testimonio no prueba que los sistemas centrales de Bank of America hayan sido vulnerados. Un fraude de este tipo también puede originarse cuando el cliente entrega información en una página falsa, reutiliza una contraseña filtrada, pierde el control de su correo electrónico o sufre la intervención de su línea telefónica. La responsabilidad técnica del incidente no ha sido determinada públicamente.
Sospechas sobre una posible entrada a través de iCloud o Apple ID
Torres planteó que los atacantes pudieron haber obtenido información desde su cuenta de iCloud o Apple ID. Desde una cuenta digital de ese tipo pueden almacenarse correos, contactos, copias de seguridad, contraseñas o datos sincronizados entre dispositivos. Si un delincuente consigue entrar, podría acceder a información utilizada para recuperar otros servicios.
No obstante, esa hipótesis no ha sido confirmada por Apple, Bank of America ni por una investigación independiente. El cubano la presentó como una sospecha basada en la forma en que los atacantes retomaban el control de la cuenta bancaria.
Una contraseña comprometida no siempre significa que el banco haya sido atacado. En ocasiones, el punto de entrada se encuentra en el correo electrónico, el teléfono o un servicio conectado.
Por eso, después de un incidente de este tipo no basta con cambiar la clave de la banca digital. También es necesario revisar las cuentas asociadas, cerrar sesiones abiertas, eliminar dispositivos desconocidos y modificar las contraseñas de los servicios utilizados para recuperar el acceso.
Qué es una toma de control de cuenta
El episodio descrito por Torres presenta características de una toma de control de cuenta, conocida en el ámbito de la ciberseguridad como account takeover. Este fraude ocurre cuando una persona no autorizada obtiene las credenciales de un usuario y logra entrar en un servicio privado.
El objetivo puede ser robar dinero, realizar compras, solicitar préstamos, acceder a información personal o utilizar la identidad de la víctima para cometer otros delitos. Una vez dentro, el delincuente suele cambiar la contraseña y los datos de contacto para impedir que el propietario recupere el perfil.
También puede revisar mensajes anteriores, buscar documentos, identificar otras cuentas financieras o contactar a familiares y amigos haciéndose pasar por la víctima. Cuando el servicio comprometido es un correo electrónico, el impacto puede extenderse a numerosas plataformas, ya que muchos procesos de recuperación de contraseña dependen de esa dirección.
Cómo pueden obtener los delincuentes las credenciales
Las claves bancarias pueden ser robadas de distintas maneras. Una de las más frecuentes es el phishing, que consiste en enviar correos o mensajes que aparentan proceder de un banco. El usuario es dirigido a una página que imita el diseño de la institución y, al introducir su nombre y contraseña, entrega los datos a los atacantes.
Otra modalidad utiliza llamadas telefónicas. El delincuente se presenta como empleado del banco, asegura que existe una transferencia sospechosa y solicita un código de seguridad para supuestamente detenerla. Ese código puede ser precisamente el que el criminal necesita para confirmar el acceso o autorizar el movimiento del dinero. También existen programas maliciosos capaces de registrar lo que una persona escribe en su computadora o teléfono.
Las filtraciones de datos constituyen otro riesgo. Cuando una contraseña queda expuesta en una plataforma, los delincuentes suelen probarla en bancos, comercios y redes sociales, especialmente si el usuario reutiliza la misma combinación.
El peligro del intercambio fraudulento de tarjeta SIM
Otro método utilizado para controlar cuentas es el llamado SIM swapping o intercambio fraudulento de tarjeta SIM. En este esquema, el atacante convence a la compañía telefónica de transferir el número de la víctima a una nueva tarjeta.
Una vez completado el cambio, las llamadas y los mensajes de texto llegan al dispositivo del delincuente. Esto le permite recibir códigos de verificación enviados por bancos, correos electrónicos y redes sociales.
La víctima puede notar que su teléfono pierde repentinamente la señal o deja de recibir llamadas. Cuando se comunica con la compañía, el número ya puede haber sido transferido. Aunque no se ha confirmado que este mecanismo estuviera relacionado con el caso de Torres, forma parte de las vías utilizadas para superar sistemas de verificación basados en mensajes de texto.
Millones de dólares perdidos mediante fraudes digitales
El texto de referencia citó cifras del informe anual de 2025 del Centro de Denuncias de Delitos en Internet del FBI, conocido como IC3. De acuerdo con esos datos, los esquemas vinculados con la intervención fraudulenta de cuentas generaron unas 4,700 denuncias y pérdidas cercanas a 359.7 millones de dólares.
El monto muestra que estas operaciones no se limitan a pequeños cargos o compras no reconocidas. En algunos ataques, los delincuentes vacían cuentas bancarias, desvían pagos empresariales, intervienen correos corporativos o convencen a empleados de transferir dinero.
Las pérdidas pueden ser especialmente graves cuando la víctima tarda varias horas o días en detectar lo ocurrido. También debe tenerse en cuenta que no todos los incidentes son denunciados. Algunas personas sienten vergüenza, desconocen dónde reportar el fraude o recuperan el dinero mediante el banco y no presentan una queja ante las autoridades.
Un incidente anterior relacionado con un proveedor externo
Bank of America notificó en 2024 un incidente de seguridad relacionado con Infosys McCamish Systems, una empresa externa que presta servicios tecnológicos a instituciones financieras y compañías aseguradoras. El ataque contra ese proveedor expuso información correspondiente a 57,028 clientes. Entre los datos potencialmente afectados figuraban nombres, números de Seguro Social e información relacionada con cuentas.
En aquel momento, Bank of America indicó que sus propios sistemas no habían sido comprometidos directamente y que el incidente se originó en la infraestructura del proveedor. No existe evidencia pública que relacione aquella filtración con el ataque denunciado por Torres.
La referencia sirve, sin embargo, para mostrar que la seguridad financiera no depende únicamente de los sistemas internos de un banco. También intervienen proveedores, empresas de procesamiento, servicios en la nube, operadores telefónicos y plataformas digitales. Una falla en cualquiera de esos puntos puede exponer información utilizada posteriormente en intentos de fraude.
Preocupación entre cubanos residentes en Estados Unidos
El relato generó inquietud entre miembros de la comunidad cubana en Estados Unidos, donde se han denunciado estafas mediante transferencias electrónicas, falsas llamadas bancarias, clonación de tarjetas y mensajes fraudulentos.
Los recién llegados pueden ser especialmente vulnerables cuando desconocen cómo funcionan los procedimientos bancarios, las políticas de reembolso o los mecanismos para reportar un delito. En algunas estafas, los delincuentes se comunican en español y utilizan datos personales para generar confianza.
Pueden conocer el nombre de la institución, los últimos números de una tarjeta o la dirección de la víctima, información que en ocasiones procede de filtraciones anteriores. Ese conocimiento no significa que la llamada sea legítima. Los bancos no suelen pedir por teléfono la contraseña completa, el PIN de una tarjeta ni los códigos enviados para aprobar operaciones.
El uso de Zelle y las transferencias instantáneas
Las plataformas de pagos rápidos también se utilizan en numerosos fraudes porque permiten enviar dinero en pocos segundos. Los estafadores pueden asegurar que existe un pago pendiente, que la cuenta será suspendida o que se necesita una transferencia para verificar la identidad.
Otra técnica consiste en enviar una solicitud de dinero que la víctima confunde con un depósito. Una vez autorizado el pago, recuperar los fondos puede resultar difícil, sobre todo cuando la operación fue confirmada voluntariamente desde la cuenta del usuario. Los clientes deben revisar con cuidado si están recibiendo dinero o aprobando un envío. Tampoco deben realizar transferencias a supuestas “cuentas seguras” indicadas por una persona que llama diciendo representar al banco.
Qué hacer al detectar un movimiento sospechoso
Cuando una persona observa una operación que no reconoce, debe contactar inmediatamente a la institución mediante el número que aparece en la tarjeta o en el sitio oficial. También puede bloquear temporalmente la tarjeta o las transferencias desde la aplicación, cuando esa función esté disponible.
Es importante cambiar la contraseña desde un dispositivo confiable y revisar si el correo electrónico o el número telefónico asociados fueron modificados. El usuario debe cerrar las sesiones abiertas en otros dispositivos y eliminar aquellos que no reconozca.
También conviene revisar las reglas automáticas del correo electrónico. Algunos atacantes crean filtros que envían las alertas bancarias a la papelera o a una carpeta oculta para evitar que la víctima las vea.
El incidente debe documentarse con capturas de pantalla, números de caso, horarios de llamadas y nombres de los representantes que atendieron la reclamación.
La importancia de proteger el correo electrónico
El correo electrónico funciona como una llave para numerosas cuentas digitales. Desde él se pueden restablecer contraseñas, confirmar dispositivos y revisar notificaciones. Una persona que pierde el control de su correo puede quedar expuesta en servicios bancarios, redes sociales, tiendas en línea y aplicaciones laborales. Por eso, la contraseña del correo debe ser diferente a la utilizada en otros servicios.
También es recomendable activar la autenticación de dos factores mediante una aplicación de códigos o una llave física, cuando sea posible. Los mensajes de texto ofrecen una protección adicional, pero pueden ser vulnerables a ataques contra la línea telefónica.
Contraseñas únicas y administradores de claves
Una contraseña segura no debe basarse en nombres, fechas de nacimiento, números telefónicos o información que pueda encontrarse en redes sociales. También debe ser diferente para cada servicio.
Recordar decenas de combinaciones puede resultar difícil. Por eso, los administradores de contraseñas permiten crear y guardar claves largas sin necesidad de memorizarlas todas. El principal acceso al administrador debe estar protegido por una contraseña robusta y autenticación adicional. Después de una filtración, cambiar únicamente una contraseña puede no ser suficiente si la misma combinación fue utilizada en varias cuentas.
Revisar dispositivos y sesiones abiertas
Las plataformas digitales suelen mostrar una lista de dispositivos donde la cuenta permanece conectada. Los usuarios deben revisar periódicamente esa sección y cerrar las sesiones que no reconozcan.
También deben comprobar el lugar aproximado desde donde se produjeron los accesos, aunque la ubicación no siempre es precisa. Un inicio de sesión desde otra ciudad o país puede ser una señal de alerta, pero los delincuentes también utilizan redes privadas y servicios que ocultan su ubicación real. Si aparece un dispositivo desconocido, es recomendable cambiar la contraseña y cerrar todas las sesiones simultáneamente.
No confiar únicamente en la identificación de llamadas
Los estafadores pueden falsificar el número que aparece en la pantalla del teléfono. Una llamada puede mostrar el nombre del banco aunque en realidad proceda de un delincuente. Por esa razón, cuando alguien solicita información confidencial, la persona debe colgar y llamar directamente al número oficial.
No es suficiente devolver la llamada desde el historial reciente, porque el número mostrado puede haber sido manipulado. Los representantes legítimos pueden verificar una cuenta mediante procesos internos, pero no deberían pedir al cliente que revele códigos diseñados para autorizar transferencias.
Un caso sin pérdidas, pero con una advertencia amplia
Alexis Torres no perdió sus ahorros, pero estuvo cerca de enfrentar una situación económica grave. Su experiencia muestra que un atacante puede actuar mientras la víctima observa en tiempo real cómo cambia su contraseña y pierde el acceso.
También evidencia que la seguridad de una cuenta bancaria depende de varios elementos: el banco, el correo electrónico, el teléfono, los dispositivos conectados y los hábitos del usuario. La protección de una tarjeta física ya no es suficiente. Cada servicio asociado puede convertirse en una puerta de entrada.
El testimonio del cubano funciona como una advertencia para quienes dependen diariamente de aplicaciones bancarias y transferencias digitales. Una notificación inesperada, un teléfono sin señal, una contraseña que deja de funcionar o un correo sobre un cambio no solicitado pueden ser las primeras señales de que alguien intenta apropiarse de una cuenta.
Actuar con rapidez, utilizar canales oficiales y proteger todos los servicios vinculados puede marcar la diferencia entre contener el ataque o perder los ahorros acumulados durante años.





