Sin retiro, corredor cubano Osvaldo Lara, sobrevive con 700 pesos mensuales por una de sus medallas/Imagen tomada de Trabajadores

Osvaldo Lara, ex corredor olímpico cubano, a sus 66 años, vive olvidado por las autoridades deportivas de la Isla, enfermo y sin retiro, solo recibiendo 700 pesos mensuales por una de sus medallas.


El periodista Daniel Martínez logró contar una parte de esta estremecedora historia del ahora anciano, en un editorial del periódico oficialista Trabajadores, sin embargo en Cuba, donde poco se puede hacer a través del periodismo, es poco probable que salve a Lara de morir abandonado, como cientos de miles de cubanos que de la generación del ex deportista están terminando sus vidas en la miseria y en el olvido en un país del que todos huyen mientras les alcanza el tiempo.

«La verdad es que no vienen a verlo. Fui a la dirección municipal de atención a atletas y se quedó en nada. Jamás han venido del Inder. Ni de la Comisión Nacional de Atletismo», contó la esposa de Lara.

«Se olvidaron de mí, con tantos años en el equipo nacional…», confirmó el ex velocista.

«…Recibe 700 pesos por una de sus medallas. No tiene retiro porque cuando empezó con lo de la hipertensión se asustó. Se desesperó y pidió la baja del trabajo. Después tuvo el infarto cerebral y ya usted ve», lamentó.

Lara fue uno de los mejores corredores de velocidad que dio Cuba durante las décadas ’70 y ’80, obtuvo su mejor resultado en los Juegos de la Amistad de 1984, hubiese competido en las Olimpiadas de Los Ángeles, Estados Unidos, de no ser porque el régimen cubano renunció a participar en la importante cita por la hostilidad que siempre ha mantenido hacia el país del norte.


Cuba como aliada en aquel entonces de la Unión Soviética prefirió participar en los Juegos de la Amistad, un evento deportivo de países socialistas como alternativa a las Olimpiadas en Los Ángeles.

«Ese año solo el americano Carl Lewis estuvo por delante de mí. Podría haber cogido una medalla en los Olímpicos de los Ángeles 84. No fuimos», recordó Lara, pese a sus lagunas mentales por los problemas de salud y la edad.

El premio que le dio el gobierno cubano tras participar con excelentes resultados en el torneo, fue un automóvil marca Lada, que al cabo de los años ni siquiera pudieron vender, y se les destrozó por no tener dinero para pagar el mantenimiento.

«El salitre acabó con el carro, prosigue. Nos mandaron a un taller por Carlos III. Nos pelotearon. No teníamos ni un medio. La gente quiere dinero. No lo vendimos, se desbarató», confesó Lara.

Luego de su retiro como deportista, el ex velocista fue contratado como entrenador, y lo enviaron a dos misiones internacionalistas, a Perú y después a Venezuela en 2002.

«Hay quien piensa que eso lo resuelve todo. No es así. De Venezuela pudo traer tres cajas. No un contenedor», aclaró la esposa.

En medio de tanto olvido, los únicos alicientes que le quedan a Lara, son la compañía de su esposa, y las viejas medallas que guarda en su apartamento frente al litoral habanero, donde las filtraciones y grietas también ya están dando fe del enorme peso del tiempo.