Delegación cubana viajará incompleta al Clásico Mundial de Béisbol tras negativa de visados de EE.UU a varios miembros

Gorra y camiseta del equipo Cuba. Foto: Perfil de Facebook de Cubadebate

La negativa de visado por parte del gobierno de Estados Unidos a ocho integrantes de la delegación oficial de Cuba al VI Clásico Mundial de Béisbol introduce un elemento de tensión en la antesala del principal torneo internacional de este deporte.

Aunque la medida no afecta a los peloteros convocados, sí impacta a la estructura directiva y técnica que acompaña al equipo nacional, generando interrogantes sobre el alcance institucional y las consecuencias prácticas de la decisión.


El campeonato comenzará el 6 de marzo en San Juan, Puerto Rico, y Cuba mantiene su calendario competitivo dentro del Grupo A, sin embargo, lo hará sin parte de su representación oficial.

Los dirigentes y técnicos afectados

Entre los nombres señalados se encuentran Juan Reinaldo Pérez Pardo, presidente de la FCBS; Carlos del Pino Muñoz, secretario general de la entidad; el exlanzador y actual entrenador Pedro Luis Lazo; y Raúl Fornés, vicepresidente primero del INDER.

La ausencia de Pérez Pardo y Del Pino implica que la federación no contará con su máxima representación en un escenario internacional de alto perfil. En el caso de Raúl Fornés, su rol como alto funcionario del sistema deportivo estatal añade una dimensión política al caso.

Por su parte, la no presencia de Pedro Luis Lazo tiene un impacto técnico directo, al tratarse del entrenador de pitcheo, una de las áreas estratégicas en torneos cortos como el Clásico Mundial.

Según la información difundida por la Federación Cubana de Béisbol y Softbol (FCBS), la negativa de visados estaría sustentada en la Sección 243(d) de la Ley de Inmigración y Nacionalidad de Estados Unidos.


Esa disposición permite restringir la emisión de visas a funcionarios de gobiernos que, a criterio de Washington, no cooperen plenamente en la aceptación de nacionales sujetos a procesos de repatriación u otras obligaciones migratorias.

En términos prácticos, la aplicación de esa norma en este caso no se dirigió contra atletas, sino contra funcionarios y dirigentes vinculados a instituciones estatales del deporte cubano. Esto delimita la medida al plano institucional, sin afectar directamente la competencia deportiva.

Reacción de la Federación Cubana y narrativa oficial

La FCBS calificó la decisión como injustificada en el contexto deportivo y sostuvo que contradice el espíritu de las competiciones internacionales. En su pronunciamiento, defendió que el béisbol debe mantenerse al margen de disputas políticas y consideró que la delegación queda en desventaja organizativa. «Forman parte de la delegación con funciones específicas, establecidas por los organizadores para todos los países convocados”, destacó la FCBS en un comunicado oficial.

La entidad también rechazó los argumentos relacionados con supuesta falta de cooperación migratoria y afirmó que Cuba cumple con los mecanismos bilaterales vigentes en esa materia. «La medida da la espalda a las razones en que estas se sustentan, a los más elementales preceptos del deporte y a los compromisos que asumen los países sedes de certámenes de este tipo”, agrega el documento.

Desde la perspectiva institucional cubana, el caso se interpreta como una medida que trasciende lo migratorio y se inscribe en el marco más amplio de las tensiones políticas entre ambos países. “Es falso que Cuba no coopere con los Estados Unidos en materia migratoria”, sostienen.

Impacto técnico y operativo en el equipo

En términos deportivos, la ausencia de dirigentes no altera la alineación ni la elegibilidad de los jugadores. Sin embargo, sí puede influir en aspectos logísticos y de coordinación.

La no presencia del presidente de la federación y del secretario general reduce el margen de interlocución directa con organizadores y autoridades locales. En eventos de esta magnitud, la gestión administrativa y diplomática suele ser relevante para la resolución de imprevistos.

En el plano técnico, la ausencia de Lazo obliga a redistribuir funciones dentro del cuerpo de entrenadores. En torneos de formato corto, donde cada partido puede definir la clasificación, la estrategia de manejo del pitcheo es un factor determinante.

“Me hubiera encantado estar con el equipo Cuba en el Clásico Mundial, pero lamentablemente otros decidieron que no fuera así”, lamentó el estelar pitcher cubano. “Muy injusto, pero hay que seguir adelante con la cabeza arriba. Me mantendré apoyando desde la distancia como si estuviera allí con ellos. Confiado en que podemos tener un gran resultado. Eso es lo más importante”, agregó Lazó quien fue subcampeón del I Clásico Mundial de Béisbol hace dos décadas.

La participación deportiva sigue en pie

Pese a la controversia, los jugadores cubanos cuentan con la documentación necesaria para ingresar a territorio estadounidense y competir. El equipo mantiene su programa de preparación, que incluye una fase en Arizona dentro del contexto del Spring Training con los Kansas City Royals y los Cincinnati Reds, antes de trasladarse a Puerto Rico para la fase de grupos donde deberá enfrentar las novenas de Colombia, Canadá, Puerto Rico y Panamá. El debut está programado en el estadio Hiram Bithorn de San Juan, sede histórica del torneo en ediciones anteriores.

La convocatoria cubana combina atletas del sistema nacional con jugadores que actúan en ligas profesionales fuera de la isla, una dinámica que ha marcado la evolución reciente del béisbol cubano en eventos internacionales.

A sus 44 años, el veterano infielder será el jugador de mayor experiencia en el torneo. El conjunto presenta una combinación de talento y trayectoria, con piezas clave en el cuadro como Moncada y Arruebarrena, poder ofensivo en los jardines con Despaigne y Roel Santos, y un staff de pitcheo respaldado por brazos como los de Frank Álvarez y Yoan López.

El Clásico Mundial como escenario geopolítico

El Clásico Mundial de Béisbol es organizado por Grandes Ligas y la Confederación Mundial de Béisbol y Softbol, y representa uno de los principales escaparates internacionales del deporte.

En ese contexto, cualquier restricción migratoria adquiere visibilidad global. El béisbol, históricamente símbolo cultural compartido entre Cuba y Estados Unidos, vuelve a convertirse en un espacio donde se reflejan tensiones diplomáticas.

Si bien la medida no impide la competencia en el terreno, sí evidencia cómo las decisiones migratorias pueden incidir en la representación institucional de un país en eventos internacionales.

Entre el deporte y la diplomacia

El caso confirma que, incluso en escenarios diseñados para la competencia deportiva, las dinámicas políticas pueden hacerse presentes. La participación de Cuba en el torneo seguirá adelante, pero lo hará bajo un entorno marcado por una decisión administrativa que trasciende lo estrictamente deportivo.

En los próximos días, la atención se centrará en el rendimiento del equipo en el terreno. Sin embargo, el episodio de las visas añade una dimensión adicional al torneo: la del béisbol como espacio donde convergen deporte, política y relaciones internacionales.


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