Para la mayoría de los cubanos es toda una investigación conseguir el paradero de las tiendas clandestinas que finalmente terminan siendo casas particulares donde venden los novedosos juguetes sexuales.

Los llamados sex shops cubanos incluyen de todo, vibradores, bolas chinas, arnés, balas vibradoras (para estimular el clítoris), plugs anal, vagina vibradora… incluso kits de sado. Con precios entre 8 CUC hasta 60 CUC, pero varían siempre según el vendedor.

Como no es algo usual en la isla, al principio todos sienten prejuicios. Pero aun así aparecen preguntas como, «¿Dónde puedo comprar un consolador aquí en La Habana?»

«Al principio, tenía prejuicios. La idea del negocio fue de mi hijo», dice Emma quien tiene 60 años y la apariencia de una señora respetable. «Yo no me imaginaba haciendo esto. Pero los viajes me han abierto la mente. Esto es legal en cualquier lugar del mundo y no significa que hay promiscuidad.»

En Cuba no existen licencias para vender este tipo de productos, por lo que sus vendedores están en un limbo legal. Entran al país como uso personal por lo que la mayoría de las ventas siempre es por encargo.

Algunos vendedores se anuncian en Revolico y hasta tienen un catálogo de sus productos en internet, con una descripción detallada del material de que están hechos, las ventajas que ofrecen, el precio y la disponibilidad del producto en el momento. Puede que el artículo que busca esté agotado, pero si usted es cliente será avisado de nuevas adquisiciones.

«La pornografía no me gusta, ni de joven; quizás todavía tengo un poco de recato», confiesa Emma. «Pero esto es saludable», dice refiriéndose a los juguetes sexuales. «Sobre todo, porque es personal, aunque es lavable y todo».

Después de todo, ¿Qué piensan los cubanos de todo esto?