Lizbeth Martínez (Fotos: Captura de pantalla, NBC 6)

Lizbet Martínez es una cubana que ahora vive en el sur de la Florida, y trabaja como maestra de violín de tercer grado en el Centro Milam K8 en Hialeah, su historia fue recogida por NBC Miami, tan fuerte y emotiva como la de los millones de cubanos que han salido huyendo de la dictadura en la Isla.


Hace un cuarto de siglo, ella era la única niña en una balsa de trece personas que decidieron emprender una travesía con la esperanza de llegar a tierra de libertad.

«Fue aterrador y emocionante al mismo tiempo porque nos íbamos de Cuba, pero una vez que perdimos de vista todos los edificios y terrenos, te ves en medio de la nada», confesó la violinista.

La cubana tenía 12 años de edad, cuenta que la Guardia Costera la rescató a ella y a todos los que venían a bordo de la balsa, y les ordenó dejaran sus cosas en la rústica embarcación, pero ella se negó a apartarse de su violín.

Lizbet jugó entonces su mejor carta para que le permitieran quedarse con el instrumento, protagonizó un emotivo momento, digno de una película de Hollywood, aquella niña cubana tocó «The Star-Spangled Banner».


«Así que no hablamos inglés, ellos no hablaban español, lo toqué para ellos y estaban asombrados de que esta niña de 12 años a las cuatro de la mañana tocara el himno nacional», cuenta.

Los cubanos fueron trasladados a la Base Naval de Guantánamo, allí se corrió la voz de que la niña tocaba el violín.

Al mes de estar en aquel lugar la llamaron para que tocara el himno para el presidente estadounidense Bill Clinton.

«Fue surrealista, había estado allí durante aproximadamente un mes y medio y estoy tocando para el presidente de los Estados Unidos», confiesa.

Millones de personas vieron la interpretación de Martínez para el presidente de los Estados Unidos, según la violinista, eso cambió la percepción del público sobre la migración cubana de 1994.

«Esa niña con ese violín trajo la luz. Estábamos ansiosos y agradecidos de estar en este país y ellos lo vieron», reveló.

Lizbet dice que comenzó tan joven como músico, que su violín era parte de ella, no había forma de que lo dejara atrás, y resultó ser su pasaporte de éxito.

En EEUU luego de graduarse de la Universidad Internacional de la Florida (FIU), comenzó a impartir clases de música en el Centro Milam K8.

Ahora está casada y sus dos hijos asisten a la escuela en la que ella trabaja como maestra.

La cubanoamericana dice acostumbra a contarle historias a sus alumnos, y les aconseja que no den por sentado que viven en un país donde tienen libertades y pueden acceder a lo que quieran.