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Aroldis Chapman terminó llevándose la victoria en el decisivo Séptimo Juego de la Serie Mundial ganada por los Cachorros.


Sin duda, el propio Clásico de Octubre y la postemporada toda ha sido como un carrusel para el holguinero, donde los ratos de felicidad vienen acompañados de horas bajas, actuaciones deslumbrantes con caídas enormes, como suele ser la vida.

Pero Chapman nunca flaqueó, nunca dijo que no, mientras el manager Joe Maddon le seguía asignando tareas cada vez mayores, relevos de esos que se ven pocas veces en años, en situaciones adversas.

El presidente de los Cachorros sabía lo que significaba un talento de esta magnitud en su cuerpo de relevistas, pero muchos tenían dudas sobre este joven de brazo potente.

Habría que darle crédito al mismo Maddon, quien puede ser un horror tomando decisiones, pero es un genio en abrir personalidades y no por gusto logró que el cubano se colocara en su misma página para el bien de todos.


«En toda la industria del béisbol, los valores de Chapman han crecido de manera dramática, y en la forma en que lo ha hecho», afirmó Maddon. «Ahora es un tipo diferente, dedicado al equipo. No puedo cansarme de enfatizar lo importante que es la comunicación».

Pero suceda lo que suceda, esta Serie Mundial pasará a la historia, además del éxito de Chicago, por ser la que realmente descubrió a Chapman más allá de su proverbial velocidad.