Vive en el holguinero municipio de Gibara y aunque solo gana un salario de 249 pesos como miembro de la Empresa Provincial de Cine, William Domingo Leyva Serrano, no renuncia a la idea de seguir conservando la tradición del cine móvil.


Una verdadera joya patrimonial atesora este hombre de 69 años. Su cámara cinematográfica de 16 mm llegó a Cuba en 1970 y al verla uno puede percatarse que además de bien cuidada, su proyector funciona a la perfección.

El verdadero dueño de la cámara de 16 mm era José Francisco Negreira, propietario del estudio fotográfico en el que Domingo comenzó a trabajar a los 10 años. Allí aprendió a manipular el aparato para proyectar las cintas de poblado en poblado. Tiempo después, al triunfo de la Revolución, las propiedades del dueño fueron confiscadas, menos la cámara de 16 mm que se le dejó a Domingo, quien desde entonces no ha parado con la tradición del cine rodante.

Quizás hoy, en medio del auge de la tecnología HD y 3D para disfrutar del séptimo arte, muchos no comprendan a Domingo, pero este hombre sabe que no solo es dueño de un proyector de más de 40 años, sino que gracias a él está viva la costumbre de ver cine en cualquier lugar a través de su cámara ambulante.

Muchos le han aconsejado que deje de ser un proyectista nómada, “total para lo que ganas”, le dicen. Otros, sugieren que cobre por cada cinta, pero Domingo vive orgulloso de alegrarle la vida a los pobladores de la localidad y de ser una verdadera atracción en cualquier celebración importante de Holguín como la Feria Internacional del Libro, las Romerías de Mayo, el Festival del Audiovisual Por Primera Vez o la Fiesta de la Cultura Iberoamericana o el Festival de Cine Pobre de Gibara.


Durante los días del Festival de Gibara se le vio bien activo, muy cerca del cine Jiba. En su proyector los pobladores tuvieron el privilegio de ver cortometrajes, documentales y hasta reconocidas cintas cubanas como “Lucía” de Humberto Solás y “El hombre de Maisinicú” de Manuel Pérez.

Domingo es un hombre que se sabe útil, por eso además de ser reconocido como el “proyectista cinematográfico de Gibara”, la gente lo admira porque no ha parado de seguir haciendo por el cine en Cuba. Fue él quien ayudó a fundar la Federación de Cineclubes de Gibara y tiene una especie de taller para enseñarle a los más jóvenes todo lo que sabe sobre el mundo del celuloide.

Primero, bajo la guía de Humberto Solás, y ahora con el impulso de Jorge Perugorría. Gibara y su Festival Internacional de Cine Pobre cada año acogen y apoyan a ese cine hecho con pocos recursos, pero que mucho tiene que contar en materia estética y artística.

Junto al Festival, Domingo y su cámara de 16 mm se convierten en símbolos de Gibara, una hermosa comunidad de Cuba donde el cine no muere porque de eso se han encargado numerosos cineastas y pobladores como él.