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En Cuba, la situación de los hospitales es preocupante. Los médicos cubanos denuncian el terrible estado en que se encuentra el inmobiliario de la potencia de la salud. Las antiguas camas, por ejemplo, en su mayoría de los años ochenta, se encuentran en un estado de deterioro alarmante.

Así mismo, las mesas de operaciones en la isla están desposeídas de la mayoría de los aditamentos técnicos necesarios para llevar a cabo exitosamente una operación quirúrgica.

Sin embargo, las clínicas para extranjeros están totalmente limpias y equipadas, diferencia brutal con los hospitales para cubanos, sucios, con mobiliario ruinoso, sin agua corriente en los baños, sin sábanas y donde escasean muchas de las medicinas más básicas como vendas o aspirinas.

Médicos y pacientes concuerdan en que el abandono y el maltrato gubernamentales son cada vez más notorios, por lo que cada año se hace más difícil soportar estar ingresado en cualquiera de las instalaciones hospitalarias destinadas al pueblo cubano.


El doctor Roberto Morales Ojeda, ministro de Salud Pública de Cuba, declaró el 13 de marzo de 2014, en un encuentro con la prensa nacional, recogido por periódico Juventud Rebelde: «No existe justificación alguna para que en nuestras instalaciones hospitalarias no concurran las condiciones mínimas indispensables para la estadía de un paciente y su acompañante, pues está garantizado el aseguramiento de sábanas, toallas, piyamas, jabón, tela verde y mobiliario, entre otros, y de no ser así, la causa radicará en problemas internos de la administración de la institución».

En otras palabras, el problema, según el funcionario comunista, no es del sistema de salud, ni del Gobierno, sino de los médicos o de los pacientes cubanos.

Si tan solo el ministro visitara cualquier hospital destinado al pueblo de Cuba, le bastaría una simple mirada para comprobar que las camas están desvencijadas, que no existen asientos para acompañantes, tampoco sillas de ruedas para trasladar enfermos, los colchones están manchados de secreciones y desechos humanos y la poca ropa existente está percudida y rota y solo la usan los enfermos.