Cuba a oscuras: termoeléctrica Antonio Guiteras pide confianza mientras el sistema eléctrico se hunde y aumentan las temperaturas

La central termoeléctrica Antonio Guiteras, considerada una de las instalaciones más importantes para la generación de electricidad en Cuba, pidió comprensión y confianza a la población en medio de una crisis energética que mantiene a extensas zonas del país sometidas a apagones prolongados, déficits superiores a los 2,000 megavatios y una creciente incertidumbre sobre la capacidad real del Gobierno para estabilizar el Sistema Eléctrico Nacional.

El mensaje lo difundió la propia CTE Antonio Guiteras a través de su cuenta oficial en X. La publicación reconoció que el servicio tarda en regresar, que las altas temperaturas agravan el malestar y que la población atraviesa jornadas cada vez más difíciles. Al mismo tiempo, destacó el esfuerzo de los trabajadores de las termoeléctricas, quienes permanecen durante largas horas intentando reparar averías, recuperar unidades y evitar nuevas desconexiones.


La declaración buscó mostrar el lado humano de una crisis que suele explicarse mediante cifras técnicas, partes oficiales y reportes de generación. Según el mensaje, muchos empleados pasan noches sin dormir, permanecen alejados de sus familias y trabajan bajo presión para devolver al sistema equipos que operan con elevados niveles de desgaste.

«Con el corazón en la mano. Sabemos que la luz tarda. Que el calor aprieta. Pero queremos que sepan una verdad: detrás de cada apagón, hay un trabajador eléctrico que no ha dormido, que no ha abrazado a su familiar. La situación energética es dura. Duele», dice el comunicado

Sin embargo, el llamado no incluyó un cronograma preciso para la recuperación de la central, una fecha estimada para reducir los apagones ni una explicación detallada sobre los recursos disponibles para ejecutar las reparaciones que necesita la planta.

Un llamado a la comprensión en uno de los peores momentos de la crisis

La petición de paciencia llegó cuando el sistema eléctrico cubano atravesaba una de sus jornadas más complejas del verano. Durante el lunes 20 de julio, el servicio permaneció afectado por déficit de capacidad de generación durante las 24 horas. La afectación máxima llegó a 2,128 megavatios en el horario nocturno, una cifra que refleja la profundidad del desequilibrio entre la energía disponible y la demanda real del país.

Para el martes 21 de julio, la Unión Eléctrica estimó que la disponibilidad durante el horario de máxima demanda sería de apenas 1,080 MW, frente a un consumo previsto de 3,200 MW. El déficit podía provocar una afectación cercana a los 2,150 MW.


En términos prácticos, esas cifras significan que el sistema solo tendría capacidad para cubrir aproximadamente una tercera parte de la demanda nacional durante el momento más crítico del día.

La insuficiencia obliga a distribuir la poca generación disponible mediante apagones programados y cortes de emergencia. No obstante, en muchas provincias los horarios oficiales dejan de cumplirse cuando ocurren averías inesperadas o salen del sistema nuevas unidades.

Los cortes pueden comenzar antes de lo anunciado, prolongarse durante más tiempo o repetirse después de breves períodos de servicio. Esta inestabilidad dificulta que las familias organicen sus actividades básicas y aumenta la percepción de que el sistema opera sin márgenes de seguridad.

El calor convierte cada apagón en una emergencia doméstica

La crisis energética adquiere una dimensión más severa durante los meses de verano, cuando las temperaturas elevadas incrementan el consumo de electricidad y hacen más difíciles las horas sin servicio. En viviendas sin ventiladores ni equipos de aire acondicionado, dormir se convierte en una tarea prácticamente imposible. Las familias permanecen durante la madrugada en portales, balcones o espacios abiertos intentando aliviar el calor.

Los apagones afectan también la conservación de alimentos. Los productos refrigerados pueden deteriorarse cuando los cortes duran demasiadas horas, lo que representa una pérdida especialmente grave en un país marcado por la escasez y los elevados precios.

La interrupción del servicio limita además la posibilidad de cocinar, cargar teléfonos, utilizar equipos médicos, conectar bombas de agua o mantener funcionando pequeños negocios familiares.

En numerosos edificios, la falta de electricidad significa también falta de agua, debido a que el suministro depende de equipos de bombeo. Cuando los cortes se extienden, las familias pueden quedar simultáneamente sin iluminación, ventilación, refrigeración y acceso regular al agua potable.

Las personas mayores, los niños, los enfermos y quienes dependen de dispositivos eléctricos enfrentan una situación especialmente delicada. Para estos grupos, un apagón prolongado no constituye únicamente una incomodidad, sino un riesgo adicional para su salud y bienestar.

El deterioro no se limita a la Antonio Guiteras

La situación de la Guiteras forma parte de un problema mucho más amplio. Varias de las principales plantas termoeléctricas del país permanecían fuera de servicio debido a averías, reparaciones o mantenimientos.

Entre las unidades afectadas se encontraban los bloques 5 y 6 de la termoeléctrica Máximo Gómez, ubicada en Mariel; la unidad 2 de la central Ernesto Guevara, en Santa Cruz del Norte; y la unidad 3 de la Antonio Maceo, conocida como Renté, en Santiago de Cuba.

Estas plantas forman parte de la infraestructura fundamental del Sistema Eléctrico Nacional. Cuando varias unidades fallan de manera simultánea, la capacidad de generación disminuye abruptamente y obliga a extender los apagones. El problema no depende solo de las termoeléctricas. Al menos 106 centrales de generación distribuida estaban paralizadas por falta de combustible.

Estas instalaciones, distribuidas por diferentes provincias, suelen utilizar motores que funcionan con diésel o fueloil. Su función es complementar la generación de las grandes centrales y cubrir parte de la demanda cuando ocurren averías o aumenta el consumo.

Sin combustible, esos equipos quedan inutilizados, aunque técnicamente estén en condiciones de funcionar. La crisis energética cubana combina así dos problemas simultáneos: la falta de capacidad técnica y la insuficiencia de recursos energéticos.

Una red eléctrica con escaso margen para responder a nuevas fallas

El Sistema Eléctrico Nacional opera con un margen de reserva extremadamente reducido. En condiciones normales, una red de generación necesita disponer de capacidad adicional para responder a averías imprevistas, aumentos del consumo o mantenimientos programados.

En Cuba, gran parte de esa reserva ha desaparecido. Muchas unidades trabajan durante períodos prolongados sin recibir intervenciones profundas, mientras otras permanecen limitadas y no consiguen alcanzar su potencia nominal. Cuando una planta sale del sistema, la generación perdida no siempre puede ser reemplazada de inmediato. La consecuencia es un aumento casi automático de los apagones.

La situación también dificulta realizar mantenimientos completos. Detener una unidad para repararla puede reducir todavía más la disponibilidad, pero mantenerla funcionando con desperfectos incrementa el riesgo de una avería mayor.

Este círculo obliga a las autoridades y a los técnicos a escoger entre dos opciones igualmente complejas: retirar equipos del sistema para repararlos o prolongar su operación mediante arreglos parciales y soluciones temporales.

La Guiteras acumula al menos 17 salidas no programadas en 2026

La termoeléctrica Antonio Guiteras se ha convertido en uno de los principales símbolos del deterioro del sistema eléctrico cubano. La unidad había registrado al menos 17 salidas no programadas en lo que iba de 2026. Cada una de estas desconexiones provoca la pérdida repentina de una parte importante de la generación nacional.

Una de las fallas más recientes ocurrió el 18 de julio. La planta logró sincronizarse con el sistema, pero permaneció conectada durante 26 minutos antes de volver a salir de servicio debido a un salidero en la caldera. La corta duración de su regreso mostró la fragilidad operativa de la instalación. Aunque los trabajadores consiguieron arrancar la unidad, el problema técnico impidió mantenerla estable.

Este tipo de incidentes genera una enorme frustración entre la población. La entrada de la Guiteras suele anunciarse como una mejora significativa para la generación nacional, pero sus posteriores salidas obligan a ampliar nuevamente los cortes.

La planta posee una gran importancia estratégica porque se trata de uno de los bloques unitarios con mayor capacidad del país. Su ausencia no puede ser compensada fácilmente por pequeñas instalaciones o por una sola fuente alternativa.

Una central estratégica que no recibe mantenimiento capital desde 2010

La Antonio Guiteras no recibe un mantenimiento capital desde 2010. Aunque la central ha pasado por reparaciones parciales y paradas técnicas, esas intervenciones no equivalen a una rehabilitación profunda de sus principales componentes.

Una planta termoeléctrica sometida a años de explotación necesita reemplazar piezas, inspeccionar sistemas, rehabilitar calderas, revisar turbinas y corregir daños acumulados. Cuando esos trabajos se postergan, las averías se vuelven más frecuentes y las reparaciones de emergencia terminan sustituyendo a las intervenciones planificadas.

El desgaste de la Guiteras no comenzó en 2026. La central ha experimentado durante años problemas técnicos, interrupciones, salideros, fallas en la caldera y dificultades asociadas al uso continuado de sus equipos.

La falta de inversiones suficientes, el acceso limitado a repuestos y las dificultades financieras han impedido realizar una modernización integral. El resultado es una instalación imprescindible para el país, pero cada vez más vulnerable a nuevas roturas.

Una reparación completa requeriría medio año fuera del sistema

La dirección de la planta había reconocido que una reparación profunda necesitaría sustituir aproximadamente 500 tubos de la caldera y ejecutar entre 1,000 y 1,200 cordones de soldadura. La complejidad de esos trabajos obligaría a mantener la termoeléctrica detenida durante al menos 180 días.

El plazo expone la magnitud del deterioro acumulado. No se trata de una avería sencilla que pueda resolverse mediante una reparación de pocos días, sino de una intervención extensa que requiere personal especializado, materiales, piezas y condiciones técnicas adecuadas. La paralización durante seis meses representaría un golpe considerable para el sistema eléctrico. Durante ese período, el país perdería una de sus principales fuentes de generación.

Sin embargo, continuar operando la planta mediante arreglos parciales tampoco garantiza estabilidad. Cada reparación temporal puede permitir que la unidad funcione durante un tiempo, pero no elimina necesariamente los problemas estructurales. La decisión de detenerla para una rehabilitación profunda supone asumir apagones adicionales en el corto plazo con la expectativa de mejorar su confiabilidad en el futuro.

La falta de piezas limita las posibilidades de recuperación

Los responsables de la planta también han reconocido que no disponen de todos los componentes necesarios para ejecutar una reparación capital. La disponibilidad de repuestos constituye uno de los principales obstáculos para el sector energético cubano. Muchas instalaciones utilizan equipos antiguos o tecnologías cuyos componentes deben importarse.

Las limitaciones financieras del país, las dificultades para acceder a créditos y los elevados costos de transporte complican la adquisición de materiales. En ocasiones, los técnicos recurren a la fabricación nacional de piezas, la recuperación de componentes usados o la adaptación de equipos disponibles. Estas alternativas pueden resolver problemas puntuales, pero no sustituyen una modernización completa.

La escasez de recursos incrementa el tiempo de las reparaciones y obliga a mantener en operación instalaciones que ya han superado largos períodos de explotación.

Los parques solares alivian, pero no sustituyen a las termoeléctricas

El Gobierno cubano ha presentado la expansión de la energía solar como una de las principales vías para reducir la dependencia de los combustibles fósiles y mejorar la generación. Durante las horas de mayor radiación, los parques fotovoltaicos pueden aportar electricidad y disminuir parcialmente el déficit. Sin embargo, su capacidad todavía no resulta suficiente para sustituir la potencia perdida por las grandes unidades termoeléctricas.

La generación solar disminuye cuando existen condiciones meteorológicas desfavorables y desaparece durante la noche, precisamente cuando aumenta el consumo residencial. Sin sistemas de almacenamiento a gran escala, la electricidad producida durante el día no puede conservarse en cantidades suficientes para cubrir la demanda nocturna.

Por esa razón, las fuentes renovables representan un complemento importante, pero no ofrecen todavía una solución inmediata para los apagones prolongados. La estabilización del sistema requiere combinar nuevas inversiones renovables con la rehabilitación de las plantas existentes, el acceso estable a combustible y la modernización de las redes de transmisión.

El mensaje intenta humanizar una crisis dominada por cifras

El comunicado del Contingente Antonio Guiteras puso el énfasis en los trabajadores y no en las instituciones responsables de la política energética. La publicación describió a empleados agotados que continúan laborando, pese a las limitaciones materiales y al impacto de las averías. También recordó que esos trabajadores sufren los mismos apagones que el resto de la población cuando regresan a sus hogares.

«Pero aquí, en cada termoeléctrica, hay un ejército que no se rinde. Que día tras día vuelve a ponerse el overol y sigue firme. No es resignación. Es resistencia. Es amor por Cuba. Al pueblo le pedimos comprensión, pero, sobre todo, confianza. No los defraudamos», agrega la nota de la Guiteras.

El enfoque pretende separar la responsabilidad individual de los técnicos y operarios de las decisiones de planificación acumuladas durante años. Buena parte de las críticas ciudadanas no se dirige contra los trabajadores, sino contra las autoridades que no han conseguido modernizar el sistema ni garantizar los recursos necesarios para su funcionamiento.

El reconocimiento del esfuerzo laboral puede generar empatía, pero no responde a las preguntas sobre la falta de inversiones, el envejecimiento de las plantas y la ausencia de un calendario confiable para superar la crisis.

Promesas oficiales que no consiguen devolver la confianza

El llamado de la Guiteras se suma a otras declaraciones realizadas por altos funcionarios después de recientes colapsos y apagones nacionales. El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, afirmó que los trabajadores del sector no se rendirían. El primer ministro Manuel Marrero también prometió recuperar el sistema en el menor tiempo posible después de otro apagón general.

Estos mensajes suelen destacar el sacrificio de los técnicos, la complejidad de las reparaciones y la necesidad de resistir. Sin embargo, la reiteración de expresiones similares ha reducido su impacto entre una ciudadanía agotada por años de interrupciones.

Los cubanos reclaman información más precisa sobre la disponibilidad de combustible, la duración de los mantenimientos, la situación de cada termoeléctrica y las medidas previstas para evitar nuevos colapsos.

La confianza se debilita cuando las autoridades anuncian la recuperación de una unidad y esta vuelve a salir del sistema pocas horas o días después. También existe malestar por la falta de correspondencia entre los bloques de apagones anunciados y la duración real de los cortes.

El déficit de julio alcanzó niveles sin precedentes

El mayor déficit mencionado en la información se registró el 10 de julio, cuando la afectación llegó a 2,341 MW. La cifra confirmó que la crisis había alcanzado un nivel extremadamente grave, con capacidad insuficiente para abastecer a amplios territorios de manera simultánea.

En algunos momentos, el volumen de electricidad no disponible se acercó a la capacidad total que el sistema podía entregar. Esta situación obliga a priorizar determinados circuitos, hospitales, servicios esenciales e instalaciones estratégicas. Como consecuencia, las áreas residenciales pueden permanecer durante más tiempo sin corriente.

La distribución de los apagones tampoco es uniforme. Mientras algunos sectores reciben varias horas de servicio, otros denuncian períodos mucho más breves o interrupciones casi continuas. Las diferencias alimentan acusaciones de desigualdad y reclamos por una distribución más transparente de la energía disponible.

La Habana tampoco escapa de los cortes prolongados

Aunque tradicionalmente la capital ha recibido un tratamiento diferente debido a su peso político, demográfico y económico, algunas zonas de La Habana han enfrentado cortes de entre 20 y 24 horas diarias.

La extensión de los apagones en la capital muestra que la crisis ha superado la capacidad de proteger incluso a los territorios considerados prioritarios. Los cortes afectan barrios residenciales, comercios, panaderías, restaurantes, centros laborales y servicios públicos.

Cuando la electricidad regresa, el incremento simultáneo del consumo puede generar nuevas sobrecargas y provocar interrupciones adicionales. La población intenta aprovechar esos breves períodos para cocinar, bombear agua, lavar ropa y cargar dispositivos. La concentración de todas esas actividades en pocas horas aumenta la presión sobre la red.

Matanzas reporta hasta 87 horas consecutivas sin electricidad

La situación resulta todavía más grave en algunas zonas de Matanzas, donde se han denunciado períodos de hasta 87 horas consecutivas sin servicio. La paradoja es especialmente significativa porque esa provincia alberga la termoeléctrica Antonio Guiteras, una de las principales plantas del país.

Las familias que viven cerca de una instalación fundamental para el sistema nacional también enfrentan apagones extremos cuando la central queda fuera de servicio. Permanecer más de tres días sin electricidad provoca pérdidas de alimentos, dificultades para abastecerse de agua y un deterioro profundo de las condiciones domésticas.

En esas circunstancias, cualquier breve recuperación del servicio se convierte en una oportunidad para atender múltiples necesidades acumuladas. Los apagones tan extensos generan además un impacto emocional. El cansancio, el calor, la falta de sueño y la incertidumbre aumentan la irritabilidad y el descontento social.

El impacto económico se extiende más allá de los hogares

Los apagones reducen la productividad y aumentan los costos de producción. Las fábricas interrumpen procesos, los comercios pierden mercancías y los servicios disminuyen su capacidad de atención. Una red eléctrica inestable también desalienta nuevas inversiones, porque las empresas necesitan garantías mínimas de suministro para operar.

La crisis obliga al Estado a destinar recursos a reparaciones de emergencia, compra de combustible y recuperación de equipos, en lugar de invertir en modernizaciones de largo plazo. El deterioro energético se convierte así en un obstáculo para la recuperación económica. Sin electricidad estable, resulta difícil aumentar la producción nacional, mejorar el transporte, expandir los servicios digitales o atraer capital extranjero. La falta de generación también afecta sectores que podrían aportar ingresos al país, entre ellos el turismo, la industria y la producción de alimentos.

Los apagones se convierten en un factor de tensión social

Los cortes prolongados han provocado protestas, cacerolazos y reclamos públicos en diferentes zonas de Cuba. La falta de electricidad suele combinarse con escasez de alimentos, dificultades para acceder al agua, problemas de transporte y deterioro de los servicios públicos.

En ese contexto, cada apagón puede convertirse en el detonante de una manifestación local. Las protestas suelen comenzar con reclamos por la electricidad, pero rápidamente incorporan críticas más amplias sobre la situación económica y la gestión gubernamental.

El calor y la falta de sueño agravan la tensión. Después de varias noches sin descansar, aumenta el malestar y disminuye la disposición de la población a aceptar nuevos pedidos de paciencia. Las autoridades enfrentan así un problema que trasciende la esfera técnica. La crisis eléctrica se ha convertido en uno de los principales focos de descontento social.

Dos realidades que conviven dentro de la misma crisis

El mensaje difundido desde la Antonio Guiteras revela dos realidades que no necesariamente se contradicen. Por un lado, existen trabajadores que realizan enormes esfuerzos para sostener instalaciones envejecidas, reparar averías complejas y devolver unidades al sistema con recursos limitados.

Por otro, millones de cubanos pasan largas horas sin electricidad y reciben llamados a la comprensión sin conocer cuándo mejorará realmente la situación. El sacrificio de los técnicos no elimina la responsabilidad institucional por el deterioro acumulado de la infraestructura energética.

Tampoco reduce el impacto cotidiano de los apagones sobre las familias, los hospitales, la economía y los servicios esenciales. La crisis no parece tener una solución inmediata. Las reparaciones parciales pueden devolver temporalmente algunas unidades, pero la estabilidad del sistema dependerá de inversiones profundas, acceso a combustible, nuevas fuentes de generación y una estrategia de mantenimiento sostenida.

Mientras esas condiciones no se cumplan, cada salida de la Guiteras o de cualquier otra gran termoeléctrica seguirá traduciéndose en más horas de oscuridad. El llamado a la confianza intenta preservar el respaldo de la ciudadanía a los trabajadores eléctricos, pero llega en un momento en que la población necesita algo más que mensajes de resistencia: demanda fechas, resultados y una explicación clara de cómo Cuba pretende evitar que el sistema continúe funcionando al borde del colapso.


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