
La historia de Mailén Díaz Almaguer quien fue la única persona que sobrevivió al accidente aéreo en Cuba en 2018 vuelve a ocupar la atención pública, esta vez a partir de una reflexión que combina experiencia personal, aprendizaje físico y profundidad emocional. Su reciente testimonio, compartido en redes sociales, no solo documenta un nuevo paso en su proceso de rehabilitación, sino que también expone una verdad incómoda pero universal: volver a empezar duele.
Mailén explicó que lo que comenzó como un episodio dentro de su tratamiento de recuperación terminó convirtiéndose en una reflexión profunda, capaz de superar lo meramente físico y de encontrar eco en la experiencia cotidiana de cualquier individuo.
El momento clave: ponerse de pie tras casi un año
El detonante de su reflexión fue un avance significativo dentro de su proceso de recuperación: lograr ponerse de pie nuevamente con ayuda de un bipedestador, después de casi un año sin hacerlo como bien refleja en una publicación que consta en su perfil de Facebook.
“Solo pude estar una hora de pie… y dolía, entonces, entendí algo: cuando dejamos de hacer algo por un tiempo, retomarlo cuesta. Es como empezar de nuevo”, refiere el texto de la resiliente cubana.
Desde el punto de vista físico, este tipo de ejercicio implica un alto nivel de exigencia. Permanecer erguido requiere que el cuerpo reactive grupos musculares debilitados, recupere equilibrio y soporte presión en articulaciones que han estado inactivas. En el caso de Mailén, esto se tradujo en dolor, incomodidad y una evidente dificultad para sostener la postura durante largos periodos.
El hecho de que una acción básica como estar de pie represente un reto de tal magnitud ilustra el impacto que puede tener una pausa prolongada en el funcionamiento del cuerpo humano.
Volver a empezar: un proceso más complejo de lo que parece
A partir de esa experiencia, Mailén desarrolló una reflexión central: retomar una actividad después de mucho tiempo no significa continuar donde se dejó, sino empezar prácticamente desde cero. “Lo que antes hacía con facilidad -sin dolor, sin cansancio, durante horas- se sintió otra vez como la primera vez”, añade la sobreviviente.
Este fenómeno responde a procesos tanto físicos como mentales. El cuerpo pierde memoria muscular, resistencia y coordinación, mientras que la mente enfrenta frustración, inseguridad y la sensación de retroceso. En su caso, lo que antes era automático ahora requería atención constante y esfuerzo sostenido. “Basta con retomar el hábito… para que poco a poco todo comience a alinearse otra vez”, agrega.
Sin embargo, subraya que esta dificultad no debe interpretarse como un fracaso. Por el contrario, es una señal de que el proceso de readaptación está en marcha. Permanecer de pie durante más tiempo, aunque doloroso, evidenció que la repetición genera progresos graduales.

Una lectura más amplia: hábitos, relaciones y vida espiritual
Uno de los aspectos más enriquecedores de su mensaje es la forma en que traslada esta experiencia física a otros ámbitos de la vida. Mailén establece paralelismos con situaciones comunes: retomar estudios, reconstruir una relación, recuperar hábitos saludables o reconectar con la espiritualidad. En todos estos casos, el regreso puede resultar incómodo y exigir más esfuerzo del esperado.
“Mientras más tiempo permanecía de pie, mi cuerpo empezaba a adaptarse… y comprendí que, si sigo, no solo puedo volver a donde estaba… sino llegar a estar aún mejor”, explica Almaguer.
Particularmente, hace énfasis en la vida espiritual, señalando que alejarse de prácticas como la fe puede generar una desconexión que luego cuesta revertir. Volver implica disciplina, constancia y la disposición de atravesar un proceso que no siempre es inmediato ni gratificante en sus primeras etapas.
“Pensaba que así mismo sucede con la vida espiritual… dejamos de buscar a Dios como antes… y cuando decidimos volver, duele. Cuesta. Se siente extraño. Pero no es el final”, confesó. Esta visión amplía el alcance de su testimonio, convirtiéndolo en una reflexión aplicable a múltiples contextos personales.
La corrección como parte esencial del avance
Otro elemento relevante en su experiencia fue la necesidad de corregir constantemente su postura mientras permanecía de pie. Este proceso, lejos de ser sencillo, añadía un nivel adicional de exigencia física y mental. “Para mantenerme de pie correctamente, tenía que corregirme constantemente. Y corregirme dolía”, señala Mailén.
Cada corrección implicaba ajustar la posición del cuerpo, redistribuir el peso y mantener el equilibrio, lo que incrementaba la sensación de esfuerzo. A partir de esto, Mailén concluye que la corrección —aunque incómoda— es indispensable para avanzar. “La corrección duele, pero es necesaria… no solo en lo físico, sino en todas las áreas de la vida”, sostuvo.
En un sentido más amplio, esta idea se traduce en la importancia de reconocer errores, aceptar orientación externa y modificar conductas. Sin estos ajustes, el progreso puede verse limitado o incluso estancado.
La constancia como factor determinante
Uno de los puntos más sólidos de su reflexión es el papel de la constancia en los procesos de recuperación y crecimiento. Mailén describe cómo, a medida que se mantenía de pie, su cuerpo comenzaba a adaptarse progresivamente. Lo que al inicio resultaba casi insoportable, poco a poco se volvía más manejable. Este cambio no fue inmediato, sino resultado de la repetición y el esfuerzo sostenido. “Si algo hoy duele… puede que haya corrección. Y aunque no se sienta bien en el momento, dará fruto a su tiempo”, destaca.
Este principio es aplicable a diversos ámbitos: la práctica constante permite recuperar habilidades, fortalecer capacidades y superar limitaciones. La clave no está en evitar el esfuerzo, sino en sostenerlo en el tiempo.
Una historia que refuerza el mensaje
El peso de sus palabras se intensifica al considerar su trayectoria. Mailén es la única sobreviviente del accidente aéreo de La Habana de 2018, una tragedia que dejó 112 víctimas mortales.
Desde entonces, ha enfrentado un proceso de recuperación extremadamente complejo, que incluye múltiples intervenciones quirúrgicas, la amputación de una extremidad y secuelas neurológicas. Su evolución ha estado marcada por avances graduales, retrocesos y una constante adaptación a nuevas condiciones físicas.
A la par, ha desarrollado una dimensión espiritual más sólida y ha incursionado en estudios de Teología en el Seminario Metodista de La Habana, elementos que se reflejan en el tono reflexivo de sus mensajes y en la manera en que interpreta su propia experiencia.
Un mensaje que trasciende lo personal
La reflexión de Mailén Díaz no se limita a su historia individual. Su mensaje pone en evidencia una realidad compartida: los procesos de reconstrucción, en cualquier ámbito, implican esfuerzo, incomodidad y tiempo.
La enseñanza central es clara: volver a empezar siempre será difícil, pero también es posible. El dolor no es un obstáculo definitivo, sino parte del camino hacia la adaptación y el crecimiento.
En un contexto donde muchas narrativas priorizan resultados inmediatos, su testimonio introduce una visión más realista y profunda: el progreso auténtico requiere paciencia, disciplina y la voluntad de persistir incluso cuando el avance parece mínimo.





