Autoridades locales en la Villa Panamericana han clausurado un gimnasio que se encontraba en propiedad estatal, pero era operado por un cuentapropista. El local se encontraba en la propiedad del Hotel Panamericano en Cojimar, La Habana.

El cierre del gimnasio se produjo en el mes de abril, y desde entonces los jóvenes ahora entrenan en la calle, sin los equipos con los que contaban dentro del local, y sin con la asesoría del entrenador.

Martí Noticias trató de acceder a alguno de los miembros, sin embargo poco conocimiento tenían de la razón por la cual se produjo la clausura.

«Según la explicación que nos dieron era que el contrato que tenían con las personas del hotel se venció parece y no podían extenderlo por más de tres años y decidieron cerrarlo», dijo Roberto Quintín, uno de los afectados.


«Nos sentíamos cómodos y teníamos un entrenador que por lo menos quería que esto fuera lo más saludable posible, sin tener que malgastar tanto el cuerpo, sin tener tantas lesiones y nos iba bien», agregó.

Algunos de los jóvenes ahora continúan entrenando en la calle, solo que no cuentan con las mismas condiciones.

«No es justo porque hace ya casi cuatro años que estamos entrenando en este gimnasio», comentó Frank Mario Cabrera, quien además dijo que muchos otros han dejado de entrenar por las pobres condiciones que tienen al hacerlo en la calle.

«Hay gente que no le hace mucha gracia entrenar en la calle con todo el piso lleno de tierra, cuando nosotros hacemos las planchas, las manos se nos marcan, pero el caso es que tenemos ganas de entrenar y no vamos a parar hasta que nos den algún local», aseguró Cabrera.

«Teníamos pesas, teníamos el tabloncillo que es más cómodo para que los pies que no se lastimen (…) estábamos mucho más cómodos que ahora”, dijo Yisel Silva, otra de las afectadas.

Mari de Lourdes Basada explicó lo que más afectó el brusco cierre del local en abril pasado: “Adentro teníamos primeramente al entrenador. No tenemos el entrenador aquí afuera, lo hacemos por nuestra voluntad. Adentro teníamos barra, aparatos, mejores condiciones».

«Desde que nosotros dejamos de hacer ejercicios ese gimnasio no se ha utilizado para nada», dijo Quintín.

«El otro día tuvimos que entrar a sacar cosas que teníamos allá adentro y el tabloncillo estaba sucio, las barras estaban todas oxidadas, el piso sucio», lamentó Cabrera.

Mientras tanto el local está cerrado y destruyéndose como muchos locales que quedan abandonados en la isla.