Se ha expresado preocupación entre los países occidentales de que los planes son represalias rusas después de que Estados Unidos anunció que se retiraba del Tratado Bilateral sobre las Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF), recogió el diario británico Daily Star.


De acuerdo con The Jamestown Foundation, un instituto de investigación y análisis con sede en Washington DC, fundado en 1984 como plataforma para apoyar a los desertores soviéticos, la reapertura de la base «se duplicará en lugar de aumentar significativamente las capacidades rusas para monitorear las actividades de EE. UU. en el Caribe».

Pero el comité de expertos advierte: «Si el líder del Kremlin decidiera establecer bases adicionales en Cuba, como sugieren ahora algunos comentaristas rusos, eso sería un asunto completamente diferente, en particular si logra este objetivo».

El movimiento del presidente ruso Vladimir Putin viene con el fortalecimiento de los lazos entre Moscú y La Habana.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, se reunió con Putin en Moscú y dijo que quería dar «un nuevo impulso» a las relaciones bilaterales.


Los líderes discutieron asuntos como la salud y el turismo, pero también la cooperación militar.

La Fundación Jamestown agregó: «Esto llevó a especulaciones tanto en Rusia como en Occidente de que esto significaba que Moscú estaba a punto de reabrir el sitio de monitoreo de Lourdes que cerró hace 16 años, y posiblemente abrir bases adicionales en la isla».

Esto se combinó, comunicó el medio, con la visita a Cuba del viceprimer ministro Yuri Borisov, que supervisa el complejo militar-industrial de Rusia y las relaciones técnico-militares con países extranjeros.

Los dos países acordaron contratos por un valor de más de $ 265 millones en la esfera militar, según el periódico ruso Nezavisimaya Gazeta.

El teniente coronel Aleksandr Ovchinnikov, experto militar ruso que sirvió en Cuba en la década de 1980, dijo que «se esperaba enteramente la profundización de la cooperación entre Moscú y La Habana».

Agregó que es especialmente así dada la amenaza del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de abandonar el tratado INF.

Pero enfatizó que el Kremlin puede no tener los recursos para desarrollar «bases militares importantes en Cuba».

El tratado INF de 1987 significa que ni a Rusia ni a los Estados Unidos se les permite construir misiles balísticos y de crucero lanzados desde tierra, con rangos de 500 a 5.500 kilómetros (310 a 3.417 millas).

Pero Estados Unidos afirma que Rusia ha estado violando el acuerdo al construir un nuevo misil de crucero.

Y ahora parece que el Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF) es importante, lo que desató los temores de una nueva carrera de armamentos entre las superpotencias.