Un lector asiduo de Cuba en Miami nos envió una reflexión sobre las recientes declaraciones de Pablo Milanés sobre los campos de concentración conocidos como las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP).

Por estos días leía las declaraciones de Pablo Milanés sobre las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) en Cuba, y veía la película Vestido de Novia. No pude dejar de pensar en el vínculo entre estos acontecimientos.

Pablo decía en sus recientes declaraciones: “La prensa cubana no se atreve y la extranjera desconoce la nefasta trascendencia que tuvo aquella medida represora de corte puramente estalinista”,

En sentido general en todos los países de alguna forma u otra el tema homofobia ha existido, y las luchas sociales en defensa de los homosexuales también. Hoy en día parece vislumbrarse un mundo, en muchos países democráticos, cada vez menos homofóbico y machista, la propia evolución social, el desarrollo, la libertad y las políticas de muchos países han contribuido a esto. En Cuba este movimiento está encabezado por la hija del presidente de la república, que gracias a sus heredados derechos de invulnerabilidad tiene la posibilidad de encabezar un movimiento de este tipo en Cuba, cualquier otra persona probablemente hubiera sido “castigada” por tomarse esta atribución social, en un país donde los cambios vienen dictados y no nacen del pueblo. Digamos que fue una de las pocas formas de utilizar ese poder a favor del bien social. Lo alarmante, como tantas otras veces, es la desmemoria.

El futuro de cualquier sociedad tiene que estar construido sobre el respeto a su historia, la reconciliación con su pasado. Difícilmente los alemanes hubieran podido reconstruir Alemania sin el reconocimiento del crimen que se cometió en su país contra la humanidad. Incluso en la URSS Nikita Khrushchev leía su famoso “Discurso Secreto” sobre las atrocidades de Josef Stalin. En esta medida “los movimientos sociales” en Cuba después de 1959 están cimentados sobre las violaciones contra los derechos humanos en cincuenta años de comunismo en la isla. ¿Cómo se puede, de un día para otro, cambiar de actitud sin recordar todo lo que se hizo? Es este el mismo gobierno, el mismo partido y los mismos gobernantes los que entre 1965 y 1967 enviaron a las UMAP a más de cuarenta mil jóvenes a realizar trabajos forzados. Ahí entraba cualquiera, Pablo Milanés o Silvio Rodríguez, por su intolerable y criminal necesidad de escribir canciones, o los homosexuales, por razones obvias. ¿Cómo puede una sociedad crecer sin recordar esto, sin mirar al pasado? Un día llegaban a tu casa con un camión y al otro día estabas en un campo de concentración con miles de personas más, una estrategia calcada de los modelos estalinistas. “Yo tenía 23 años, me fugué de mi campamento y fui a La Habana a denunciar la injusticia que estaban cometiendo. El resultado fue que me enviaron preso durante dos meses a la fortaleza de La Cabaña, y luego estuve en un campamento de castigo peor que las UMAP”.

No tenemos la suerte de vivir sin los errores de nuestro pasado, ni siquiera es justo. Pablo Milanés sigue esperando una disculpa oficial del gobierno. Nunca va a llegar. Para mí hay cosas imperdonables. El dolor de las madres que les secuestraron a sus hijos para servir de esclavos, o el lacerante ardor de la soga en el cuello del que no pudo soportar. Y para eso nació la justicia, para tratar con lo imperdonable. Nada bueno se puede erigir sobre un crimen. La sociedad cubana tiene la obligación de mirar atrás y agachar la cabeza, de no olvidar. Porque olvidar es una condescendencia intolerable a los crímenes. Olvidar es otro crimen contra los sobrevivientes del pasado. ¿Acaso una disculpa le va a devolver a Pablo los años de persecución, de prisión, sólo por cantar, por ser diferente? Nada va a cambiar lo que pasó, pero juzgar lo ocurrido, señalar a los culpables y a las víctimas, es la única manera de perdonarnos a nosotros mismos como sociedad por la desmemoria. Según Oscar Wilde “el único deber que tenemos con la historia es reescribirla”, algo muy improbable que suceda mientras sigan escribiendo, y reescribiendo, los mismos criminales.

Daniel Mazorra