Los cuentapropistas en Cuba han tenido que usar la imaginación para evadir de cierta forma los controles y restricciones que el Gobierno de la Isla les impone.


Este es el caso del sector de la moda. Desde 2013 se prohibió vender ropa importada ya que excedía los límites legales de la licencia cuentapropista para los sastres y modistos.

La alternativa, según informó ‘Diario de Cuba’, se llama venta por encargo. De esta forma se pueden vender productos extranjeros salvando las restricciones legales.

«Ahora nos es hasta más rentable, los precios son más altos y corremos menos riesgos en la Aduana», relata al citado medio la responsable cuentapropista de un negocio téxtil.

La forma de operar para este tipo de comercios en La Habana es simple: el primer paso es enseñar los catálogos con los precios reales modificados, lo que significa que la prenda o zapato en cuestión costará en Cuba el doble de su precio original.

El principal inconveniente de este sistema de venta es que no está preparado para todos los tipos de clientes. El público objetivo se dirige hacia un cliente con alto poder adquisitivo, que quiera hacer un regalo o adquirir una prenda de calidad pocas veces al año.


Esta es la razón por la que los catálogos por encargo no han llegado todavía a todos los barrios habaneros, tal y como es el caso de los distritos de Alamar o Guanabacoa.

Según la fuente, los vendedores se ven obligados a transportar ellos mismos la mercancía. Explica que la mayoría viaja frecuentemente a Centroamérica para traer los encargos de los clientes.

«Las multas en la Aduana son menos feroces porque ¿quién dice que la ropa que trae no es para ella misma?, aunque a veces si viene muy cargada hay que aflojar algo», desvela.

En muchos casos los trabajadores por cuenta propia justifican esta venta de ropa bajo la fabricación casera, a pesar de que los productos tienen una «calidad industrial», afirma un comercial.

Los límites de la legalidad se siguen estirando en la mayor de las Antillas para los cuentapropistas.