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La violencia de las pandillas en El Salvador, Honduras y Guatemala —además de la desesperación económica— ha motivado un imparable éxodo de migrantes, incluyendo a familias enteras, que buscan seguridad en otros países, principalmente en Estados Unidos, informó The New York Times.


A pesar de los esfuerzos respaldados por Estados Unidos para reforzar las fronteras regionales y atacar las raíces del éxodo, las autoridades internacionales y estadounidenses afirman que la cantidad de migrantes se disparó en el año anterior.

“Es una verdadera crisis de refugiados”, dijo Perrine Leclerc, jefe de la oficina en Tapachula de la Agencia de la ONU para los Refugiados.

En el año fiscal 2016, que terminó en septiembre, casi 409.000 migrantes fueron atrapados mientras intentaban cruzar ilegalmente la frontera suroeste de Estados Unidos, un aumento del 23% con respecto del anterior año fiscal, de acuerdo con estadísticas emitidas por el gobierno de Barack Obama.

Algunos funcionarios afirmaron que el aumento refleja la cantidad creciente de personas que se dirigen al norte, y no cambios significativos en la aplicación de medidas contra la migración.


La tendencia continuó durante octubre, de acuerdo con cifras divulgadas el jueves por funcionarios de migración estadounidenses. Más de 46.000 personas fueron atrapadas el mes pasado en la frontera suroeste, una cantidad mayor de las cerca de 39.500 atrapadas en septiembre.

Como parte de su campaña presidencial, Donald Trump prometió adoptar un enfoque implacable ante la inmigración ilegal, que incluía construir un muro a lo largo de la frontera con México y aumentar las deportaciones incluso más allá de las tasas récord del presidente Obama.

Ahora, entre la variedad de desafíos migratorios que enfrentará al asumir el cargo, Trump tendrá que lidiar con esta oleada de migrantes, un asunto que ha abrumado no solo a los funcionarios de la frontera estadounidense sino también a los gobiernos de la región.