Entre los principales destinos en el Caribe para el llamado «turismo sexual» se encuentra Cuba, donde la prostitución desempeña un papel fundamental en las aspiraciones sociales de cientos de individuos, incluso el tema se ha naturalizado y muchos han dejado de verlo como estigma social, señala el periodista Ernesto Pérez Chang de CubaNet.

Para Chang «es imposible saber cuántos hombres y mujeres se prostituyen» en la Isla. De acuerdo a su investigación tampoco se puede hablar de un estimado, «puesto que el fenómeno adquiere dimensiones y peculiaridades que vuelven muy difícil realizar sondeos que permitan hacernos una idea sobre lo que ocurre» actualmente, apunta.

El Gobierno cubano prohibe la prostitución, y además la niega. Sin embargo, hombres y mujeres que se prostituyen, se han convertido en verdaderos paradigmas de «triunfadores» para los sectores marginales de la población.

El reportero plantea que es común encontrarse niños y niñas que piensan en «casarse con un extranjero» en su adultez, para escalar socialmente, en un escenario donde los ciudadanos viven con menos de 1 dólar diario.


Según relata Chang, negocios estatales o privados pudieran quebrar de no tener a sus anfitriones, es decir prostitutas y prostitutos como sus clientes principales, que visitan estos lugares para conocer extranjeros. Los propietarios de bares y restaurantes privados a lo largo de Cuba así lo reconocen, asimismo los que rentan habitaciones.

Se vuelve entonces a juicio de los cuentapropistas, en uno de los motores de la economía cubana, muchos opinan que legalizar la prostitución, regularla y llegar a asumirla como un trabajo, sería una de las variantes para frenar los crímenes asociados a esta actividad.

El dependiente de un bar estatal en La Habana Vieja, alega que «gracias a las jineteras nosotros vivimos, si no esto estaría vacío (…) antes se hacían redadas (policiales) y más o menos desaparecían pero parece que se han dado cuenta de que son necesarias (…) ya los policías pasan y no dicen nada (…), cuando se ponen pesados es porque quieren dinero o jamarse a alguna».

Un trabajador del Centro Comercial del Hotel Manzana Kempinski detalló que «hay días en que no se vende absolutamente nada».

«La situación es la misma durante semanas (…), las ganancias de un mes ni alcanzan para gastos de electricidad y salarios (…), consideramos un día bueno cuando hacemos 200 dólares, ya con eso te digo cómo está la cosa (…), la gente entra, mira y se va (…). Vienen muchas jineteras, sobre todo las jineteras son las que compran o los extranjeros que vienen con ellas, pero extranjeros solos casi no viene ninguno», añadió.

Un italiano que ahora es dueño de un bar en La Habana Vieja, conjuntamente con su esposa cubana, relata:

«Conocí a mi mujer en mi primer viaje a La Habana (…), por ella fue que decidí regresar y abrir el bar (…), tengo menos de veinte sillas, contando las de la barra (…). Lo normal es (recaudar) entre 3 mil y 4 mil (dólares), sobre todo los fines de semana, y sí, se puede decir que sí, que gracias a las putas (…), ellas son las que se encargan de llenar esto».

«En Italia se ha vuelto una moda. Cuando te jubilas vienes a Cuba, consigues una chica o dos o tres (…), lo que te guste (…), abres un negocio y haces lo que no hubieras podido hacer allá con 700 euros (al mes)», contó el pequeño empresario.

«Estamos en pleno 23 (la principal calle del Vedado), así que no tenemos problemas. Casi no nos desocupamos en todo el año, las tres habitaciones a tope veinticuatro por veinticuatro (…). Nos podemos dar el lujo de cobrar lo que pidamos porque aquí la demanda es alta y tenemos (el cabaret) Las Vegas a unas cuadras, el Amores (…), la Gruta y sobre todo el Malecón, donde encuentras lo que quieras (…). Si no fuera por los jineteros estaríamos embarcados (…), todos los yumas (extranjeros) que he conocido vienen a eso (…). Tengo que llenar los minibares unas diez veces en el día (…) son entre dos y tres cajas de cerveza todos los días, a dos pesos (dólares) cada una, saca un cálculo de lo que rinde eso solo sin contar la renta, que después de las 12 (de la noche) puedo ponerla a 5 (dólares) la hora (…), y es casi todo el mundo de por aquí alquilando (por horas), gente que incluso en contra, con miles de prejuicios, depende de eso», explica el también dueño de una casa de renta en el Vedado.

Los cubanos y el extranjero coinciden en que una política de tolerancia cero con el jineterismo, influiría negativamente en los planes de crecimiento económico asociados al aumento de turismo, y agravaría las carencias del pueblo cubano.

(Con información de CubaNet)