Salazar apoya a la Corte Suprema: “La Constitución es clara” sobre la ciudadanía por nacimiento

La congresista republicana María Elvira Salazar respaldó públicamente la decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos que confirmó la protección constitucional de la ciudadanía por nacimiento, pero advirtió que el fallo no debe cerrar el debate sobre la necesidad de reformar un sistema migratorio que, a su juicio, está desactualizado y ha dejado de responder a los desafíos actuales del país.

En un mensaje difundido tras el pronunciamiento del alto tribunal, la legisladora de origen cubano sostuvo que “la Constitución es clara” y que el respeto al Estado de derecho debe prevalecer incluso en uno de los temas más sensibles de la política estadounidense: quién tiene derecho a ser ciudadano desde el momento de nacer en territorio nacional.


“La Corte Suprema ya se pronunció sobre la ciudadanía por nacimiento, y estoy de acuerdo con su decisión. La Constitución es clara, y siempre debemos respetar el Estado de derecho”, expresó Salazar en su cuenta de X.

La declaración llega después de que la Corte Suprema rechazara, por una votación de 6-3, el intento del presidente Donald Trump de limitar la ciudadanía automática para hijos nacidos en Estados Unidos de padres que no son ciudadanos ni residentes permanentes. La decisión bloquea una de las medidas migratorias más ambiciosas de su segundo mandato y reafirma una interpretación de la Enmienda 14 que durante más de un siglo ha protegido la ciudadanía para casi todas las personas nacidas en suelo estadounidense.

Una decisión que reafirma el peso de la Enmienda 14

El centro del debate estuvo en la cláusula de ciudadanía de la Enmienda 14, adoptada en 1868 tras la Guerra Civil, que establece que todas las personas nacidas o naturalizadas en Estados Unidos y sujetas a su jurisdicción son ciudadanas del país y del estado donde residen.

Esa disposición ha sido interpretada históricamente como una garantía amplia de ciudadanía por nacimiento. Uno de los precedentes más importantes es el caso United States v. Wong Kim Ark, de 1898, en el que la Corte Suprema reconoció la ciudadanía de un hombre nacido en San Francisco de padres chinos que no podían naturalizarse bajo las leyes de la época. El fallo actual volvió a colocar ese precedente en el centro del análisis constitucional.

La orden ejecutiva de Trump buscaba reinterpretar el alcance de la frase “sujetos a la jurisdicción” para excluir a niños nacidos en Estados Unidos cuyos padres estuvieran en el país sin autorización migratoria o bajo estatus temporales. Organizaciones de derechos civiles, grupos proinmigrantes y varios estados impugnaron la medida desde su emisión, al considerar que el presidente no tenía autoridad para modificar por decreto una garantía constitucional.


Salazar marca distancia sin romper con el debate republicano

La postura de Salazar resulta significativa porque combina dos mensajes que no siempre conviven dentro del debate republicano. Por un lado, respalda la decisión de la Corte y reconoce que la Constitución protege la ciudadanía por nacimiento. Por otro, insiste en que Estados Unidos necesita cambios legislativos para evitar abusos y ordenar el sistema migratorio.

“Este fallo no cambia otra realidad: nuestras leyes migratorias están desactualizadas y no responden a los desafíos de hoy”, afirmó la congresista.

Con esa frase, Salazar buscó separar el terreno constitucional del terreno político. Para la legisladora, defender la Enmienda 14 no significa ignorar problemas como el fraude migratorio, el uso indebido de ciertas vías legales o la falta de mecanismos ágiles para trabajadores, familias y empleadores.

Su mensaje parece dirigido tanto a votantes conservadores preocupados por el control migratorio como a comunidades inmigrantes que ven la ciudadanía por nacimiento como una garantía fundamental de estabilidad familiar.

Turismo de nacimiento, fraude y vías legales: los puntos que quiere discutir

Uno de los conceptos mencionados por Salazar fue el llamado “turismo de nacimiento”, una práctica en la que mujeres extranjeras viajan a Estados Unidos con el propósito de dar a luz en territorio estadounidense y obtener la ciudadanía para sus hijos.

Este tema ha sido utilizado durante años por sectores conservadores como argumento para pedir mayores controles migratorios. Sin embargo, la Corte Suprema no centró su decisión en esa práctica, sino en la autoridad constitucional del presidente y en el alcance de la Enmienda 14.

Salazar sostuvo que combatir ese tipo de abusos no está en contradicción con respetar la Constitución.

“Podemos defender la Constitución y, al mismo tiempo, poner fin a abusos como el turismo de nacimiento, combatir el fraude y arreglar un sistema de inmigración legal que le ha fallado a Estados Unidos durante demasiado tiempo. Esos objetivos no están en conflicto. Van de la mano”, dijo.

La congresista también incluyó en su mensaje a los empleadores y comunidades locales, un punto recurrente en el debate migratorio de Florida y otros estados con alta presencia de trabajadores extranjeros. Para sectores económicos como agricultura, construcción, hostelería, servicios, salud y cuidado de personas mayores, la falta de vías legales claras ha creado durante años tensiones entre necesidad laboral, cumplimiento de la ley y presión política.

El fallo golpea una de las principales apuestas migratorias de Trump

La orden ejecutiva de Trump fue firmada el 20 de enero de 2025, el primer día de su segundo mandato, y formaba parte de una agenda migratoria más dura orientada a restringir beneficios, acelerar deportaciones y redefinir el alcance de ciertos derechos constitucionales vinculados a inmigrantes y sus hijos.

La Corte Suprema rechazó ahora ese intento y mantuvo bloqueada la aplicación de la medida. Según la decisión, el Ejecutivo no puede cambiar unilateralmente una garantía constitucional que ha sido reconocida durante generaciones como base del sistema de ciudadanía estadounidense.

El fallo también llega en un momento de alta tensión política para Trump ante el máximo tribunal. De acuerdo con reportes sobre la decisión, se trata de otra derrota relevante del presidente en los últimos meses, después de reveses relacionados con sus políticas económicas y el alcance de sus poderes ejecutivos.

Aunque la Corte tiene una mayoría conservadora de 6-3, incluidos tres jueces nombrados por Trump durante su primer mandato, el caso mostró que esa composición no garantiza automáticamente respaldo a todas las acciones presidenciales, especialmente cuando el debate involucra límites constitucionales claros.

La política migratoria, entre la Casa Blanca, los tribunales y el Capitolio

Salazar subrayó que la Corte Suprema interpretó la Constitución, pero que esa no debe ser la vía para diseñar la política migratoria del país. En su opinión, ni las órdenes ejecutivas ni las decisiones judiciales pueden sustituir una reforma aprobada por el Congreso.

“La Corte interpretó la Constitución, pero la política migratoria no debe definirse mediante órdenes ejecutivas ni decisiones judiciales. Eso solo genera incertidumbre y perjudica a nuestras familias, nuestros empleadores y nuestras comunidades”, afirmó.

El señalamiento apunta a una realidad persistente en Washington: durante décadas, presidentes demócratas y republicanos han usado acciones ejecutivas para responder a problemas migratorios ante la incapacidad del Congreso de aprobar una reforma integral. Esas medidas suelen ser rápidas, pero también vulnerables a demandas judiciales, cambios de administración y bloqueos temporales o definitivos.

Para las familias inmigrantes, esa dinámica se traduce en incertidumbre. Para los empleadores, implica dificultades para planificar contrataciones. Para los gobiernos locales, significa presión sobre servicios, escuelas, vivienda y seguridad pública sin un marco migratorio estable y predecible.

El Congreso vuelve al centro del debate

La parte final del mensaje de Salazar fue una exigencia directa al Congreso.

“Es responsabilidad del Congreso arreglar nuestro sistema migratorio. Ahí es donde siempre ha debido darse este debate”, expresó.

Con esa frase, la congresista colocó la responsabilidad en el poder legislativo, donde históricamente se han estancado los intentos de reforma migratoria integral. Las divisiones partidistas, la presión electoral, el debate sobre la frontera sur, el futuro de los inmigrantes indocumentados y la demanda de mano de obra legal han impedido acuerdos duraderos.

El fallo de la Corte Suprema no obliga al Congreso a actuar, pero sí devuelve el foco político al Capitolio. Si la ciudadanía por nacimiento está protegida por la Constitución, cualquier intento de modificar el sistema migratorio deberá moverse por otras vías: controles más estrictos contra el fraude, reformas a visas laborales, cambios en los procesos de asilo, mejoras en verificación de empleo, ajustes en programas humanitarios o nuevas reglas para entradas temporales.

Una decisión con impacto directo en familias inmigrantes

Para millones de familias inmigrantes, la decisión tiene un significado inmediato: los hijos nacidos en Estados Unidos seguirán siendo ciudadanos estadounidenses, independientemente del estatus migratorio de sus padres, salvo excepciones históricamente reconocidas, como hijos de diplomáticos extranjeros.

La orden de Trump habría creado una situación inédita para hospitales, agencias estatales, oficinas de registros vitales y familias con recién nacidos. También habría abierto interrogantes sobre pasaportes, certificados de ciudadanía, acceso a beneficios, escolarización futura y derechos básicos asociados al estatus ciudadano.

El fallo evita, al menos por ahora, ese escenario de incertidumbre administrativa y legal. Organizaciones que participaron en los litigios celebraron la decisión como una reafirmación de que la ciudadanía no puede depender de la política migratoria del momento ni de la identidad de los padres.

El dilema político para los republicanos moderados

La reacción de Salazar también evidencia el dilema de algunos republicanos que representan distritos con fuerte presencia inmigrante. La congresista, elegida por un área del sur de Florida donde conviven comunidades cubanas, venezolanas, nicaragüenses, colombianas y de otros países latinoamericanos, suele defender una línea dura contra gobiernos autoritarios de la región, pero también ha promovido soluciones migratorias para trabajadores y familias establecidas en Estados Unidos.

Su declaración intenta ubicarse en ese espacio: firmeza frente a abusos y fraude, pero respeto a una garantía constitucional que beneficia directamente a familias inmigrantes y a sus hijos nacidos en el país.

En un año político marcado por fuertes debates sobre deportaciones, permisos humanitarios, asilo, frontera y ciudadanía, esa posición puede generar críticas desde ambos lados. Para los sectores más duros, aceptar la ciudadanía por nacimiento puede parecer una concesión. Para grupos proinmigrantes, hablar de turismo de nacimiento y fraude puede alimentar narrativas restrictivas. Salazar, sin embargo, presentó ambos puntos como parte de una misma agenda: Constitución y reforma.

Una discusión que seguirá abierta

La decisión de la Corte Suprema resuelve el punto constitucional más importante, pero no cierra la discusión migratoria. La ciudadanía por nacimiento seguirá protegida, pero el país continúa enfrentando preguntas profundas sobre cómo ordenar la inmigración legal, cómo procesar solicitudes de asilo, cómo responder a la entrada irregular, cómo cubrir necesidades laborales y cómo proteger a comunidades impactadas por un sistema que muchos consideran roto.

El mensaje de Salazar resume ese equilibrio: la Constitución debe respetarse, pero el Congreso no puede seguir postergando una reforma. La Corte ya habló sobre la ciudadanía por nacimiento. Ahora, según la congresista, corresponde a los legisladores decidir si seguirán dependiendo de órdenes ejecutivas y litigios o si asumirán finalmente el costo político de actualizar las leyes migratorias de Estados Unidos.


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