Agricultores cubanos reaccionan con descontento ante los anuncios de Cuba de que importará cerca de 1.800 millones de dólares de alimentos en el 2017, unos 82 millones más que en el 2016.

El gobierno de la Isla, que mantiene el control de la venta de insumos semillas, pesticidas y fertilizantes, controla la distribución de productos y recientemente topó sus precios para la venta; condiciones que impiden a los trabajadores del campo desarrollar de una manera rentable su actividad.

Para los campesinos resulta incomprensible que haya que seguir recurriendo a productos extranjeros.

“¿Qué hace Cuba comprando coco en el extranjero, qué hace Cuba comprando yuca?», se pregunta un trabajador de la tierra.

“La tierra cubana es fértil, es una tierra buena. Lamentablemente es lo que te digo, el campesino tiene deseo de trabajar la tierra pero no tiene tecnología, no tiene apoyo”, añadió.


Durante la octava magistratura de la Asamblea Nacional del Poder Popular una vez más Raúl Castro señaló que para superar la recesión del 0,9% «Será preciso cumplir tres premisas decisivas: garantizar las exportaciones y su cobro oportuno, incrementar la producción nacional que sustituya importaciones, y reducir todo gasto no imprescindible».

La receta económica de Raúl Castro , no obstante, nada tiene de nuevo. Sus declaraciones mucho se parecen a las Tesis y Resoluciones del I Congreso del Partido Comunista en 1975 donde se abogaba por «Estimular el desarrollo y la diversificación de las exportaciones y el aprovechamiento de las oportunidades para la sustitución de importaciones».

Desde entonces, congreso tras congreso del Partido Comunista de Cuba se ha ido repitiendo la misma receta sin que se hayan producido cambios significativos.

En opinión del economista cubano, Omar Everleny Pérez: «Si el Estado prefiriese evitar pagar al vietnamita en dólares y destinara al menos la mitad de esos recursos para financiar la producción nacional, no sería necesario importar arroz».

Sin embargo, en opinión del economista cubano Antonio F. Díaz sustituir las importaciones es “un proceso complejo”, pues en Cuba «ha habido crecimiento en muchos de los sectores que se buscaban sustituir, pero cuando aumenta la producción, muchas veces aumenta también la necesidad de importar productos intermedios que son necesarios para esa producción, por lo cual no necesariamente termina incidiendo positivamente en el número global de las importaciones».