Moisés Naím, escritor y columnista venezolano publicó en el diario español El País, un “memorando secreto a Raúl Castro”, en el que se vale de la ficción para hacer un análisis político de las relaciones entre los regímenes de Castro II y Nicolás Maduro.


El artículo de Naím, repasa los supuestos “logros” de Cuba y Venezuela, entre los que menciona haber controlado “la nación con las mayores reservas de petróleo del planeta sin un solo disparo y sin involucrar abiertamente a nuestras fuerzas armadas”.

De igual modo, el autor subraya que ese control sobre el país suramericano se ejerció “sin que el mundo se diese cuenta de que las más importantes decisiones del Gobierno de Caracas” se tomaban en La Habana.

El texto está escrito en primera persona, y dentro de la ficción el escritor asume el rol de un supuesto cubano jefe de operaciones clandestinas en Venezuela, apunta Diario de Cuba.

“Le escribo porque estoy preocupado. La situación no es sostenible y requiere un cambio drástico. El propósito de este memorando es hacerle una propuesta al respecto para garantizar la continuidad de nuestra relación con Venezuela”, escribe el supuesto jefe de operaciones cubano.


“La estabilidad de Cuba depende de que sigamos teniendo allí un Gobierno ‘nuestro’. A esa prioridad le hemos dedicado, durante casi dos décadas, nuestros mejores talentos, instituciones y recursos. Y lo hemos hecho bien”, prosiguió el periodista.

El autor venezolano enumera los “beneficios” que ha obtenido el Gobierno cubano con el control sobre Venezuela: “el fortalecimiento de la diplomacia cubana por el control sobre la cancillería de ese país y las embajadas de Caracas”; “millones de barriles de petróleo que apuntalaron la economía en la Mayor de las Antillas”; “el pago generoso” por los médicos, entrenadores y asesores cubanos; y “las comisiones de las empresas de la Isla por actuar como intermediarias en las importaciones de comida y otros productos que generan enormes ganancias”.

Advierte, no obstante que “todo está en peligro” dada la crisis que vive ese país, el colapso de la industria petrolera, la delicada situación de la salud en Venezuela, donde un 88% de los hospitales no tiene medicinas para sus pacientes, y la mortalidad infantil es “una de las mayores del mundo”, además de que “el 89% de los venezolanos vive en condiciones de pobreza”.

Como buen tejedor de tramas, el escritor lleva al jefe cubano en Caracas, a recomendar a Castro, “hacer que (el presidente Nicolás) Maduro pierda las elecciones y obligarlo a entregarle el poder al ganador de estos comicios. Esto legitimaría ante el mundo la democracia venezolana”, en referencia a las próximas elecciones en esa nación, previstas para el mes de mayo.

El gobernante títere iría a La Habana donde ocuparía “un cargo simbólico y una mansión”, y de no querer colaborar se le amenazaría con poder “perder la enorme fortuna que ha acumulado”, en alusión a Maduro.

Luego de remover a Maduro, el columnista propone “llegar a un acuerdo con el candidato presidencial de la ‘oposición’ que más ‘flexible’ sea”, con tal de hacer creer que los hilos de Venezuela los mueven sus ciudadanos.

“Nosotros —continua el personaje de ficción— le garantizamos que ganará las elecciones (aún controlamos el Consejo Nacional Electoral, el órgano que cuenta los votos y decide quien las gana) y le daremos la libertad de actuar como prefiera en varios frentes, especialmente la economía. Pero nuestro apoyo dependerá de que sigamos recibiendo el petróleo y que continuemos ejerciendo el control sobre los nombramientos más importantes de los militares, los servicios de inteligencia y por supuesto, del equipo de seguridad personal del presidente. También seguiremos decidiendo quiénes son los directivos de la empresa petrolera nacional, y los principales jueces”.

Los beneficios de ese trato sería que el castrismo podría “seguir usando a Venezuela como laboratorio para aprender a manejar a Cuba en el futuro.
Un sistema político parcialmente abierto, donde se guardan las apariencias de la democracia y donde hay ciertas libertades. Pero donde nosotros seguimos en el poder”, aunque muy elaborado, Moisés Naím aclara a los lectores que el memorando no es real, es producto de la ficción.

(Con información de Diario de Cuba)