
Yandel llegó a Estados Unidos por la frontera sur en silla de ruedas. Cuatro años después, trabaja, conduce un automóvil adaptado y quiere acompañar a otras personas con lesiones de médula espinal. Sin embargo, la incertidumbre sobre su futuro migratorio ha empezado a cambiar incluso sus actividades cotidianas. «Hoy sí ya me da mucho miedo, a veces ni salgo», contó al periodista Javier Díaz, de Noticias 23 Univisión, durante un reportaje realizado en Tampa.
El joven cubano tiene un documento I-220A, una orden de libertad bajo palabra que reciben algunas personas tras ser liberadas de la custodia migratoria. El reportaje no precisa el estado de su expediente ni informa de una orden de deportación en su contra. Su preocupación, según su propio relato, es la posibilidad de perder lo que ha construido desde que salió de Cuba.
Un accidente en Cuba cambió su vida a los 12 años
Yandel tenía 12 años cuando se lanzó de clavado a un río en Cuba y sufrió una lesión medular. Según recordó, los médicos advirtieron a su madre que quizá no sobreviviría. La lesión afectó gravemente su movilidad y lo llevó a depender de una silla de ruedas.
Años después emprendió el viaje hacia Estados Unidos en busca de mejores condiciones de vida. En Tampa encontró oportunidades para continuar su rehabilitación y recuperar proyectos que antes le parecían fuera de su alcance. «Una cosa es ser difícil y otra cosa es que sea imposible», dijo en la entrevista.
Trabaja y maneja un automóvil adaptado
Una organización sin fines de lucro le entregó un vehículo adaptado a sus necesidades. Poder conducir tiene para él un significado especial: le permite desplazarse con más independencia y seguir trabajando. Durante la grabación, llevó al periodista Javier Díaz como pasajero por unos minutos.
Yandel insiste en que quiere sostenerse con su trabajo y participar en la comunidad. «Me gusta trabajar, me gusta aprender, me gusta hacer cosas nuevas», explicó. También desea compartir su experiencia con personas que han sufrido lesiones semejantes, porque considera que quien vive esa realidad puede entender dudas y obstáculos que resultan difíciles de explicar desde fuera.
En Estados Unidos, contó el reportaje, también encontró una relación de pareja y nuevos motivos para seguir adelante. Esos vínculos hacen más dolorosa la incertidumbre que expresa ahora: «Tengo temor a salir, que en Cuba ya no me queda nada», afirmó al hablar de la vida que ha logrado construir.
Qué significa tener un I-220A
El I-220A acredita la liberación de una persona bajo determinadas condiciones de supervisión migratoria. No equivale por sí mismo a una residencia permanente ni demuestra que se le haya concedido un parole migratorio. Esa diferencia puede ser decisiva para quienes buscan acogerse a la Ley de Ajuste Cubano, que establece requisitos de admisión o parole, además de otras condiciones para solicitar la residencia.
La situación concreta de cada persona depende de sus documentos, de cómo fue procesada al entrar al país y del estado de sus trámites o procedimientos ante las autoridades migratorias. Por eso, el documento que posee Yandel explica el contexto de su inquietud, pero no permite concluir, sin revisar su expediente, que enfrente una deportación inminente o que tenga una vía de residencia ya resuelta.
Una campaña aún por conocer
Al cierre del segmento difundido desde Ybor City, Díaz adelantó que ofrecería más detalles sobre una campaña impulsada por Yandel en una emisión posterior. En el fragmento disponible no se explican sus objetivos, plazos ni una forma de participar. Por ahora, su mensaje público reúne dos aspiraciones: conservar la vida independiente que ha levantado en Tampa y ayudar a quienes afrontan una lesión medular.





