El sistema educativo entró en crisis desde hace décadas, luego del derrumbe del campo socialista, cuando los docentes se empezaron a ausentar de los salones de clases, por la necesidad de conseguir un trabajo mejor pagado, las cosas empezaron a ir mal, hoy en pleno 2018, muchos niños cubanos pagan las consecuencias de vivir en un país inmerso en una profunda crisis económica, y que experimenta el deterioro social en todas sus facetas.


En Palma Soriano, Santiago de Cuba, según opinan padres, y profesores de los estudiantes, la escuela primaria Rubén Martínez Villena, vive el peor momento de su historia. En los últimos años, el deterioro ha sido progresivo, el panorama se replica en los otros centros del territorio, donde la escasez de maestros, la falta de vocación y valores de los trabajadores son la norma.

Yanet, madre de Malia, quien cursa tercer grado detalló: “Casi todos dicen malas palabras delante de los niños. Ofenden a los alumnos, les hablan en muy mala forma. Algunos profesores fuman en la escuela y hay una que lo hace dentro del aula”.

“En cuanto a la materia que imparten, están en China. Por el aula de Malia han pasado cuatro profesores, pero no duran. La niña se me ha atrasado.
Estoy pagando cinco CUC a una maestra retirada para que la repase. Son 120 pesos, un tercio de mi salario del mes”, se quejó la madre.

Otra madre de un niño en la misma escuela, Lizy, dijo: “mi hijo no tiene maestra desde hace un mes y hasta una auxiliar de limpieza optó por la plaza. Estuvo unos días frente a la pizarra, pero no dominaba la materia ni los planes de clases y tuvieron que sacarla”.


Ella quiso cambiar a su hijo para la otra primaria de Palma Soriano, la Juan Sigas Baró, con fama de ser una escuela buena, pero se enteró por otras madres con hijos allí que también está en crisis.

“Tal vez en La Habana y en otros sitios visibles la realidad sea otra y existan magníficas escuelas y estupendos maestros, pero en la Cuba profunda es así como digo”, comentó Yanet, la primera entrevistada.

La otra madre recuerda con cariño sus viejas maestras, y piensa con tristeza que su hijo no tendrá esos buenos recuerdos.

“Cuando tenga mi edad, tal vez no recuerde a ningún maestro y, si lo hace, recordará más bien la chusmería, el maltrato y los malos ejemplos que le dieron”; expresó.

(Con información de Diario de Cuba)