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Es común en la capital cubana que revendedores de artículos, generalmente escasos en las tiendas, se aproximen a las personas para hacerles ofertas, que van desde cuchillas de afeitar hasta costosos refrigeradores.


Muchas veces los comerciantes ofrecen a los posibles clientes llevar los productos a la puerta de sus casas para mostrárselos, sin compromiso a que tengan que comprar.

A menudo los cubanos se trasladan a las tiendas con el objetivo de comprar algo en específico solo para que la persona encargada les diga «No hay», y es que la escasez de productos de toda clase es un caso bastante común en la isla.

Por lo que muchos de estos «revendedores» se ubican a las afueras de los establecimientos y aprovechan al ver que los compradores no encuentran lo que andan buscando.

El economista cubano Esteban Morales comentó a IPS que este mercado subterráneo se nutre de la corrupción en el sector del comercio que él denunció en 2010, lo que le costó ser separado durante varios meses de las filas del gobernante Partido Comunista de Cuba (PCC).


Cuba es un país de economía centralmente planificada, donde el Estado controla todas las importaciones, así como el comercio interno y externo, si bien como parte del proceso de modernización de su modelo socialista permite el trabajo privado en determinadas áreas productivas y de servicios, como la gastronomía.

Con un salario medio equivalente a 23 dólares, una parte de la población cubana de 11,2 millones, busca resolver sus necesidades de alimento, calzado o ropa en el mercado informal, donde en la mayoría de los casos los precios son menores que en las tiendas estatales, las únicas permitidas.

Mientras tanto, estudiosos coinciden en que el movimiento ilegal de mercancías existirá siempre que no mejore la economía. Con el fin declarado de aumentar la capacidad adquisitiva del peso cubano, el gobierno rebajó en mayo pasado los precios de algunos productos de primera necesidad en las Tiendas Recaudadoras de Divisa (TRD).