
La angustia de una familia cubana atrapada entre el duelo y la esperanza tuvo un giro alentador en Venezuela. Rescatistas que trabajan entre los restos del edificio Coral Beach, en Los Corales, estado La Guaira, lograron comunicarse con Dayán Martínez, un niño cubano de 10 años, y con su amigo Samuel, quienes permanecen bajo los escombros desde el terremoto que sacudió la zona el pasado 24 de junio.
La confirmación llegó mediante Carleyns Kaina, miembro de la familia, de acuerdo con Telemundo 51. La pariente aclaró que la información correcta no era solo que se habían detectado señales de vida, sino que los equipos ya habían conseguido hablar con los niños y confirmar sus identidades.
“La información correcta es que encontraron a los niños, es decir, ya hablaron con ellos, ya saben que es Dayán y Samuel, gracias a Dios consiguieron otro camino como llegar a ellos”, explicó Kaina, en una declaración que devolvió algo de esperanza a una familia que ya sufrió pérdidas irreparables tras el colapso.
El avance resulta decisivo porque cambia el escenario de búsqueda: ya no se trata únicamente de ubicar posibles sobrevivientes, sino de llegar hasta dos menores identificados, conscientes y atrapados en una zona de difícil acceso del inmueble. En operaciones de este tipo, cada señal directa permite orientar mejor los trabajos, reducir riesgos y definir rutas más seguras para avanzar entre estructuras inestables.
Dayán y Samuel: dos niños bajo los escombros del Coral Beach
Dayán Martínez, natural de Melena del Sur, en la provincia cubana de Mayabeque, quedó atrapado junto a Samuel en el sótano del edificio Coral Beach, una estructura que se desplomó durante los terremotos de 7.2 y 7.5. Según familiares, ambos menores permanecen en un punto al que los rescatistas todavía no han podido llegar físicamente, pero desde donde ya se logró algún tipo de comunicación.
La familia cree que los niños pudieron quedar protegidos por una especie de cavidad o formación entre los restos del edificio, descrita por parientes como una estructura en forma de “concha”. Esa zona habría evitado que fueran aplastados directamente por el peso de los escombros, aunque no elimina el peligro extremo de permanecer durante días en un espacio cerrado, sin condiciones adecuadas, con poco aire y sin acceso normal a agua o alimentos.
El hecho de que los rescatistas hayan conseguido hablar con ellos alimenta la esperanza, pero también aumenta la presión sobre el operativo. La prioridad ahora es abrir un acceso sin provocar nuevos derrumbes y sin comprometer la vida de los menores ni la de los equipos que trabajan en la zona.
El niño estaba jugando en el lobby cuando ocurrió el sismo
Uno de los elementos que más conmueve a la familia es la forma en que Dayán habría terminado en el sótano. Según la versión que manejan sus parientes, el niño estaba jugando con otros menores en el lobby del edificio cuando ocurrió el terremoto.
En medio del movimiento telúrico, el pánico y el colapso parcial o total de la estructura, la familia cree que Dayán pudo haber bajado hacia el sótano. No está claro si lo hizo intentando escapar, buscando refugio o siguiendo a otros niños, pero esa hipótesis explicaría por qué fue localizado en una zona baja del inmueble.
Ese detalle también refleja la rapidez con que una escena cotidiana se convirtió en tragedia. Lo que comenzó como un momento de juego entre menores terminó en una operación de rescate compleja, seguida por familiares, vecinos y miembros de la comunidad cubana dentro y fuera de Venezuela.
Un nuevo camino abre esperanzas para llegar hasta los menores
La frase de Carleyns Kaina sobre la aparición de “otro camino” se convirtió en uno de los puntos más importantes de la jornada. Según la familiar, los rescatistas encontraron una nueva vía para acercarse a los niños, después de varios intentos marcados por obstáculos y condiciones de alto riesgo.
En derrumbes de edificios, encontrar una ruta alternativa puede ser determinante. Los accesos principales suelen quedar bloqueados por losas, columnas, paredes caídas, tuberías, cables y materiales inestables. Cualquier movimiento incorrecto puede desplazar toneladas de escombros y cerrar el espacio donde se encuentran los sobrevivientes.
Por eso, los equipos deben avanzar con extrema cautela. No basta con saber dónde están los niños: es necesario llegar hasta ellos sin alterar el frágil equilibrio de la estructura colapsada. Ese proceso puede tomar horas o días, especialmente cuando hay réplicas, cuerpos atrapados y zonas donde el ingreso directo resulta imposible.
Los “topos mexicanos” se suman a una operación crítica
La llegada de los llamados “topos mexicanos”, especialistas en rescate urbano tras terremotos y derrumbes, reforzó las labores en el edificio Coral Beach. Este tipo de equipos suele participar en escenarios de desastre donde se requiere experiencia para localizar sobrevivientes, abrir túneles, retirar materiales de forma controlada y evaluar riesgos estructurales.
Su incorporación se recibió con expectativa por los familiares de Dayán y Samuel, que han pedido mantener activos todos los recursos disponibles. Para una familia que ha pasado días sin certezas, la presencia de rescatistas especializados representa una posibilidad concreta de avanzar en un operativo que hasta ahora ha sido lento, peligroso y emocionalmente devastador.
«Ellos llegaron como a una conclusión de que quedaron atrapados como en una concha en el sótano, como una estructura en forma de concha, y que eso los protegió», dijo la esposa del tío de Dayán.
Los trabajos también han contado con la participación de otros equipos internacionales y unidades con perros de rastreo. Sin embargo, las condiciones del edificio han limitado algunas operaciones y han obligado a los rescatistas a adaptar constantemente su estrategia.
Réplicas, olores y estructuras inestables dificultan el rescate
El operativo en el Coral Beach se desarrolla en un ambiente de alto riesgo. Una réplica de magnitud 4.6 obligó a suspender temporalmente las labores por seguridad, debido al peligro de nuevos desplomes sobre los rescatistas y sobre las personas que aún pudieran estar con vida bajo los escombros.
A ello se suman otros obstáculos propios de una tragedia de gran magnitud. Un equipo francés con perros de rastreo no habría podido avanzar más por el olor a cuerpos en descomposición, una situación que evidencia el deterioro de las condiciones dentro del inmueble y la presencia de víctimas aún atrapadas.
La combinación de réplicas, escombros compactados, espacios reducidos, falta de visibilidad y riesgo sanitario convierte cada movimiento en una decisión crítica. Los rescatistas deben actuar rápido, pero también con precisión, porque cualquier error puede tener consecuencias fatales.
La desesperación de una familia que pide más rapidez
Mientras los equipos trabajan, la familia de Dayán ha denunciado demoras y momentos de aparente inactividad en el operativo. El padre del menor llegó a expresar públicamente su desesperación al afirmar: “Ahí no hay nadie”, una frase que resume la impotencia de quienes esperan noticias al pie de una tragedia.
Para los familiares, cada minuto cuenta. La posibilidad de que Dayán y Samuel sigan vivos bajo los escombros hace que cualquier pausa sea vivida como una amenaza. La angustia aumenta por el tiempo transcurrido desde el terremoto y por las condiciones extremas en las que se encontrarían los niños.
Según parientes, rescatistas estadounidenses habrían detectado señales de vida y los menores habrían pedido oxígeno, lo que refuerza la urgencia de llegar hasta ellos. Después de varios días atrapados, el cansancio, la deshidratación, la falta de aire y el estrés físico pueden deteriorar rápidamente su estado.
Una abuela en Cuba espera por el único nieto que le queda
El caso de Dayán tiene además una dimensión profundamente dolorosa para su familia en Cuba. Su abuela, Isolina Dávila, ha hecho llamados desesperados para que se aceleren los trabajos y se mantenga la búsqueda hasta rescatar al menor.
La mujer ha insistido en que Dayán es el único nieto que le queda después de que se confirmara la muerte de Vanessa Martínez, hermana del niño, y de su prima Ivana. Ambas fallecieron tras quedar atrapadas en el mismo contexto de destrucción provocado por el sismo.
«Dicen que están vivos, que están vivos, como vamos a seguir demorándonos, esos niños ya llevan casi cinco días, por favor, qué más van a seguir esperando, es lo único que tengo. Ya hemos perdido a dos nietecitas. Dayán es el único nieto que nos queda», comentó la abuela en medio de esta tragedia.
La tragedia familiar ha multiplicado la atención sobre el rescate. Ya no se trata únicamente de una operación técnica, sino de una historia atravesada por el duelo, la migración, la distancia y la incertidumbre de una familia cubana que espera noticias desde varios lugares.
La muerte de Vanessa e Ivana golpeó a la familia Martínez
El 27 de junio se confirmó la muerte de Vanessa Martínez y de su prima Ivana, dos pérdidas que marcaron de forma irreversible a la familia. Ambas quedaron atrapadas tras el colapso del edificio, y su fallecimiento convirtió la búsqueda de Dayán en una carrera aún más desesperada.
La posibilidad de que el niño haya sobrevivido mantiene viva una esperanza en medio de una tragedia que ya dejó un daño irreparable. Para sus familiares, rescatarlo con vida significaría salvar al último nieto de una abuela que ha visto cómo el terremoto le arrebató a dos niñas en cuestión de días.
Ese contexto explica la intensidad de los reclamos, la presión sobre las autoridades y el seguimiento constante de la comunidad cubana al caso.
Cubanos desaparecidos y fallecidos en Venezuela
La historia de Dayán y Samuel forma parte de una emergencia más amplia que afecta a cubanos residentes o presentes en Venezuela. Reportes extraoficiales citados por medios cubanos señalan que al menos 21 cubanos están desaparecidos tras los terremotos, principalmente en Caraballeda, Catia La Mar y Los Corales.
También se han reportado alrededor de ocho cubanos fallecidos, aunque las autoridades cubanas solo han confirmado oficialmente la muerte de tres ciudadanos. Esa diferencia entre los datos oficiales y los reportes familiares mantiene la incertidumbre sobre el verdadero impacto de la tragedia en la comunidad cubana.
Para muchas familias, la falta de información completa se ha convertido en una segunda angustia. No solo enfrentan la posibilidad de haber perdido a sus seres queridos, sino también la dificultad de obtener confirmaciones, identificar víctimas y conocer el estado real de los desaparecidos.
Un terremoto con cifras devastadoras
El terremoto del 24 de junio dejó un panorama de devastación en varias zonas de Venezuela. Según el balance recogido en el texto de referencia, hasta el 30 de junio se contabilizaban 1,943 muertos, más de 10,571 heridos y hasta 50,000 desaparecidos según datos de la ONU.
Las cifras reflejan la magnitud de una emergencia que supera el caso individual de una familia, pero la historia de Dayán ha logrado concentrar la atención por la posibilidad de un rescate con vida después de días bajo los escombros.
En desastres de esta escala, los primeros días son decisivos, pero también se han registrado casos excepcionales de sobrevivientes localizados tras largos períodos atrapados. Por eso, los familiares insisten en que no se detengan los trabajos mientras exista una señal de vida.
La esperanza se aferra a una comunicación
La comunicación con Dayán y Samuel cambió el ánimo de los familiares y renovó las expectativas del operativo. Saber que los niños están identificados y que los rescatistas encontraron una posible vía para llegar hasta ellos permite sostener la esperanza en medio de un escenario marcado por pérdidas, cansancio y temor.
Sin embargo, el desenlace sigue siendo incierto. Los equipos deben avanzar entre estructuras inestables, evitar nuevos colapsos y actuar con la rapidez que exige la condición de dos menores atrapados durante casi una semana.
Mientras tanto, la familia de Dayán permanece pendiente de cada movimiento en el Coral Beach. Después de perder a Vanessa e Ivana, todos los esfuerzos se concentran ahora en sacar con vida al niño cubano y a su amigo Samuel, dos menores que, desde algún punto bajo los escombros, lograron hacer saber que siguen esperando por ayuda.





