Dionis Pinillo Montalvo yacía esposado en el suelo mientras varios oficiales de policía le daban patadas y le golpeaban con las porras. Unos disparos al aire ahogaron los gritos con los que la multitud, enfurecida ante la brutalidad policial, intentaba impedir la escena.

Acusado de atentado y tenencia de arma blanca, el joven de raza negra dice estar dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias con tal de denunciar lo que para él es una injusticia y un caso de racismo.

“Yo sé que nunca he sido un santo, pero no merecía que me partieran un brazo ni me dejaran defenderme”, explica Pinillo, de 33 años, quien reside en Colón, Matanzas.

Mientras se acercaba al Piano Bar el pasado 25 de marzo, uno de los escasos sitios de recreación para los jóvenes del pueblo, vio un tumulto y se acercó para comprobar lo que pasaba. Según relata, recogió un cuchillo que estaba en el suelo, al parecer por una pelea anterior y fue increpado por la policía.


“Unos seis o siete oficiales borrachos me derribaron y comenzaron a patearme y a golpearme con porras. Intentaba librarme pero ellos conocen técnicas de artes marciales”, cuenta. “Producto de esa golpiza me desbarataron el hueso del brazo derecho. Tuvieron que operarme de emergencia al día siguiente. Tengo dos láminas de metal en el hueso y siete tornillos puestos, además de una herida de 14 puntos”.

“Yo caigo mal aquí por mi raza. No dudo de que me golpearan así por ser negro”, añade.

Yaidelis Tolón, de 23 años, fue testigo de la golpiza. Según cuenta, los jóvenes que estaban cerca del Piano Bar comenzaron a gritar a los oficiales: “abusadores, suéltenlo, no le den más golpes”, pero todo fue inútil.

“Hasta dispararon al aire para que la gente se calmara porque veíamos cómo lo golpeaban salvajemente”, dice.

Tolón coincide con Pinillo en que la persona que más lo golpeó fue un expolicía, conocido como “El Ninja”, expulsado de las fuerzas del orden por el uso abusivo de la fuerza, aseguran ambos.

Después de pasar horas en la unidad policial con el brazo partido, Pinillo fue llevado al hospital Mario Muñoz y abandonado a su suerte, no sin antes recibir la advertencia de que no debía decir que había estado detenido.

No es la primera ocasión en que Pinillo se ve cara a cara con la policía. Estuvo preso cinco años por el delito de hurto y posteriormente cumplió otro año en prisión por desacato tras negarse a presentar su carné de identidad a un oficial de la policía.

“Quieren vincular este hecho con mi pasado pero yo soy un hombre de bien. Trabajo como jefe de brigada en los almacenes del Ministerio de Comercio Interior en el municipio, repartiendo granos y arroz. No he hecho nada malo después que salí de prisión”, agrega.

Pinillo vive con su madre de casi 70 años y dos sobrinos, hijos de su hermana Beolinda, asesinada hace unos años por su exmarido.

En caso de ser condenado por los delitos que se le imputan Pinillo podría pasar hasta cuatro años en la cárcel, de acuerdo con el abogado independiente Wilfredo Vallín.

La oficial Yeny, encargada de llevar el caso contra Pinillo, se ha negado a responder cualquier pregunta sobre estos hechos.

(Con información de el Nuevo Herald)