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Luego de más de cinco décadas de embargo estadounidense y de años de crisis de la economía tras la caída de la Unión Soviética, los cubanos se han convertido en maestros para inventar soluciones ingeniosas con recursos extremadamente limitados.


Una de las más creativas es la usada por los pescadores cubanos: la «pesca con globo», actividad que ayuda a muchos a complementar sus salarios estatales de unos pocos dólares, otros incluso viven de esta actividad.

La técnica consiste en inflar tres o cuatro preservativos, anudándolos de forma tal que uno de ellos quede hacia arriba, para que sirva de vela. Hay que esperar el cambio del viento, de la tierra hacia el mar, y lanzarlos al agua para que el conjunto flote alejando la línea a unos 300 metros de distancia, por donde pasan pargos, gallegos, bonitos y coronados.

Los «globos» no se ajustan directamente a la línea: van atados a un hilo de coser que los mantiene lejos del sedal para evitar enredos. La carnada viva se coloca con dos anzuelos para no perderla o que los grandes peces se escapen cuando piquen.

Reconocida por los atractivos de su pesca, inmortalizada por el escritor Ernest Hemingway en su libro «El Viejo y el Mar», miles de extranjeros viajan cada año a Cuba para disfrutar de esta actividad.


Aunque hay algunas lanchas autorizadas a hacerse a la mar, la flota estatal cubana quedó diezmada con la crisis de los años 90 y hoy la pesca entre los habitantes de la isla se hace de distintas maneras. Centenares de pescadores se apuestan a lo largo del Malecón y la Bahía cada día.