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Mientras Cuba cumple nueve días de luto por la muerte el viernes del ícono comunista Fidel Castro, los turistas deambulan por las silenciosas calles de La Habana, en búsqueda de los típicos músicos callejeros.

Las autoridades han prohibido la venta de alcohol, los espectáculos fueron cancelados, lo que deja a los turistas con pocas opciones de entretenimiento.

«Como turista, me gustaría tomar una cerveza, pero es comprensible», dijo Vicente Pavón, un ejecutivo de 28 años.

«Es un momento histórico que se recordará. En algunos años podremos decir que estuvimos aquí», añadió, aunque admitió que le hubiera encantado tomar un daiquiri al lado de la famoso busto en bronce de Hemingway, en el extremo de la barra del bar.

Los estadounidenses se contentan con escuchar charlas sobre la música cubana en lugar de escuchar los sones de la rumba, que este miércoles fue inscrita en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco.