
El presidente Donald Trump dijo este sábado que espera llegar a un acuerdo con Cuba. «No creo que necesitemos a los militares», afirmó al hablar con periodistas en los terrenos de la Casa Blanca. El presidente describió la situación de la isla como grave, aseguró que Estados Unidos quiere ayudar y mencionó a los cubanoamericanos que desean regresar.
«Tenemos grandes cubanoamericanos que quieren regresar. Queremos abrir Cuba a nuestra gente», expresó. Sus palabras pusieron sobre la mesa una aspiración compartida por muchas familias del exilio: volver a la isla. Pero también reabrieron una diferencia sobre el camino para lograrlo. ¿Con quién negociaría Washington y qué tendría que cambiar dentro de Cuba antes de alcanzar un acuerdo?
El rechazo a negociar con el régimen
La resistencia a esa posibilidad ya se había hecho visible en Miami antes de estas nuevas declaraciones de Trump. En una publicación reciente de Cuba en Miami, numerosos lectores rechazaron que Estados Unidos converse con figuras del poder cubano. Uno resumió su posición con una frase: «Con la dictadura no se dialoga».
Su objeción no era al deseo de ayudar a Cuba ni al regreso de los cubanoamericanos. Temían que el gobierno cubano utilizara las conversaciones para ganar tiempo, aliviar la presión internacional y obtener reconocimiento político sin liberar a los presos políticos ni permitir que los ciudadanos elijan libremente a sus gobernantes.
Esa postura tampoco representa a todo el exilio. Entre los comentarios recogidos por este medio hubo quienes consideraron aceptable hablar con personas vinculadas al poder si el propósito fuera facilitar una transición democrática. Otros defendieron el diálogo como una vía para reducir el sufrimiento de la población. La diferencia está en el resultado que cada sector espera de una negociación.
La pregunta detrás de la palabra «acuerdo»
Trump no explicó este sábado quiénes serían los interlocutores de Estados Unidos, qué concesiones exigiría ni qué significaría en la práctica «abrir Cuba» a los cubanoamericanos. Tampoco anunció que exista un pacto cerrado.
La falta de detalles pesa especialmente entre quienes desconfían del régimen. Para ese sector, un acuerdo que facilite viajes o actividad económica, pero deje intactas las restricciones políticas, estaría lejos del cambio que reclama el exilio. La liberación de presos, el respeto a la disidencia y la posibilidad de participar libremente en el futuro del país son las condiciones que aparecen una y otra vez en ese debate.
El nuevo tono del presidente llega apenas días después de que, ante la Asamblea General de la ONU, afirmara que la libertad llegaría a Cuba. La Casa Blanca difundió ese discurso, en el que Trump dirigió duras críticas al régimen cubano.
Ahora el presidente habla de un acuerdo y dice que cree innecesaria una acción militar. Para una parte del exilio en Miami, la cuestión decisiva será si ese posible entendimiento abre el camino a una Cuba libre o termina ofreciendo oxígeno a quienes continúan gobernándola.





