Cuba, 1983. Santa, una típica campesina de treinta años atraviesa escabrosas montañas con una silla en mano. Su meta: sentarse frente a la choza de Andrés, un escritor homosexual de cincuenta años que, según el gobierno, tiene “problemas ideológicos”. La joven se vuelve testigo de la cotidianidad del intelectual, para evitar a toda costa que Andrés protagonice algún acto de oposición.

Pudiera parecer que estos dos personajes son diferentes. Ella, una revolucionaria que se aferra a sus “sólidas” creencias políticas, pero que no se explica a ciencia cierta por qué Andrés es considerado un “peligro para la sociedad”. Él, un escritor censurado que protege con recelo sus textos, porque le impiden sencillamente escribir.

La soledad de Santa, sufrida por la muerte de su pequeño hijo, se vio disipada gracias a la amistad de Andrés; una amistad que no creyó en políticas, ideologías o preferencias sexuales. Así, comenzaron ambos a reconocerse no como seres distintos, sino como víctimas de un tiempo crudo e injusto.


UMAP, confinamiento para los cubanos “diferentes”

El filme cubano Santa y Andrés, escrito y dirigido por Carlos Lechuga en 2016 ha transitado varias veces por el filo de la censura, pues habla uno de los momentos más silenciados de la cultura revolucionaria: El llamado Quinquenio Gris, donde tantos artistas e intelectuales fueron relegados por “no encajar en la nueva sociedad”.

Aunque el drama es una obra de ficción, el director conectó muy bien sus personajes con muchas de las historias que realmente ocurrieron en el pasado. Historias donde gente como Andrés fue perseguida y otros recluidos en las llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), solamente por ser o pensar diferente.

Al decir del propio Carlos Lechuga: “la cinta quiere rendir homenaje a escritores como Reinaldo Arenas o René Ariza, que sufrieron la censura, la separación, la prisión, que fueron silenciados o que sufrieron la represión de gente que intentó callarlos”.




Censura vs. popularidad y premios

Ciertamente el intento de borrar de la memoria este oscuro pasado continúa. Una nota de Roberto Smith de Castro, Presidente del ICAIC publicada en el Portal Cubarte en diciembre de 2016 dejó muy clara la postura del ICAIC sobre la exclusión de la cinta en el 38 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. “(…) la disposición sobre la película es una cuestión de principios.

Independientemente de sus resultados artísticos y de las posibles intenciones de sus creadores, el filme presenta una imagen de la Revolución que la reduce a una expresión de intolerancia y violencia contra la cultura; hace un uso irresponsable de nuestros símbolos patrios y referencias inaceptables al compañero Fidel.”

Pese a que fue prohibido el rodaje en las salas de cine cubano la calidad del guión ya recoge sus frutos. La película fue ganadora en este 2017 del premio al Mejor Largometraje de ficción de la competencia iberoamericana y el premio a Mejor Guión y Mejor Actriz en el 32 Festival Internacional de Cine en Guadalajara. Se llevó también el galardón al Mejor Perfomance 2017. Miami International FF Knight Competition, entre otros reconocimientos. Incluso tiene su propia página en Facebook con numerosos seguidores.

Antes de ser llamado escoria y humillado con una ráfaga de huevos, lanzados por Santa en contra de su voluntad, Andrés grita a viva voz: “Viva Martí, viva Cuba”. Una clara señal que no por pensar diferente, se deja de amar el suelo que uno pisa.

No se trata de rendirle culto a la cinta por estar bajo la mirilla de la censura, sino de elogiar la manera de entender a esas personas que han estado al margen de la sociedad y también por traernos al presente un capítulo de la historia que no por andar oculta ha de condenarse al olvido.

Vea el tráiler de la película cubana Santa y Andrés protagonizada por los actores Lola Amores y Eduardo Martínez