Torre Eiffel Paris. Foto: Pixabay

Cuba podría haber estado dentro de la selecta lista de países en el mundo que cuentan con una réplica de la gran Torre Eiffel de París, símbolo de Francia. Y aunque no tuvo 326 metros como la original construida en Francia, dicen que se convirtió en uno de los atractivos más imponentes de la ciudad de Santa Clara, territorio cubano donde se emplazó.


Cuando la gran torre parisina ubicada a orillas del río Sena tenía solo 6 años de construida, en Cuba, específicamente en Santa Clara se construyó una réplica por idea de Marta Abreu, hija ilustre de ese territorio central de la Isla, para celebrar un gran acontecimiento: La inauguración del alumbrado eléctrico allá por febrero del año 1895.

Sería Cuba la segunda nación en tener una réplica de la imponente Torre Eiffel, sólo antecedida por la Torre de Blackpool en Reino Unido de 157 metros de altura e inaugurada en 1894, un año antes que la de Cuba. Después de la réplica de Santa Clara se alzaron otras como la Tokyo Tower en Japón en 1958, la de Ohio en 1972, la de Texas construida en 1993 y la de Durango, México en 2007.

La réplica cubana fue ubicada exactamente en el centro de la Plaza Mayor de Santa Clara, altura suficiente para alzarse sobre el Obelisco de los sacerdotes Juan de Conyedo y Francisco Hurtado de Mendoza.

Marta Abreu la gran benefactora de Santa Clara quiso dotar a la ciudad de nuevos aires de modernidad como lo hicieron las grandes metrópolis del momento. Fue ella quien pensó en apagar aquellos viejos mecheros de queroseno para dar paso a las luminosas lámparas de arco voltaico que harían mucho más segura y elegante las calles de la ciudad, en alusión a París, la llamada Ciudad Luz.


Esta mujer quien donó buena parte de su fortuna al desarrollo de Santa Clara, hizo todo lo posible por lograr aquel empeño. Ella misma se dirigió al Ayuntamiento para convencer a las autoridades de la importancia de instalar una Planta Eléctrica, la cual finalmente se construyó cerca del ferrocarril.

El sueño de Marta de traer mejores luces a la ciudad se cumplió y para hacer más suntuoso el momento de la inauguración del alumbrado público, fue emplazado en aquella ciudad cubana una réplica en madera de la Torre Eiffel, con 28 metros de alto y 7 de ancho.

Antes de que la Casa Gramme de París construyera la obra, un cubano le dio vida a los planos originales de la Torre. En yeso y a escala natural el ingeniero santaclareño Ramón Cornelio Berenguer,  esculpió el primer plano de la construcción que estuvo emplazado en el pavimento del atrio del teatro La Caridad a un costado de la antigua calle Santa Ana.

Cuentan varios apuntes de historiadores y cronistas que aunque las autoridades españolas impidieron la ceremonia, temerosas del movimiento insurreccional, en aquel febrero de 1895 la Plaza Mayor lució más linda que nunca. Llena de alusiones a la ciudad de París, además de la gran réplica de la Torre Eiffel, las calles se rodearon con arcos del triunfo y escudos de las diversas regiones de Las Villas.

Incluso, al igual que la flamante torre parisina construida como atractivo principal para la Exposición Universal de París, la cubana también se iluminó de manera deslumbrante con 25 000 flores de papel que contenían radiantes bombillos en su centro.

Pero las presiones del gobierno español en Cuba por frenar un posible levantamiento en armas, acabaron por suspender la ceremonia del alumbrado público y la novedosa réplica de la torre francesa en Santa Clara.

Antes de ser destruida la imponente construcción se mantuvo en pie varias semanas quedando solo algunas fotos como testigo de que en aquella ciudad cubana hubo una torre inspirada en el gran monumento ideado por el francés Gustave Eiffel.